De DH5 a la élite

Pequeños pasos, sueños grandes

Jose Arnaiz, años atrás jugador de DH5 con el Real Valladolid, deslumbra en Barcelona después de asomar en la élite como blanquivioleta

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El talaverano marcó gol en Murcia en su primer partido con el primer equipo culé, quemando otra etapa con la que muchos futbolistas sueñan 

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"El balón le llega al lado izquierdo -su predilecto-; sería injusto decir que cae. Lo hace con metros, como le gusta. El toque ligero con la zurda le permite acomodarse el esférico hacia el pie derecho, el natural. Con este la esconde al rival, se la aleja, y se la deja franca para su disparo. Y le pega con todo el alma. Fuerte. Duro. Abajo. Al otro palo, al izquierdo, al que trata de llegar el portero. Sin éxito. El grito sagrado se exagera. No es gol, es un golazo, dicho por aquellos que no le conocían como una exclamación de sorpresa. Como acostumbra, se lleva el dedo a la boca. Para ti, Jose Jr"

El vello se eriza a quien le ha visto crecer. Nervioso al inicio, en una primera mitad en la que otros acapararon el balón y los focos, nunca dudó. Ya no. Fueron otros los tiempos en los que la confianza quebró y pensó no llegar. Poco después de dar el salto al fútbol profesional procedente de una División de Honor vivero de talento más que de consagración. Para muchos es el final, cuando debiera ser el principio, otro paso, acaso. Diecisiete goles en dos temporadas en aquel -este- Grupo V amenazaron con no ser nada después de que un técnico (un buen técnico) le infravalorara.

Hoy la medalla se la cuelgan muchos; unos en medios, otros en la sombra. Pero como recordaba el entrenador Rubén Albés a colación de aquella que nadie le reconocía, el fútbol el suyo; padre, con permiso del carnal, no hay más que su juego.

"Han pasado apenas un par de minutos de la primera acción, pero él lo vuelve a intentar. Digne se la da en una situación comprometida, a la tibia, más que a la bota. A trompicones, el balón va al suelo. La superioridad numérica es del rival: hasta tres le enciman. Pero la superioridad moral es suya: escorado, en la raya que limita el área grande con la pequeña, hace girar su ruleta en un gesto técnico precioso, aunque no afortunado, pues el guardameta está enfrente y esta vez no culmina con gol. No importa, ya tiene el suyo. Las entrevistas y las portadas (alguna había acaparado los días antes) aseguradas"

Jose siempre fue un jugador tímido y con la sonrisa de un niño. Culminado el salto al filial, procedente del Real Valladolid de División de Honor, sufrió una lesión que le puso las cosas tan difíciles como su entrenador, su entorno (el de este) y su contrato. No era época de bonanza, pese al ascenso. El descenso del primer plantel a Segunda la campaña anterior obligaba a hacer recortes como el que se llevó por delante a su compañero y paisano Fran Adeva, con el que venía de jugar en la UD Talavera y a quien en el pasado había captado también el que fue su técnico en su primera campaña en Anexos.

"¿Jose ya entrena?" era una pregunta habitual al inicio del curso. Luego la mirada se perdía, como él, viéndole ejercer en los entrenamientos como lateral derecho o central. Pese a aquellos errores, continuados (quien esté libre de cometerlos que tire la primera piedra) acabó jugando en el que fue su debut en Segunda B. Y marcando algún gol. Pero tan desencantado que quiso arrojar la toalla. No le dejaron, y qué suerte que fue así y que le convencieron para seguir. Para él, pero también para su equipo, al que ayudó a mantenerse echándoselo a las espaldas en muchos momentos y marcando doce goles que indicaban su capacidad para ser decisivo.

No es de extrañar que Paco Herrera tardase bien poco en decirle aquello de "estás en mi equipo". Con aquella misma sonrisa que regalaba cuando era parte del juvenil o del Promesas, el talaverano conocido hoy como Arnaiz encarnó la fe, pero sobre todo la ilusión de un estadio, Zorrilla, necesitado de referentes. No lo fue mucho tiempo por un final ya conocido: cuando la grada ansiaba todavía corear su nombre, que fuera el estilete, el canterano convertido en ídolo después de superar varias adversidades, llegó el FC Barcelona y se lo llevó. Antes escuchó el "Jose, quédate", pero no podía. Siendo sinceros, ¿quién diría que no? 

El de esta semana en la Nueva Condomina es un pequeño paso, pero a la vez el cumplimiento de un sueño grande. Uno compartido por muchos, sin ir más lejos, por cada futbolista que se ejercita y juega cada fin de semana en aquel quinto grupo de la División de Honor que le alumbró el camino. Y qué más dan las penurias de después, ya estás aquí, 'Josito'.

"Jose en Valladolid, Arnaiz en Barcelona; y qué bonito. Allí donde los sueños se terminan de hacer grandes se le conoce por el apellido; donde estos empezaron, únicamente por el nombre. Como familiar. Porque siempre será nuestro. Nuestro Jose"