Jª 6.- Real Valladolid 4-3 AD Alcorcón

El Real Valladolid reina en la locura

El Alcorcón pudo y debió puntuar en Los Anexos después de plantear batalla hasta el último suspiro

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Los siete goles vividos hablan a las claras de algo que más que un partido fue un potro desbocado que nadie pudo domar

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El fútbol tiene días, momentos, partidos, totalmente incontrolables. En tanto en cuanto el pie no es una extremidad prensil, y por tanto el balón se le hace un objeto incapaz de manejar a su antojo, los equipos tratan siempre de que sea una madeja cercana y dócil, igual que el gato cuando juega con el ovillo de lana. Pero a veces es como una pelota saltarina de esas con las que jugaba la generación 'pre-millenial', y por más que uno quiera, sus designios y caminos son inexcrutables.

Que se lo digan si no al Real Valladolid y a la AD Alcorcón. Su encuentro fue uno de esos que el aficionado adora, pero que odia el entrenador; con muchos goles, hasta siete, pero sin dominio alguno, y con tantas situaciones extrañas que el análisis se hace difícil. Y eso que en los primeros minutos pareció que el envite fuera a ir por los derroteros esperados: los blanquivioletas querían amasar el balón y los alfareros se plantaban en un bloque medio-alto que permitía tanto presionar arriba como hacerlo en una segunda altura para robar y transitar.

En estas, los visitantes incomodaban bastante a los locales, aunque el uno a cero les pudo llevar a pensar que a partir de entonces la cosa cambiaría. Habían transcurrido veinte minutos cuando Rafa sacó una falta lateral que Rodrigo despejó abajo junto al palo y Morante embocó dentro del área. El Pucela se pensó que, efectivamente, en franquía podía tranquilizarse, y lo hizo, pero no el juego; no dominó. Y el conjunto amarillo no iba a mostrar ningún tipo de complejo, espoleado por la primera victoria de la temporada que consiguió la jornada pasada.

Y es que con balón los de Pablo Nozal también son duchos, como demostraron en el tanto del empate. Salieron con el cuero tocado pero sin demora desde la parte de atrás, hasta que el cuero le llegó a Colastra, que hizo un auténtico jugadón antes de servir para la llegada por el otro lado, solo solito solo, de Rabadán, que solo tuvo que empujar en el segundo palo ante Maxi. En un abrir y cerrar de ojos, y después de un disparo al larguero de César Gómez, llegó el segundo, gracias a un centro de Higueruela que remató Aitor para voltear el marcador en solamente dos minutos.

Hasta el descanso, no hubo dios que pusiera orden, todo era libre albedrío. El verse por debajo desconcertó a los blanquivioletas tanto como si al gato que juega con el ratón de repente el roedor se convierte en un Transformer. Y para imitar al 'Alcor', Javi Baraja introdujo dos permutas en el descanso (una un tanto forzada: Jairo tuvo un pequeño mareo sin consecuencias tras recibir un golpetazo). Dio entrada a Álvarez como carrilero y a David Sanz en el mediocentro, lo que permitió una ligera mejoría del Real Valladolid con el esférico.

Rafa pudo empatar con un centro-chut que se envenenó y que se fue a córner en la ocasión más clara hasta superado el ecuador del segundo tiempo. Entonces emergió la figura de Baba, que apareció en el balcón del área para rematar un buen centro de Álvarez, si bien Hijón fue quien puso la igualada (aunque él no quería). Solo unos minutos después marcó el tres a dos antes de sufrir un pinchazo en una magnífica acción individual que resolvió marchándose de tres rivales y disparando mientras caía.

Pero otra vez el Pucela se cayó, y eso sin duda fue también mérito del Alcorcón. Edu, que ya había dispuesto de una ocasión, tuvo otra antes del tercero amarillo. Insistió el conjunto alfarero y se encontró el premio en un rechazo que introdujo David Gómez en su puerta después de varios rebotes. El partido seguía siendo ese carrusel indomable con cuernos de toro al que uno se sube en las ferias y, llegado ya el minuto ochenta, se antojaba complicado que nadie tomara las riendas. Así fue.

En otro arrebato, Víctor definió desde el pico izquierdo del área al palo contrario y puso el cuatro a tres por encima de Roberto. Óscar pudo sentenciar, pero erró ante el cancerbero, y Pablo Nozal no paró de alentar a los suyos pensando que aún era posible. Y casi, porque en la última jugada hubo una concatenación de infortunios para los alfareros: primero Edu disparó al palo, luego Póveda sacó bajo palos un rechazo cuyo despeje quedó en los pies de otro amarillo, que disparó y dio a un compañero con Maxi batido. Lo raro, en verdad, fue que la jugada no acabara en gol.

Con el silbatazo final hubo un resoplido conjunto por parte de los vallisoletanos, que igual que habían merecido más contra el Atlético de Madrid en su última salida, seguramente esta vez debieron perder al menos dos de esos tres puntos que consiguió, puesto que la AD Alcorcón no solo lo dio todo de principio a fin, sino que incomodó mucho a su rival y se mantuvo ambicioso donde otros habrían bajado los brazos. A buen seguro jugando así en otros partidos puntuarán. De esa forma, al Pucela le costará,