La historia y el sueño de Irene Muñoz

Del Manzanares al Chattahoochee

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Irene Muñoz (Madrid, 5 de enero de 1998) vive su sueño de ser futbolista en los Estados Unidos tras haberse formado en el Torrelodones CF. 

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Ecohierbas

En Atlanta, capital del estado norteamericano de Georgia, rueda la pelota con cierto acento español. Irene Muñoz reparte juego en la medular del Life University, cumpliendo un sueño que comenzó a forjarse hace más de diez años. Matriculada en nutrición y nominada a la mejor futbolista de la conferencia, cambió correr por Madrid Río por hacerlo a orillas del Chattahoochee.

Sin embargo, como toda mujer que se dedica al fútbol, los comienzos no fueron fáciles: “Empecé a jugar con ocho años al fútbol sala y era la única chica del equipo. A los once no me dejaron seguir jugando con ellos, así que tuve que buscar un equipo y encontré el Torrelodones”, asegura.

No fue para nada sencillo. Viajes eternos en autobús desde Madrid Río hasta el Julián Ariza, plagados de libros y apuntes para poder compaginar los estudios con su gran pasión en un club de lo más especial para ella: “El Torrelodones cambió mi vida. Pasé cuatro años maravillosos en el club hasta que me vine a los Estados Unidos. Tengo amigas jugando en el primer equipo, en el filial e incluso en el juvenil y todas las semanas me entero a través de Twitter de cómo les ha ido el partido. Además, las pasadas navidades volví a Madrid y estuve entrenando con ellas, algo que espero repetir este año porque me hacen sentir una más del equipo”.

Tras brillar en el Ariza y crecer dentro y fuera del campo, llegó un momento que marcó su carrera deportiva…y su vida. Había llegado la oportunidad de emprender su propio sueño americano: “Era un objetivo que tenía desde pequeñita, pero no fue hasta finales de primero de bachillerato cuando me di cuenta que tenía la oportunidad de hacerlo realidad. El primer paso fue contactar con la agencia AthletesUSA que me explicaron todo el proceso. Mandé fotos y vídeos jugando y entrenando para que ellos contactaran con entrenadores de diferentes universidades. Además, tuve que prepararme para superar dos exámenes: el SAT y el TOELF, necesarios para poder estudiar allí. Tuve varias ofertas pero Life University me propuso el proyecto que más me gustó y hoy estoy aquí, en Atlanta”.

Al otro lado del charco le esperaba un fútbol prácticamente profesional. Instalaciones, entrenamientos y material de primer nivel para explotar al máximo la experiencia: “Un día normal en el club es un día normal en la universidad. Está ligada una cosa a la otra. Entrenamos todos los días salvo los días de competición de seis y media de la mañana hasta las ocho. Los lunes, martes y jueves tenemos gimnasio de nueve a diez y el resto del día cada jugadora tiene sus clases. La temporada va de agosto a noviembre y hay semanas en las que jugamos hasta dos partidos y cuando no lo hacemos vamos a apoyar al resto de equipos de la universidad e incluso voluntariados. La importancia que se le da a cualquier deporte es incomparable con la que se da en España”.

El proyecto del Life University es joven pero ambicioso. Apenas tiene dos años de vida y las expectativas crecen día a día, en gran parte por la mejora del rendimiento deportivo de sus equipos: “Este año competimos mejor. Hemos firmado a varias futbolistas y hemos crecido a todos los niveles. El fútbol norteamericano es muy físico porque los cambios son ilimitados. Eso me ha hecho mejorar porque estaba acostumbrada a jugar casi siempre en corto y aquí casi todo lo hacemos en largo. Además, aquí se juega a reloj parado y cuando miras a la grada no están mis padres…”

Sin ninguna duda, estar lejos de su familia es el punto más negativo de una experiencia inolvidable: “Echo de menos a mi familia y a mis amigos, pero sé que estoy viviendo mi sueño y aprovecho cada día como si fuera el último. Espero poder seguir unos años más aquí, por lo menos dos. Y a mi vuelta me encantaría jugar de nuevo en el Torrelodones”, sentencia mientras se prepara para una nueva jornada de entrenamientos.