Kamchatka en Polonia: "Varsovianos"

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El apodo que más me ha emocionado en la visita del Museo del Levantamiento de Varsovia ha sido el de "Varsovianos", siempre unidos a niños o mujeres que se convirtieron en héroes de una ciudad en guerra de la que sólo quedaban sus cimientos. Ciudad amada hasta la muerte por sus vecinos, arrasada por nazis, traicionada por soviéticos, olvidada por los aliados. Sesenta y tres días de horror y de esperanza de aquel año de 1944 en el que miles de vecinos sin apenas armas lucharon por ser libres.&

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El apodo que más me ha emocionado en la visita del Museo del Levantamiento de Varsovia ha sido el  de "Varsovianos", siempre unidos a niños o mujeres que se convirtieron en héroes de una ciudad en guerra de la que sólo quedaban sus cimientos. Ciudad amada hasta la muerte por sus vecinos, arrasada por nazis, traicionada por soviéticos, olvidada por los aliados. Sesenta y tres días de horror y de esperanza de aquel año de 1944 en el que miles de vecinos sin apenas armas lucharon por ser libres.Su gesta, obviada por el régimen comunista durante casi medio siglo, es hoy una realidad en uno de los mejores museos sobre la II Guerra Mundial de Europa. Visita obligada para los amantes de la historia y de la verdad. Varsovia, la amable Varsovia ha borrado los restos de una de las peores destrucciones de la historia de Europa.


Escribir sobre Varsovia es hacerlo de una ciudad levantada edificio a edificio después de la segunda gran guerra y además hacerlo bajo un régimen totalitario, el comunista, que le dio más importancia a borrar cualquier vestigio del pasado que a la estética o a la historia de la capital de un reino permanente repartido. La restauración de la Stare y Nowa Miesto, el corazón del casco histórico, así como las avenidas Nowy Swiat o Krakowiskie Przedmiescie que le sirven de entrada, responde al profundo amor de los varsovianos a su ciudad, el antiguo y el actual, el de siempre. Pasear por Varsovia y más por estas zonas es hacerlo por una ciudad hermosa, cómoda, tranquila y para ser una gran urbe, silenciosa; es pasear por una ciudad amable.

 

Los recuerdos solo afloran visitando los numerosos monumentos levantados en honor de los héroes del Levantamiento y que sólo pudieron mostrar al mundo a partir de 1989. Uno de los que más nos impresionaron fue, curiosamente,  uno de los más pequeños. Situado en las murallas entre la Ciudad Vieja y la nueva, la estatua de un niño con un casco de adulto y una ametralladora recuerda a todos los niños que quedaron atrapados entre los escombros de su ciudad y participaron activamente en su defensa: "El Pequeño Insurgente". A los pocos minutos de pisar la Plaza del Castillo uno olvida que hace apenas 70 años en ese lugar y en muchos kilómetros a su alrededor no había nada en pie salvo dos edificios de la plaza de la Ciudad Vieja. La muerte y el terror eran dueños de la capital polaca. Hitler cumplió su amenaza e hizo desaparecer Varsovia de la faz de Europa.

LAS LECHERIAS

Saliendo por la Barbacana de la Stare Miasto encontramos un lugar que merece la pena visitar antes de que se desvirtúe del todo. Los bares de leche son típicos en Polonia, sufragados en parte por el municipio (desconozco si su origen está marcado por las incesantes guerras, resistencias y ocupaciones o régimen comunista), son una especie de cantinas en las que si no hablas polaco señalas con el dedo lo que quieres  y por muy pocos zlotis puedes comer dignamente. Posiblemente sean las comidas más flojas del viaje pero con toda seguridad las mas baratas ( entre 3 y 4 euros). Los paisanos apuntan a que su nombre se deriva de la imposibilidad de encontrar una gota de alcohol en ellos. El Barbacana Bar cuenta con todos los elementos intactos de la que fuera la Polonia del este: trabajo especializado, llevado por unas cuantas señoras, muy serias, que no se dejan hacer fotos y que han pasado toda su vida entre aquellas paredes. Todo en orden y mobiliario muy austero, solo el sol radiante que se cuela por las ventanas y unas plantas le dan algo de alegría al comedor. Sí, por supuesto que hay turistas, pero también solitarios y viejos clientes que toman sopa de remolacha con un chusco de pan.

Siguiendo las indicaciones de nuestra guía llegamos a iglesias, a la catedral, plazas y rincones escondidos de la zona más visitada de Varsovia. Supimos que la Sirenita guerrera de la Plaza de la Stare Miasto es el símbolo de Varsovia y que también gracias a la televisión se ha convertido en nuestro reloj de la Puerta del Sol para los polacos. La Sirenita y su viejo con barba poblada y dorada tocando el acordeón a su lado se ha convertido en una de las fotos del viaje para todos los que llegamos hasta aquí. El calor sofocante que ha hecho en Polonia durante los primeros días de viaje ha hecho que los ayuntamientos habiliten duchas improvisadas con mangueras y han permitido el uso de algunas fuentes públicas para refrescarse, cosa que hemos hecho en el estanque que esta frente al Vístula y que te permite ver el skyline del casco viejo de la ciudad.


Gracias a un bono diario (15 zlotis) hemos podido recorrer la ciudad en metro, bus y tranvía. En la estación de metro de Centrum se encuentra el mastodóntico centro cultural del país, el rascacielos que regaló la Unión Soviética a la ciudad, denostado por los varsovianos pero inseparable ya de la fotografía de Varsovia. Y por supuesto, acabar el día en dos de los espacios verdes que más ayudan a desconectar de los dramas históricos que uno debe asumir si desea visitar este país, los Jardines Sajón y Lezniky. En éste último al atardecer y entre la espesura de lo árboles aparecen gamos y ciervos para darle todavía más encanto a los paseos, anfiteatro y palacios del parque.

Federico Chopin es Varsovia y Varsovia es Federico Chopin, su museo es unos los más visitados de la ciudad, te puedes sentar en bancos callejeros saboreando un lody en cucurucho mientras escuchas su música simplemente poniendo el trasero en ellos. Tanto amaba el compositor su ciudad que pidió que una vez  muerto su corazón fuera trasladado a ella y reposará en una pequeña urna en la Iglesia  de la Cruz Sagrada. No es cuestión de superar al gran maestro pero sí es cierto que un poquito de mi corazón se queda aquí. Con los "Varsovianos".