Jª 30.- Real Valladolid 4-0 Colegios Diocesanos

Se le apagó la llama al Colegios Diocesanos

El conjunto abulense salió goleado de Los Anexos y culminó su descenso a Liga Nacional

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El Real Valladolid no dio opción a su rival y su último soplido, esforzado y ambicioso, le permitió sellar la tan ansiada cuarta posición

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El Colegios Diocesanos necesitaba un milagro para conseguir la salvación, y no se dio. Por su religioso origen cabía pensar que podía contar con un favor divino, pero no estaba el Real Valladolid por la labor de otorgarle libre albedrío. Y al final todas las velas fueron pocas, y al final se apagó la llama de los abulenses en el Grupo V de la División de Honor. Buena parte del partido la pasaron poniendo una mano delante para mantener el fuego vivo, pero el último soplido blanquivioleta, de esfuerzo y una ambición, la de ser cuartos, terminó suponiendo el punto y final.

En honor a la verdad, nunca dio la sensación de que pudiera ser de otra manera. Aunque los chicos del Diocesanos salieron muy intensos, se encontraron con un rival que no le fue a la zaga y que desde el minuto uno, en la tónica habitual de la temporada, quiso para sí el esférico. Lo quiso y lo tuvo, y lo movió rápido, de lado a lado y de atrás hacia adelante, hacia la zona de tres cuartos como lo más cercano a la puerta visitante en un principio, porque los de Iván Lastras se defendían bien y no concedían en exceso. Así, en los primeros minutos solo dos tímidos disparos blocados de Víctor y de Pablito supusieron una ligera amenaza para Alberto Garrosa.

Sucede a menudo, o ya lo dice el dicho, que cuando tanto va el cántaro a la fuente, al final se rompe, y en una buena triangulación que terminó con el esférico en el sector izquierdo del ataque, el centro de Pablito (que volvía al División de Honor para rematar lo empezado) acabó rematado por Adrián Herrera, que marcó el uno a cero. Para entonces el descanso ya estaba cerca, pero daba la sensación de que nada podría frenar a un Real Valladolid que era un vendaval de juego. Así lo indicaba su nivel de concentración y que, para su desgracia, el Colegios Diocesanos apenas había sido capaz de rondar la meta de Javi en un par de saques de esquina sin peligro.

Nada varió en la segunda mitad, ni siquiera conocer los resultados. Si acaso el cuadro abulense pensó en que "y si...", pero su voluntad no pudo con la de los locales, que se veían cuartos y a su goleador como 'pichichi' del grupo. No obstante, no lo buscaron más de lo que suelen ni él intentó lucirse: si el logro llegaba, sería como consecuencia del juego que les había traído hasta aquí. Víctor, otro gran artillero, se encontró con el palo en un remate que culminó su enésima sociedad con Nieto y Pablito por el costado izquierdo. Aunque el canario no acertó, que llegara el segundo parecía cuestión de tiempo.

Lo hizo a balón parado, en una falta lateral cerca del saque de esquina que buscó Adrián. El ariete chocó con el portero, que se quedó tendido, y el esférico, suelto y manso, sin oposición, le cayó a Óscar, que remachó. Pidieron falta sobre su cancerbero los de amarillo, hasta el punto de que Pablo Negro vio la tarjeta de ese mismo color en las protestas. El colegiado no la decretó y, tras unos segundos de duda, el gol subió al marcador. Para entonces, la liga aún no estaba decidida, aunque parecía que el descenso sí. Quedaba pendiente de saber quién era el máximo goleador, con Sergio Moreno y Herrera empatados. La igualdad duró poco tiempo: al 'nueve' le llegó un balón a la espalda de la zaga y no falló en la picadita sobre el portero. Materializada la cuarta plaza, aquello fue meterse en el zurrón la mención.

Los algo más de diez minutos que quedaban era un mayor trámite para el Colegios Diocesanos que para el Pucela, que, aunque respetando, no aflojó. Después de mucho buscar el cuarto, lo halló Rafa, otra vez revulsivo, con el tiempo cumplido. Prácticamente al instante el colegiado decretó el final y provocó la desazón lógica y esperada de los abulenses, que se despiden de la división. Por más que lo intentaran los blanquivioletas sobre el mismo césped, no hay consuelo; no ahora. Aunque el fútbol, cuando una vela se apaga, siempre ofrece un mechero para volver a encenderla. Aunque tengan que pasar varios meses, la vuelta a la competición ya la temporada que viene a buen seguro encenderá otra vez su ilusión.

 

* Foto: Rosa M. Martín