Campeón por aplastamiento

El Real Madrid conquista Málaga

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Puede que no fuera tan sencillo como pareció, puede que en algún momento incluso dudaran de su juego... bueno esto seguro que no. El Real Madrid conquista su vigésimo octava Copa del Rey casi sin despeinarse. 

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Me pareció significativo la forma de celebrar el entrar en una final. El Real Madrid se puso la mochila y al hotel a descansar. Unicaja festejó por todo lo alto, lógico, la clasificación para su final.

El Real Madrid entrenó por la mañana, acostumbrado a llevar la lengua fuera. Unicaja, mas tieso que un segurata en el Palacio Real de Londres, descansó para aliviar dolores. El ejemplo era Jaime Fernández, exhausto en el hotel, atendió a los medios con visibles gestos de no estar ni al 75% después de la paliza para llevar a su equipo a la final.

"Aquí vino a comer Tavares", comentaba un camarero en Casa Antonio, chiringuito a pie de  playa en Torremolinos, "a ver si Unicaja obra el milagro", mascullaba. Tal vez consciente de lo difícil de la misión.

Mucha camisa en la tribuna de prensa, las mejores galas para vivir la gran final de la Copa del Rey. El autobús del Real Madrid entró a la carrera en el Carpena, Unicaja se dio un maravilloso baño de masas, Casimiro levantaba el puño y arengaba, la estampa fue preciosa.

Arrancó el duelo con triple de Carroll, menuda novedad. El Real Madrid, muy acertado desde más allá de la línea, zarandeaba a Unicaja. Jaime se fue al banquillo con dos faltas y un parcial de 3-12 daba la primera renta importante del choque a losbhombres de Laso, 13-26.

Rudy entró en escena con dos triples y Trey Thompkins fusilaba para poner el +21, 14-35. Saltaban todas las alarmas en el Carpena. Casimiro recurrió al último en llegar, que se echó el equipo a la espalda con 10 puntos seguidos, 23-35. Entre tanto Jaime pidió el cambio, lesionado, se levantó la camiseta y se tapó la cara. Tratado detrás del banquillo con visibles gestos de dolor. Golpe moral morrocotudo para Unicaja. Campazzo volvió a cancha, y hurgó más aún en la herida, 28-34 y +23 con el argentino en cancha.

Tenía una bala Unicaja y no pudo aprovecharla. El Madrid volvió del vestuario con la metralleta cargada y asfixió a Unicaja hasta más no poder. Volaban los de Laso, infinitamente superiores físicamente, tirando abajo uno a uno los cimientos malagueños, imposible responder para ellos. Carroll, con 20 puntos, se llevó su dosis, 42-68 al final del tercer cuarto.

Un palo muy duro para unos, un premio demasiado merecido para otros. El último cuarto fue un paseo militar. La afición del Real Madrid gritaba el clásico "campeones, campeones", con más de 3 minutos por jugar, Laso sentó a Campazzo para que se diera su baño de masas particular