Jª 20.- Real Valladolid 2-0 Extremadura UD

El Real Valladolid gana y se asienta más aún en la tercera plaza

El conjunto blanquivioleta dominó ante un Extremadura aguerrido, pero inofensivo

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Los vallisoletanos se adelantaron pronto, merced a un penalti marcado por Iker, pero tuvieron que esforzarse para sentenciar al final

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El día que el Unión Adarve asaltó Los Anexos, el Real Valladolid se quedó con un palmo de narices. No mereció perder, pero, atascado, cayó. Y desde entonces no lo ha vuelto a hacer. Ha sido capaz de adquirir tal aplomo que gana hasta cuando el juego es incluso plomizo, imperfecto, como contra el Extremadura UD. Y eso que el inicio de los blanquivioletas fue prometedor, puesto que monopolizaron el juego desde el silbido del colegiado. Ese dominio, el gol tempranero y la intensidad de los azulgranas jugaron en su contra, sin embargo.

Y es que pronto Adrián Carrión sufrió un penalti; había caído el balón al lado izquierdo del ataque, el lado fuerte de los chicos de Ricardo, pues es ahí hacia donde caía Slavy para asociarse con Alvi. Después de varios pases entre los dos, el extremo hizo una filigrana y puso el balón al corazón del área, adonde llegaba el Carrión, que sufrió una entrada al ir a rematar. En primera instancia el cuero lo cogió Slavy, pero se lo acabó dejando a Iker, que marcó un nuevo tanto, el cuarto de la temporada para el lateral. Habían transcurrido solo ocho minutos y, la verdad, ya se barruntaba.

Torres pudo marcar el segundo antes del veinte, en el culmen de otra jugada combinativa entre Alvi y Slavy, que acabó parecido a la jugada del penalti, con Carrión disparando forzado. Le cayó al delantero el rechazo, pero su tiro chocó en un zaguero y se fue a córner. Mientras Ronaldo miraba, la cosa se fue poniendo intensita, como un concierto de Beret bajo la lluvia. Fueron cobrando protagonismo los duelos, sobre todo aéreos, porque el Extremadura elevó la presión y empezó a dificultar la salida desde Aceves. La tranquilidad al Pucela casi se la da Maroto con un tiro al larguero, mientras Chiscano se fajaba con Amoah y Palomeque sin ser capaz de sacar nada de la pugna.

No estuvo cómodo el Real Valladolid al final de la primera mitad, ni lo estuvo en ningún momento de la segunda. Lejos de serenarse, incluso perdió el balón durante un tramo, puesto que el Extremadura intentó dar un paso adelante. Fue como el animal de la fábula de Fedro, como si el cuero fuera la lira y no fueran los azulgranas capaces de sacarle sonido. Tuvo mucho mérito la pareja de centrales locales, que volvió a edificar una muralla sobre su portería, solo amenazada (la muralla, que no la puerta) por Mori y Alemán, frenados siempre por la falange.

Mejoraron estos dos a su equipo, pero no a lo suficiente. Mientras, Alvi y Slavy (que venía de jugar tres partidos esta semana con España en su primera internacionalidad) se fueron apagando. Los primeros minutos de Diego Iglesias sirvieron para buscar el tercero, como el propio Alvi. Y el reloj fue corriendo, más lento o más rápido, según quién lo viera, y la pelota parecía ser saltarina; no había Cristo que la dominase. Al ser así, no aumentó la atracción del choque, solo la inquietud por lo que podía pasar.

Y lo que pasó fue que Camilo sentenció en una acción en la que los extremeños pidieron falta en la recuperación que precedió al gol, no cobrada por el colegiado. Fue la puntilla a la quinta victoria en seis jornadas de un Real Valladolid que, además, en ese periodo de tiempo solo ha encajado dos goles, ambos en Valdebebas. Se asienta todavía más en la tercera plaza después del tropiezo del Rayo Vallecano, ya que saca siete puntos al cuarto, mientras el Extremadura ve cómo el Burgos le adelanta y se queda empatado con el descenso.

Ficha del partido