"El gran pacto del baloncesto español"

Salvar este deporte como objetivo prioritario

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El balonceso está tocado. El duelo de comunicados y declaraciones corre por las redes como alma que lleva el diablo. Estamos en tiempos oscuros y es necesario arrimar el hombro y remar en una misma dirección para salvar su viabiliad. Aquí: "El gran pacto del balonceto español".

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Este artículo es ciencia ficción. Pero también parecía más propio de un capítulo de Black Mirror que del día a día este Covid-19 que nos ha cambiado a todos la vida. Que nos la ha cambiado y que augura un futuro bastante complicado a medio plazo. 

Si una cosa está favoreciendo esta situación es que nos está regalando tiempo, mucho tiempo. Y con todo el tiempo del mundo, saltan ideas. Ya lo dijo el presidente de la Federación Española de Baloncesto, Jorge Garbajosa, en una entrevista en el diario AS: “Será importante que seamos capaces de articular soluciones innovadoras”.

El corto plazo está perdido, a nadie se le escapa. La ACB ha propuesto un camino que parece inviable que se pueda recorrer. La bajada de telón está más cerca que lejos. El deporte es el último actor de reparto en la película que estamos viviendo hoy en día.

Parece que la preocupación es mayor a cada minuto que pasa en los equipos de LEB Oro, tal y como me traslada un gran número de ellos. Cómo podrán afrontar la próxima temporada, si serán capaces de aguantar en la competición o tendrán que ceder ante la adversidad que se nos viene y renunciar a la categoría. Incluso desaparecer.

Ahora que los pactos están de moda y en boca de todos a cualquier nivel de la sociedad, busquemos “el gran pacto del baloncesto español”.

La ACB ha dictaminado: no habrá descensos. Además los clubes pelearán por mantener la competición en 18 equipos, una idea que choca frontalmente con los intereses de algunos equipos de LEB Oro, que buscan ansiadamente el ascenso a la máxima competición nacional. 

Este panorama hace presagiar que el verano será largo. Que las declaraciones fluirán como balas en todas direcciones y que, al final, el mayor perjudicado será el baloncesto. 

TYSON PÉREZ. acb Photo / Albert Martín

Salvemos el medio plazo.

¿Cómo? Cerrando la ACB dos temporadas, hasta la 2021-22.

Y usted se tirará de los pelos, incluso profesará algún adjetivo descalificativo hacia el que firma estas lineas, pero siga leyendo y dele una oportunidad a este capítulo. Si no tiene otra que hacer… hágame caso.

Cerrado. Punto y final. No habrá ascensos ni descensos. Al más puro estilo NBA, pero solo dos temporadas: lo que queda de esta y la siguiente.

Se nos viene una encima del copón, los más viejos del lugar remiten a aquella LEB Oro de 2012 y 2013 con 14 equipos. Hay que apuntar  que fueron dos temporadas seguidas con este número de equipos y no fue hasta la 2016-17 cuando se volvió a la normalidad, tres años en volver a la competición con 18 integrantes después de la crisis. De ella no se sale en una temporada. Recordar el pasado para construir el futuro es una obligación

Hay muchos equipo que, a día de hoy, tienen serias dudas de poder salir en la segunda máxima competición el curso que viene y así lo han transmitido públicamente. Se habla de partidos a puerta cerrada al inicio del próximo curso, esto significa: cero ingresos en ticketing, cero ingresos en sponsors y patrocinadores dentro del pabellón, cero venta de merchandaising y cero subvenciones públicas. Un drama. Pero no solo en LEB Oro, también en ACB.

¿Y si se busca una inyección económica a los LEB Oro con el fin de que no muera y buscar que el máximo numero de los 18 equipos sobrevivan? La contrapartida: renunciar a los ascensos hasta la temporada 2021-22. Esta crisis está asumida, habrá que ver cómo quedan las estructuras cuando amaine el temporal, pero los pronósticos no son nada halagüeños y parece que pocos tendrán capacidad para asumir un posible ascenso.

Esta inyección de capital por parte de los ACB solventaría el medio plazo de los equipos y aseguraría su supervivencia. Claro que no llovería al gusto de todos, pero mejor asegurar la viabilidad de los 18 que la felicidad de uno o dos equipos en el mejor de los casos. Un año de transición para rehacerse con este pinchazo de capital, apostando por el jugador español y minimizando costes. Incluso, por qué no, se podría plantear en LEB Oro arrancar la competición en 2021 e intentar que sea con público, un factor muy importante en esta categoría, y ajustar la liga para hacerla más corta y así reducir aún más los gastos.

La ansiedad que está generando el tema económico pasaría a un segundo plano para los equipos de abajo de la ACB. Sin el abismo del descenso amenazando, minimizarían gastos y se asegurarían mantener su presencia en el septiembre de 2021, cuando todo, esperemos, haya vuelto a la normalidad.

Hablando de calendario, esta medida incluso facilitaría que se pudiera realizar el tan ansiado cambio en el sistema de competición, el mismo que no fue aprobado el pasado septiembre. Además, probar un nuevo sistema, permitiría, qué duda cabe, aflojar las tensiones que se pueden dar al solaparse los calendarios de las diversas competiciones el próximo curso. La ACB podría moldear sus fechas y cuadrar perfectamente para dar cabida a Ventanas FIBA, competiciones europeas, preolímpico y demás compromisos. Un acuerdo al que solo parece viable llegar dando premios y suprimiendo los castigos. Un acuerdo que emularía a la NBA, donde primaría el espectáculo y se dejaría en segundo plano las consecuencias de la derrota.

DIDAC CUEVAS

Apostar e invertir en el jugador joven nacional, por ese talento que guardamos en la cantera de nuestro baloncesto y que tantas alegrías nos dan verano tras verano. Que se puedan foguear en la  segunda máxima competición nacional será una gran noticia. Los jugadores u18, u19 y u20 podrán competir junto a veteranos que todavía tienen mucho que decir y así poner las primeras piedras para la selección española del futuro. Como hicieron grandes jugadores de la historia de este deporte. En ACB los objetivos los marcaría la lucha por entrar en Europa.

Una medida que desahogaría a la Federación Española de Baloncesto, que sería la gran beneficiada al poder conseguir mantener viva su competición y a los integrantes de la misma. El único contra son los no ascensos, pero hay mucho más que ganar, sobre todo a nivel económico y de viabilidad.

Lo que está claro es que el tiempo corre en contra de todos, que cuando más se dilate mayores serán las consecuencias. Hay que trabajar y ceder para salvar el baloncesto. Un paso atrás para coger fuerza y volver en el más breve tiempo posible a la normalidad, en estos tiempos en los que la generosidad está en boca de todos a la hora de hablar de acuerdos. 

Puede que sea el momento de mirar más allá y primar el interés general por encima de individualidades para lograr sostener este fabuloso deporte.