Jª 14.- Real Valladolid 3-2 Getafe

El Pucela tira de épica para volver a la tercera plaza

Venció al Getafe en un partido con dos remontadas y tres expulsados

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Los blanquivioletas mostraron su versión más competitiva en un partido intenso pero noble, en el que se vio más emoción que brillo

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El verde de Los Anexos se está abonando a los finales intensos, a la tensión y las piñas de celebración, como si fuera un tapete en el que se juega una final cada quince días. Y no lo era la de este viernes festivo, o quizá sí, porque no hay puntos que desdeñar ni siquiera cuando queda más de media liga por jugarse. A nadie le sobran los puntos, ni al más destacado ni a quien cree tener parte del trabajo hecho. Tampoco le sobran a Real Valladolid y Getafe, que llegaban a la decimocuarta jornada enfrascados en la pelea por la tercera plaza (en la que siguen y seguirán).

Después de cinco partidos sin ganar, arrancaban los locales con tensión en la mirada, deseosos de dejar atrás esa racha propia de los equipos más jóvenes (este lo es: a más de la mitad de los que salieron de inicio les queda al menos un año más de juvenil). Esa intensidad se manifestó pronto en alguna intentona y en el uno a cero, obra del ghanés Amoah. El central africano, fruto de la African Talent Football Academy de la que antes llegaron otros como Salisu, descolgó el balón del cielo para enviarlo de un testarazo a la red y adelantar a los suyos. Su tanto, lejos de servir como faena de aliño, envalentonó al Getafe.

Los azulones voltearon el resultado en dos chispazos. El primero, de Iván, vino precedido de un rebote. El segundo fue un golazo, que Álex Rodríguez materializó después de internarse desde la banda y soltar un latigazo fuerte a la cepa del poste. Empezaban a crecer los madrileños a partir de estos dos futbolistas y de Miguel, con quien intentaba asociarse Iván en tres cuartos. Inicialmente ganaron la batalla al centro del campo vallisoletano, despoblado en algunas zonas de influencia pese al doble pivote, aunque este fue a mejor sobre todo después de la lesión de Iván, que sufrió el gafe del gol: los dos que marcaron tuvieron que abandonar el campo antes de tiempo por problemas físicos.

El paso de los minutos fue dando la manija al Pucela, al que, no obstante, le costaba conectar con sus atacantes. Maroto y Carrión intentaban llevar el peso del juego, pero no se puede decir que dominaran realmente, porque los de Gary se sentían cómodos estando juntitos, en bloque medio-bajo e intentando progresar cuando tenían el esférico para sí. Solo Slavy se las hacía pasar canutas con su pugna con los centrales, en la que siempre se impuso (y no porque no le pusieran determinación Cerrato y Ortega). 

Cuando había que desatascar –que era a menudo–, el aragonés siempre parecía un buen plan. De cualquier rechazo o pelotazo sacaba algo. Así, en los primeros compases del segundo periodo, generó dos ocasiones con marchamo de gol que su equipo lamentó, sobre todo el testarazo que se perdió por la línea de fondo en un córner botado al segundo palo. Sucede que, si bien quizás no lo conozca, se parece más a McGyver que en la melena: si le dieran un clip también le sacaría partido. Como hizo de la presión de la que se sirvió para poner el empate, después de provocar una pérdida en salida de balón.

El tres a dos no se demoró; llegó en una falta en la frontal del área que Iker convirtió en una maravilla. Como si fuera el Roberto Carlos diestro, soltó un latigazo, una 'folha seca' que dejó petrificado a Herrero y se alojó en su red por el que en teoría era su palo. Quizás lo merecía para entonces un Real Valladolid que fue llamado a la calma por Carlos Sánchez, segundo de Ricardo López, desde el banquillo. Expulsado el primer entrenador en la primera mitad, fue él quien pidió un temple difícil de exponer, porque el Getafe no se conformó. En la enajenación en la que cayó el partido, con Gary y Joao también expulsados, fue el Pucela quien sacó petróleo: gracias a la gran actuación de Palomeque, principalmente, aunque también a la solidaridad de todo el grupo, consiguió que los puntos se quedaran en casa.

La celebración quizás no era para menos, porque fue una gran batalla, con alternativas en el marcador y dos equipos ambiciosos. Lo que no fue de recibo fue algún conato de refriega posterior en la grada que no pasó a mayores, pero que obligó a la Policía Nacional a personarse allí a ver qué pasaba. Lo que pasó, por suerte y para desgracia de cenutrios, fue un partido de fútbol entre dos equipos con ánimo de crecer. El Getafe lo ha hecho hasta meterse en la pelea. El Pucela quiere hacerlo a partir de esta victoria de mucho mérito.

Ficha del partido