Jª 2.- Real Valladolid 1-3 Real Madrid

Tempranero golpe de autoridad del Real Madrid

El conjunto merengue no fue capaz de imponerse al Real Valladolid hasta el tramo final

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Los blanquivioletas pusieron oposición hasta el final, pero el tanto postrero de Rodrigo sirvió para sentenciar a un rival que no mereció un resultado abultado

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Hablar de partidos decisivos, de golpes en la mesa y otros tópicos después de que tan solo se hayan consumido dos jornadas de la División de Honor puede resultar (y es) exagerado. Sin embargo, esto no es óbice para que algún resultado ya sea positivo o negativo pueda ser considerado como importante. Y si no que se lo pregunten al Real Madrid, que se impuso en uno de los campos más difíciles del Grupo V y donde no había sido capaz de vencer en las dos últimas visitas, en las que cosechó una derrota y un empate. Es el tapiz de Los Anexos uno donde no acostumbran a sumar muchos equipos, menos todavía a vencer. Pero los de Javier Poyatos lo hicieron, no sin sacrificio, cuando no con cierto sufrimiento.

Y es que el Real Valladolid ha cambiado de pelaje, de técnico y a parte de su bloque, pero a las órdenes de Javier Baraja sigue siendo uno de los llamados a estar en las posiciones cabeceras de la tabla, o al menos a ser uno de los principales animadores de la misma. Así lo demostró durante parte del choque, sobre todo en el tramo en el que más a gusto se encontró, en el que dominó y pudo marcar en varias ocasiones. De hecho, solo fue netamente inferior en el tiempo que transcurrió entre el cero a uno y el descanso

Hasta entonces, los blanquivioletas no gozaron de la posesión, y cuando tenía el balón, parecía quemarles, si bien en labores defensivas no sufrieron en demasía. Al cuadro merengue le costaba salir con el esférico jugado debido a la presión alta ejercida por los extremos y los delanteros locales, un hecho que implicó que tuviera que buscar mucho a Pedro. No obstante, las primeras oportunidades llegaron con dos arrancadas veloces de Rafa, que apuró línea de fondo y la puso en ambas ocasiones a un lugar al que nadie apareció. Para el Real Madrid, la primera intentona seria llegó de las botas de Miguel Baeza, que controló con maestría en tres cuartos y desde fuera del área disparó flojo cerca del arco.

Después de la cada vez más típica pausa para refrescarse, en un saque de esquina, apareció Chust como si en lugar de beber agua hubiera comido espinacas. Lo hizo en el segundo palo, solo, pero con una potencia de salto y una calidad en el giro del cuello en el remate que seguramente se habría impuesto en una disputa y el cero a uno habría subido igualmente al marcador. Aquello parecía abrir la veda, porque a continuación los de Poyatos amenazaron más que nunca el arco de David, pero sin fortuna de cara al gol, que buscó otra vez Pedro, si bien el envío se le quedó largo para el disparo.

La balanza se desequilibró al final, como si el Madrid fuera un púgil que aguanta mejor el combate de largo fondo. Y, en el segundo periodo, pasaría lo mismo, aunque el entretiempo sentó bien al Pucela. Así, si en la primera mitad apenas fue capaz de conectar en zonas intermedias ni de encontrar sinergias con sus futbolistas más creativos, la valentía que mostró desde el arranque permitió que se viera el mejor tramo de juego gracias a las conexiones entre Víctor, Dali, Álvarez y Rafa.

De una buena presión de los dos primeros llegaría la ocasión más clara hasta entonces, un error provocado en la salida de Altube (de los pocos que tuvo, sino el único)  que tras una conducción dispararía el canario y ante la cual el guardameta vallisoletano se rehizo despejando a córner. En ese saque de esquina llegaría el empate a uno, con un testarazo de David Gómez inapelable y que desencadenó el acoso de los suyos. Apenas un minuto después, tuvo que ser Chust quien salvó el tanto de la remontada en el preciso instante en el que Víctor iba a disparar a bocajarro.

Pero de ese buen hacer los pucelanos no sacaron provecho y, como se suele decir, quien perdona termina pagando. En una jugada por entonces aislada, que nació en el lado izquierdo del ataque, el Real Madrid hizo la magia del trilero; ahora la ves, ahora no la ves. El balón se movió con velocidad de la zona zurda al sector derecho del campo, desde el cual hubo un centro para la incorporación al segundo palo de Miguel Gutiérrez. Aunque su remate lo sacó David, con este vencido, nada pudo hacer su defensa ante Pedro, que cazó el rechazo y definió bien ante la maraña de piernas que pretendía evitar el uno a dos.

Baraja intentó ganar presencia e intensidad dando entrada a Óscar y Alvi y abrió más al equipo, que, sin llegar a generar un número elevado de ocasiones ni a empujar al Real Madrid hacia el área, sí que dispuso de más posesión y mostró ambición el pos del empate con varias acciones en la frontal que no llegarían a término, pese a la claridad de una en la que el balón le quedó a Baba entre los pies pero sin opción de armar ninguna de las piernas y, sobre todo, de otra en la que Óscar se las ingenió en la media luna para desasirse de la marca y disparar. De nuevo, Altube salvó.

El conjunto madridista para entonces porfió la sentencia a un contragolpe, a poder ser por el lado de Rodrigo, porque había hecho sufrir más a Póveda y a Álex Pérez que Álvaro Martín e Iván a Jairo. Y el atacante paulista, que había canalizado buena parte del peligro de su equipo, y antes había marrado una ocasión precisamente ante Jairo, acabaría por firmar el uno a tres aprovechando ese ímpetu, que llevó al Pucela a encontrarse descolocado cuando la acción inicia en un saque de banda en el otro costado.

El juego murió ahí, o casi, ya que Alvi intentó con una chilena acortar distancias otra vez. Aunque hubiera entrado, seguramente no habría habido tiempo para más, ya que poco después el colegiado silbó y señaló el final, dando carpetazo así a una victoria importante del Real Madrid en un campo en el que se ganan y se pierden ligas. Y es que si bien hay margen de reacción, no suelen ser Los Anexos un lugar propicio para que puntúen otros que no vistan de blanco y violeta (de hecho, apenas nadie lo hizo el curso pasado). Aquellos se quedan con un punto sobre seis, pero con la sensación de haber hecho algo más y algo mejor; lo suficiente para puntuar. Sin embargo, no bastó.

 

* Foto: Víctor Álvarez | Blanquivioletas