J. 26.- Real Valladolid 0-3 Rayo Vallecano

El Rayo Vallecano da un golpe sobre la mesa

El Real Valladolid ve derribado su fortín ocho victorias después

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El conjunto de la franja se coloca líder después de un importante (aunque abultado) triunfo donde solo el Atlético había ganado

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Aviso a navegantes: el Rayo Vallecano va muy en serio. Ya se sabía; solo de esa forma habría sido capaz de llegar tan lejos tan arriba, pero este sábado lo volvió a constatar: quiere la liga. Y para lograrla, en este o en cualquier caso, dicen los entendidos que hay que vencer a los mejores independientemente del escenario. Y el cuadro de Ángel Dongil lo hizo en los Campos Anexos al Nuevo José Zorrilla, donde el Real Valladolid llevaba una racha inmaculada de ocho victorias seguidas y solamente el Atlético de Madrid había ganado con anterioridad.

Igual que una vez una canción desencadenó una fábula, si acaso otra aventura de Jack Sparrow, la gesta podría comenzar (y terminar) con una canción pirata, aquella que identifica a un Rayo entrenado por alguien bastante menos excéntrico que aquel capitán pero ducho en argucias, en su caso, tácticas. A sabiendas de que los pucelanos acumulan mucho talento por dentro, los vallecanos salieron de inicio con tres centrales con varios fines: neutralizar la calidad del rival, mejorar la salida de balón y aprovechar, con la acumulación de jugadores en campo rival, para buscar una superioridad durante la tenencia del balón que pudiera implicar pulcritud.

Y en los primeros compases les funcionó, puesto que salieron algo mejor. Los rayistas se movieron mejor bajo el chaparrón, pero cuando el aguacero paró, los blanquivioletas (solo amenazados con un disparo lejano que desvió David por arriba) fueron a más. Lo constató en sus propias carnes Dani Moreno, que repelió un disparo al cuerpo de Pablito y después, con mayor mérito, un remate de Dali que llevaba marchamo de gol.

Para entonces el Real Valladolid había comenzado a hacer muchas cosas con el esférico. Nieto, hiperactivo, aparecía incluso en posición de 'nueve' para el remate. Pablito y Víctor lanzaban el desmarque que requiriera cada ocasión, de ruptura o de desmarque, y Álvarez estiraba a lo largo y ancho el campo por el lado derecho. Mientras, Dali, el funambulista, intentaba cargar por el pico izquierdo del área, un sector bien defendido por los visitantes.

Por su parte, el Rayo Vallecano cargaba mucho por el juego por el lado izquierdo de Meseguer, de quien a menudo se alejaba Killer no porque se lleven mal, sino para arrastrar marcas o bien buscar un remate que, sin embargo, no terminaba de llegar, porque si bien de vez en cuando se producía algún arreón bueno, el cuero era de los locales. No fue garantía de nada esta vez para ellos; el que marcó fue su rival al filo del descanso. David no pudo atrapar un primer remate posterior a un saque de esquina y el rechazo le cayó manso a Meseguer, que no desaprovechó la ocasión de poner el cero a uno.

El resultado en el entretiempo favorecía a quien llegaba en posición de situarse líder, quizá de una manera un tanto injusta, como se reflejaba en las caras de los locales. El arranque de la segunda parte no modificó en demasía el guión; si acaso redujo las ya de por sí pocas prisas que tenían los de la franja. Tampoco las tuvo el Pucela, quien tenía muy clara la forma en que la remontada podía llegar. Solo tiene un plan, tener la pelota, aunque qué plan... Rafa reactivó el juego por fuera tras sustituir a Álvarez. Las miras (y también los envíos) fueron hacia él en un puñado de ocasiones y él respondió generando peligro.

Pero al poco de saltar al tapiz la desventaja fue mayor gracias a una genialidad de Killer. Aprovechando que el Real Valladolid cargaba mucho por su costado izquierdo, el delantero cayó a ese lado e hizo una filigrana en la línea de cal, en el límite del campo y el del área, y puso un centro hacia el otro lado, por donde se incorporó Vallinot, que marcó el cero a dos y el devenir de la última hora. Se convirtió en un quiero y no puedo. Víctor Fernández (que acabaría expulsado) acumuló jugadores de ataque, todos los que pudo, a fin de cargar de delanteros la mitad de campo que defendía el Rayo y ver si así el rectángulo se inclinaba hacia ahí. Pero nada; la sobrecarga no trajo frutos.

Pudo hacerlo cuando a falta de diez minutos Martínez sacó bajo palos un remate de Santi Franco. Quedaba un mundo y Ángel Dongil y sus pupilos aún no se veían ni ganadores ni líderes. El trabajo en tareas defensivas no decayó y a la solidez demostrada en esta faceta se sumaba su capacidad de salir al contragolpe. De una de estas llegó un penalti discutido por parte de los blanquivioletas con el que Alberto puso la puntilla cuando el partido moría.

El Rayo Vallecano tiró de efectividad para asaltar un campo complicadísimo donde solo el Atlético de Madrid fue capaz de ganar, también, con un resultado más amplio que buenas fueron las sensaciones. No porque las que dejó fueran malas, sino porque el Real Valladolid fue un digno rival. Pero el Rayo fue mucho Rayo; dejó imagen de equipo ganador, de esos que leen y aciertan en la interpretación de los micropartidos que dejan noventa y tantos minutos de juego. De querencia combinativa cuando creyó que debía, no fue el pez que por la boca (o la intención muere), supo adaptarse a lo que propuso el rival y a lo que el resultado le fue invitando a hacer. Y triunfó, como podría triunfar a la larga.

Nuevo líder, condición que estrenó en la primera vuelta a estas mismas alturas, entonces lo perdió a la semana siguiente. No quiere hacerlo esta vez; tendrá que luchar por mantenerlo en las cuatro fechas que le quedan, ahora, empatado con el Atleti y con dos puntos de ventaja sobre el Madrid, a quien todavía se debe enfrentar. De él depende; no así el Real Valladolid, que aún ansía ser cuarto, y a quien le ha sonreído la fortuna, ya que el Santa Marta hizo 'pinchar' al Getafe. La diferencia con esa plaza es hoy de dos unidades.