El umbral de la exigencia

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Exigencia. Es una palabra que nunca pasa de moda. Como nuestra canción favorita, los buenos vinos, las deliciosas viandas, los churros del barrio o taparse con una manta para ver una peli (buena o mala) al calor del dulce hogar. La exigencia siempre esta ahí. Es imprescindible en el deporte y en la vida. La primera acepción del verbo "exigir" que nos ofrece la RAE es: "Pedir imperiosamente algo a lo que se tiene derecho". Me viene bien para hablar del Real Madrid de baloncesto.

El pasado domingo compartí un fascinante rato de debate en Twitter tras la severa derrota que encajó el Madrid en el Palau. Sí, severa, mucho más de lo que muestra el +10 final en el marcador. El Barça, muy diezmado por las lesiones, compareció en el derbi con mucho más orgullo y mucho más colmillo que su eterno rival. Durante muchos momentos del duelo sepultó a los blancos por aplastamiento. "Me preocupa todo porque no hemos hecho nada bien", dijo Laso en la tele antes del arranque del tercer cuarto. "Me voy cabreado y disgustado", sentenció al final del choque el entrenador vitoriano. Tras el partido activé un vistazo general a las redes sociales y me encontré con reproches muy duros al Madrid, sobre todo a su técnico. Críticas merecidas por esa función concreta, pero quizá desmedidas si atendemos al proyecto general y a lo sembrado durante el último lustro. En ese momento lancé un comentario en Twitter, básicamente que tenía la sensación de que muchos madridistas estaban esperando al Madrid de Pablo Laso. Fascinante debate, insisto. Me encontré con opiniones de todo tipo.

El coach vasco acaba de iniciar su sexta temporada en el Real Madrid. Hasta ahora su balance es éste: 22 torneos oficiales, 16 finales, 12 títulos, 3 Ligas, 4 Copas, 1 Euroliga (3 finales), 3 Supercopas y 1 Intercontinental. Con perdón: la madre que me parió. Estos datos son puramente objetivos, no hay trampa ni cartón. Pero a pesar de resultar extraordinarios, arrojan una frialdad heladora si no los situamos en un contexto general. De dónde venía el Madrid, cómo ha jugado el Madrid, qué ha sentido durante estos años el aficionado merengue que acude al Palacio, qué reconocimiento ha tenido el proyecto durante este tiempo. En nombre de la exigencia hay gente que lleva años achicharrando a Laso en una hoguera a 500 ºC, un fuego que, por cierto, se suele activar en octubre y apagar en junio. Desde fuera y con prudencia: ¿Qué demonios pide la gente?

 

PALACIO

 

En el Palau la actuación de los blancos fue horrible. El Madrid no esta super, es obvio. Pero el curso acaba de comenzar, eso también debería de ser obvio. El Madrid ha conformado un plantillón, un roster espectacular, un equipazo mayúsculo, posiblemente el más completo que uno alcanza a recordar. Su balance en este amanecer en el que el sol aún casi ni ilumina es de 9-3 en partidos oficiales, con derrotas frente al Barcelona (doble) y al Baskonia. Le esperan unos días tremendos con CSKA, Panathinaikos y otra vez el Palau en el horizonte. A Laso hay detalles que reprocharle, como por ejemplo la poca querencia a la pintura con semejante arsenal interior. Y también merecen quejas actores como Llull, Rudy o Ayón, que tienen mucho más baloncesto dentro. Pero me resulta asombroso cómo algunos dilapidan el crédito en nombre de una exigencia que es nociva y por momentos hasta delirante. Leí a Jabois el otro día que no le preocupan mucho las críticas a Zidane porque son de los propios madridistas. Pues imaginaos si extrapolamos el símil a Pablo Laso, a años luz a día de hoy del bagaje del entrenador de fútbol. Parece que por ser el Madrid, un tropezón se debe convertir por imperativo de la la mal entendida exigencia en fractura abierta de tibia y peroné, aunque el protagonista apenas tenga unos cuantos rasguños. Qué exageración, por Dios. Contaminación futbolera de gente que sólo se asoma al basket de vez en cuando, me decían el domingo. Puede ser porque recuerdo con qué cariño despidió hace unos meses el Palacio a un equipo que había sido barrido por el Fenerbahce de Obradovic.

A este Real Madrid de baloncesto hay que exigirle que pelee todos los títulos y que esté en la Final Four. O sea, lo que llevan haciendo Pablo y sus jugadores desde que se activó este proyecto histórico. Me alucina la frivolidad con la que algunos hablan de la obligación de ganar la Copa de Europa, una competición ultradesgastante repleta de jugadorazos y equipos soberbios. Con respeto, son comentarios que muestran un evidente desconocimiento del deporte de élite. La exigencia puede ser el mejor aliado o el enemigo más temido. Impacta cómo hay aficionados incapaces de disfrutar con un equipo que nos ha enamorado a todos los fanáticos del baloncesto. Reubiquen ese umbral de la exigencia, por favor.