Óscar Méndez: en el Madrid junior existe un refugio

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Quiero relatar de la forma más representativa posible las emociones que se han desatado en el encuentro entre el Madrid Junior y el Fundal Alcobendas. Un partido que desgraciadamente ha tenido que arrancar después de un minuto de silencio de duelo, en honor del hermano de Óscar Méndez que ha perdido la vida en las últimas horas. El base del Madrid Junior, pese a tan traumática noticia, ha decidido saltar a la cancha donde ha defendido la camiseta con su habitual brillantez. Para mí ha sido una experiencia poder acompañarle a él, y también a todo el equipo blanco que ha compartido humanamente el dolor de una de las piezas más queridas del vestuario.

Sí, como apunto en el primer párrafo, en Valdebebas he asistido a un partido del junior del Real Madrid de baloncesto con el Fundal Alcobendas como oponente. Desde que he ocupado mi lugar de privilegio como comentarista me ha embargado la sensación de que iba a presenciar algo singular. Avezado a tantas retransmisiones, en cambio, la del Junior me inspiraba unas evocaciones diferentes. Al principio lo he atribuido a Luka Doncic. En la jornada matinal he podido contemplar una nueva lección del esloveno. Clave en el despegue de los de Laso en el segundo cuarto, acabando con la resistencia del Iberostar Tenerife sin necesidad de abusar de los lanzamientos a canasta. Cuando se le identifica con Petrovic, debe hacerse desde un punto de vista de liderazgo o de carácter porque en realidad Doncic domina el baloncesto desde todas las perspectivas. Intimida, rebotea, corre la cancha, anota, ajusta la defensa, asiste, posibilita un pase de más y busca al tirador en las esquinas. El caso es que Doncic es junior y desde el primer instante me ha suscitado cierto impacto el pensar que esa figura podría compartir vestuario con los chicos de Javi Juárez.

Otro motivo de admiración ha sido sentarme con Esteban Novillo. Es sencillamente gratificante tener delante de una persona con tanto conocimiento del baloncesto de cantera, capaz de traducirte al "lenguaje terrenal" cualquier aspecto que acaezca dentro y fuera de la cancha. No debe existir alguien con tanto dominio y devoción por la actividad.

Mi siguiente sorpresa ha venido provocada en la rueda de calentamiento. Dino Radoncic después de su gran partido con el EBA, estaba apartado en otra canasta, recibiendo una preparación específica. Era abrumador su dominio del lanzamiento, su coordinación, su poderío. Es un jugador que aúna el talento y el control de su cuerpo. Dejaría perplejo a cualquiera con su nivel de acierto. Pese a no disputar el encuentro, ha estado presente junto a sus compañeros, era un día para hacer grupo, para que la unión atenuara el revés y el sinsabor que había sufrido el vestuario.

Finalmente ha llegado el minuto de silencio. El aplauso al finalizar éste ha sido de los que recordaré siempre. La grada también estaba ocupada por familiares y amigos del Fundal, que han roto a aplaudir con la máxima intensidad imaginable en un partido de cantera. En esta categoría el compañerismo se puede vivir en toda su magnitud y se ha reflejado en ese reconocimiento espontáneo que ha recibido el jugador por parte de la totalidad del graderío.

El encuentro ha comenzado con muchas imprecisiones. Faltaba un minuto y medio para concluir el primer cuarto y el marcador reflejaba un empate a 10. Algo totalmente atípico, teniendo en cuenta el alto ritmo que imponen los de Juárez y la superioridad física, técnica y de corpulencia de sus jugadores. Por ejemplo, Khadim Sow mide 2.10. Se han fallado muchos tiros libres y demasiadas canastas debajo del aro, quizá como prueba de la dura distracción que han podido sufrir. Sin embargo, una recuperación de Germán ha supuesto el 12-10, canasta que ha espoleado a sus compañeros. Los lanzamientos exteriores han empezado a entrar, también de la mano del propio Germán y del de siempre, de Charly, que es un jugador que ve el aro cerca, aunque se halle lejos. En junior la distancia del tiro de tres se mantiene en 6,25, pero esa medida es irrelevante para Charly.

El Madrid rompió el partido en el segundo cuarto, consolidó la distancia en el marcador. Por parte del Fundal Alcobendas su base, Antonio Marín, dejó detalles sobresalientes, incluso con una canasta a tablero ejerciendo un gran juego de pies en el poste bajo, mientras que Ricky Rodríguez (ex del Madrid) demostró sus maneras para penetrar a canasta. Este equipo de Alcobendas está formado por jugadores con un gran desarrollo por delante. Trabajan la cantera con esmero y cariño y según cuenta Esteban Novillo los que vienen pujando en el cadete cuentan con una proyección muy interesante. Ante el Madrid estaban abocados a irse con desventaja. Los rebotes ofensivos de Salvador, Sow o Heritier causaban estragos.

No obstante, más allá de lo baloncestístico, lo verdaderamente importante del encuentro fue la entrada en la pista de Óscar Méndez. Un base con el dorsal 12 que tiene en Sergio Rodríguez a su referente. Su salida a cancha ya arrancó una ovación de altura. Era un día muy difícil, pero estando en la pista pudo sentirse arropado, evadido mediante su actividad favorita. El deporte puede que sea el mejor antídoto que existe para el dolor anímico. Óscar se empleó en la pista con descaro, con esas típicas penetraciones por el centro de la zona, que dividen la defensa. Agresivo e intenso, también sabe pararse para pensar y elegir la mejor opción. Se esperaba con ahínco y llegó: al anotar sus primeros puntos todo el banquillo de su equipo se levantó como un resorte. Celebraban sus acciones positivas como si fuera la fórmula más adecuada para darle aliento, esperanza, para asegurarle que seguían conmovidos junto a él, que le agradecían su esfuerzo y su compromiso.

Pocas veces habré visto una escena que identifique de forma tan oportuna la esencia del deporte. El compañerismo, la unión, la fuerza del grupo para reducir el dolor ante una pérdida irreparable. Por la cabeza de Óscar se sucederían muchos pensamientos, pero en la pista fue capaz de cuajar una actuación de las suyas. Con 4 puntos 8 asistencias y 2 recuperaciones se comportó en consonancia. Correspondió el apoyo de sus compañeros con pases de canasta. Heritier sumó 25 puntos, varios de ellos como consecuencia de buenas acciones de Óscar. En una ocasión, Óscar rebasó a su defensor, se suspendió en el aire casi hasta detenerse y en vez de lanzar a canasta habilitó a Heritier que solo tuvo que darles las gracias. A mí me dejaba impresionado Óscar. Lo destaqué en la retransmisión. Su baloncesto ya de por sí tiene magia, pero secundado por todo un grupo, adquiría un valor casi sobrenatural.

Acabó el encuentro. Los dos equipos realizaron sus rituales en medio de la cancha. Óscar era la figura más buscada, más apoyada. No estaba solo en ningún momento. Los jugadores del Alcobendas lo habían dado todo, y sus familiares aplaudían orgullosos.

Yo me despedí de la retransmisión con la sensación de haber fijado un recuerdo inmarcesible. Había aprendido algo más que baloncesto, había aprendido una lección de vida. Óscar Méndez tiene todo un equipo que no le deja caer. Le van a permitir seguir suspendiéndose en el aire, como él acostumbra, y le van a aplaudir a rabiar cada punto que consiga. En este Madrid Junior uno puede reconciliarse con el deporte de verdad. Y quizá, cuando se consigue un grupo así, no debe extrañar que un junior como Doncic pueda comportarse como un veterano. La formación humana es indispensable y en el Mádrid está muy presente. Para llegar arriba, no puede hacerse en solitario.