La Roja, La Nuestra

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Austria 2008. La Roja, La Nuestra. Esa selección sin estilo, sin dirección, sin una gran historia detrás que hiciera presagiar que llegaríamos a lograr el título. De la mano del mejor hombre en estas lides, Luis Aragonés, quien creyó en la calidad y en el coraje de un grupo de futbolistas que ansiaba hacer algo grande por su país, se puso firme y alzó al cielo de Viena el título continental. El estilo de juego estaba claro y definido. España gozaba de un protagonismo absoluto sobre el terreno de juego convirtiendo al balón en el principal artífice de su fútbol. Con un portero con el don de acertar en las acciones más complicadas, con una defensa fuerte y contundente, con dos medioscentros tácticamente impecables y con todo el talento del mundo en zona de tres cuartos del campo rival, ¿qué podíamos perder? Esa pregunta resonó en la mente de 23 futbolistas que a base de no encontrar respuesta alcanzaron un objetivo histórico. Dos años después llegó el Mundial de Sudáfrica. Era 2010 y en el banquillo se encontraba un entrenador contrastado y continuista del estilo que nos llevó a lo más alto, que nos había llevado a la gloria. El resultado es por todos conocido. La Roja, La Nuestra, conseguía su primer campeonato del mundo en una agónica final contra Holanda.

 


Con aquellos dos títulos consecutivos nos creímos invencibles, intocables. Olvidamos por un momento nuestra esencia, de dónde veníamos y no valoramos que el orgullo mal gestionado solo puede conducir al fracaso. Y eso es lo que ocurrió en la Copa Confederaciones de Brasil. Era la final soñada, ante los anfitriones. Nuestro marcado estilo sucumbió ante un equipo que quiso más, se esforzó el doble y puso la pierna más dura en todos los contrabalones. En definitiva, la Canarinha pujó con mayor fuerza por el triunfo.

La Roja, La Nuestra, estaba formada por los mismos jugadores que a su vez practicaban el mismo fútbol para generar en la hinchada las mismas sensaciones. Pero en el fútbol ni siempre gana Italia ni siempre son tan largos los noventa minutos en el Bernabéu. En el fútbol gana quién más trabaja y quién más lo merece. Incluso a veces llega a sonreír la diosa fortuna. Dice el sabio refranero futbolístico que se aprende más de una derrota que de una victoria. Nosotros lo hemos experimentado en primera persona. En Brasil entendimos que nunca hay que dejar de lado la ambición por ganar y que el camino del éxito está en el trabajo y en la teoría de que tu próximo rival es tu mayor rival.

Así viajamos a Polonia hace cuatro años. El sacrificio volvió al vestuario y La Roja, La Nuestra, volvió a hacernos sentir orgullosos de su esfuerzo. Allí logramos algo inédito hasta la fecha: el tridente Eurocopa - Mundial - Eurocopa. Sentimos orgullo, alegría, euforia. Ver a nuestro país peleando de tu a tu contra grandes equipos, siendo superior sobre el verde y creyendo en todo momento en su capacidad. Volver a poner los pies sobre la tierra nos ayudó a reencontrarnos con un éxito que aún recordamos sonriendo. Llegamos al Mundial de Brasil con la vitola de campeones de Europa. No pudimos comenzar peor. La goleada encajada ante la Holanda de Van Gaal nos hizo saborear las hieles de la venganza. Aquel partido supuso algo más que tres puntos, ya que resultó ser el detonante de un cambio de estilo que permanece a día de hoy en nuestra selección. Chile finiquitó el trabajo de la Orange y el partido ante Australia despertó los fantasmas del pasado, reviviendo aquel intrascendente España - Bulgaria en el Mundial de Francia.
Precisamente fue en el país galo donde se ha cerrado el ciclo. Quizás esta Eurocopa haya llegado demasiado pronto para una selección que vive una pequeña revolución. La temporada para los equipos españoles ha sido muy larga y ha supuesto que los nuestros llegasen a la cita europea con el pilotito de la reserva encendido. Es posible que las decisiones del cuerpo técnico no hayan sido las adecuadas, quizás hayan sido impopulares, pero más allá de eso trasciende del grupo una falta de ilusión a la hora de afrontar retos importantes.  Este equipo necesita un proyecto ilusionante, conducido por futbolistas que estén dispuestos a remar en la misma dirección. Contamos con jugadores de gran calidad, con la mejor pareja de centrales de Europa, con porteros de altísimo nivel, con auténticos jugones en el centro del campo y con goleadores contrastados, pero necesitamos volver a creer, que la gente siga confiando en que volveremos pronto a lo más alto. Recordemos de donde venimos y hasta donde hemos llegado. Soñad con un futuro prometedor. Yo confío en La Roja, La Nuestra.