140 caracteres de sanción

Cargando...
xxxxxxxxxx

Corre el minuto 89 de partido cuando el delantero cae dentro del área que defiende Carlos. El estadio local, sabedor de que las opciones de ascenso de su equipo corren serio peligro, rompe su silencio y su garganta para reclamar la pena máxima. El árbitro no duda y señala el punto de penalti con la mano extendida y el éxtasis se apodera de la grada. Su equipo acaba de colocarse a once metros de la gloria. Carlos, lejos de protestar la decisión del colegiado, bebe un trago de agua y se coloca bajo la portería. Aplaude haciendo chocar sus guantes antes de abrir sus brazos y moverse con pequeños saltos sobre la línea. De a poco, la zona de la tribuna más cercana al guardameta va congregando a más y más aficionados. Los hinchas locales dedican todo tipo de improperios e insltos hacia Carlos con el objetivo de desestabilizar al portero a la hora de detener el penalti. Un par de escupitajos impactan en su camiseta y una botella de plástico le cae cerca del pie. Respira hondo, contiendo sus ganas de reprochar a la grada su comportamiento incívico. El ariete toma carrera, el colegiado hace sonar su silbato y arranca la cuenta atrás. Los puñetazos en la valla publicitaria aumentan notablemente. Carlos se lanza hacia su derecha y atrapa el esférico en un alarde de reflejos. Acaba de firmar la mejor venganza posible para los inadaptados que han convertido un espectáculo deportivo en un bochorno para el portero.

sadfg

En el vestuario, Carlos se ha convertido en el héroe de la noche. Sus compañeros le abrazan, le felicitan y todos juntos saltan entonando la canción que siempre suena tras sus grandes victorias. La temporada ha sido larga y el objetivo acaba de cumplirse matemáticamente: permanecerán un año más en la categoría de forma agónica. Carlos, embriagado por la locura y festividad del momento, saca su móvil de la bolsa de deporte, agarra un balón y grita: "¡García, hazme una foto para el Twitter!". Coloca su flequillo, posa y brinda la mejor de sus sonrisas a la cámara. Comprueba que el producto es de su gusto y le agradece a García los servicios prestados con un abrazo y un beso en la mejilla. No se lo piensa ni un solo segundo y aprieta el botón que reza Twittear. Guarda el móvil y se pierde entre el vapor de las duchas incluso con la ropa de juego.

 

Dos años más tarde...

El rendimiento profesional de Carlos roza la excelencia. Se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la progresión de su equipo hasta el punto de haber sido incluido en el once ideal de la categoría. Su continuidad en el club es toda una quimera, pues ha recibido una irrechazable oferta para cambiar de aires. Los medios de comunicación especulan con su marcha, precisamente, al
conjunto al que detuvo el penalti que le situó en todos los mentideros futbolísticos. Sin embargo, lo que pretendía ser un fichaje de éxito para el club en cuestión se ha convertido en una cuestión de estado. ff8a94bf61ac404a9240a711bacadf75.0

 

Los aficionados locales han rescatado, dos temporadas más tarde, el tweet que Carlos nunca debió escribir. La prensa hace eco de la situación y el club recibe decenas de quejas y peticiones para que el fichaje no se produzca. Mientras, Carlos recibe una llamada telefónica que le hace cambiar el gesto. Es su representante. El traspaso ha sido cancelado por motivos extradeportivos. Carlos no da crédito a la situación mientras lo único coherente que se le ocurre hacer es echarse las manos a la cabeza y lamentar aquel calentón que ya había olvidado y que no le sirvió para absolutamente nada. Jamás hubiera podido imaginar que el gol más cruel de su carrera se lo marcaría él mismo.