Kamchatka en Polonia: Auschwitz-Birkenau

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Pocas palabras, muchas imágenes, terror. Zapatos apilados, miles de zapatos, muchos de niños. Ropas abandonadas de millones de ultrajes, maletas con nombre y direcciones sin retorno. Muñecas rotas. Toneladas de pelo arrancado a la dignidad humana. Cientos de personas recorriendo el infierno y el silencio es roto solo por los trinos de los pájaros ¿Podrían oírlo ellos, habría trinos entre tanta miseria?

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No hay sonrisas, el rostro de los visitantes podría ser el de cualquiera de los que con sus fotos nos recuerdan el horror vivido en estos barracones de ladrillo rojo hace 75 años.

Pocas palabras, muchas imágenes, terror. Zapatos apilados, miles de zapatos, muchos de niños. Ropas abandonadas de millones de ultrajes, maletas con nombre y direcciones sin retorno. Muñecas rotas. Toneladas de pelo arrancado a la dignidad humana. Cientos de personas recorriendo el infierno y el silencio es roto solo por los trinos de los pájaros ¿Podrían oírlo ellos, habría trinos entre tanta miseria?


Los árboles y el césped crecen frente a los edificios de ladrillo rojo. El sol, la luz de esta tarde de verano mitiga la frustración y aleja a los niños con pijama de rayas, pero no te aparta de los recuerdos que te han dejado tantos documentales y películas. Estando aquí eres capaz de olerlos, de tocarlos. Estar aquí es estar en el centro de los holocaustos de millones de personas, es estar en el centro del Holocausto de la Humanidad. Cada explicación, cada rostro fotografiado, cada centímetro de Auschwitz es una lágrima contenida. La única vía de escape para los  visitantes hubiera sido su muerte. A solas frente a los muros de alambre y las torres de vigilancia gritas hacia dentro mientras te encuentras con alguien que llora con vergüenza por la vergüenza.

 
No sé si está bien o mal, pero después de recorrer los barracones de la muerte encontrarme con la antesala de la cámara de gas fue una liberación, el final del camino de la angustia y de la impotencia. Después de los guetos, las vejaciones, las torturas y los trenes de la barbarie solo deseé ante el único horno crematorio que se conserva que los que pasaron aquella última puerta lo hicieran sabiendo que allí empezaba la paz, su paz. Así fue como me sentí yo unos metros más allá de la chimenea que no dejó de echar humo durante años.

Auschwitz-Birkenau se encuentra a sesenta kilómetros de Cracovia en donde Óscar Schindler salvó la vida a 1200 judíos.

El campo de concentración de Auschwitz-Birkenau se puede visitar de forma gratuita sin guía a primera hora de la mañana y durante toda la tarde para mantener el espíritu de no lucro de algo que no lo puede tener. Solo visitando un lugar como este podremos evitar que la historia se repita. Sé que escribo una utopía.

Fotos: Bruno Poblador