Kamchatka en Polonia: Una de cal y otra de arena

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En todo viaje hay lugares que te enganchan y otros… que te hacen perder alguno de los escasos días que tienes a tu disposición. Lo he escrito muchas veces, pero lo hago una vez más: En este blog no pretendo que variéis destinos o modifiquéis rutas, solo trasladar mis sensaciones de los sitios que visito.

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En todo viaje hay lugares que te enganchan y otros… que te hacen perder alguno de los escasos días que tienes a tu disposición. Lo he escrito muchas veces, pero lo hago una vez más: En este blog no pretendo que variéis destinos o modifiquéis rutas, solo trasladar mis sensaciones de los sitios que visito.

Zakopane, escaparate de montaña.

Las referencias que teníamos nos hicieron recorrer poco más de cien kilómetros hasta Zakopane, allá donde Polonia deja de ser una amplia llanura para convertirse en alta montaña. Demasiado tiempo, más de tres horas de carretera, para plantarnos a los pies de los Montes Tantras, en la frontera con Eslovaquia y ver como esta mínima ciudad se ha convertido en un centro turístico demasiado exagerado. Zakopane aprovecha los Cárpatos para ser la capital del invierno polaco, las actividades deportivas con la nieve como reclamo han cambiado un pueblo que se “inventó” un arquitecto, Stanislaw Witkiewicz , con sus originales casas de madera. Sus construcciones, a finales del siglo XIX y principios del XX, llevaron hasta ese lugar a músicos, escritores y artistas y se convierten, junto con el resto de edificios, en un motivo de visita en la actualidad. Las casas y la iglesia de madera y el cementerio, uno de los más originales del mundo por sus tallas, también de madera en lugar de piedra, para homenajear a los difuntos. Muchas lápidas han sido sustituidas por tierra que alberga pequeños jardines e incluso árboles.

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El paseo por su calle más comercial que se eleva hacia la montaña convierte a Zakopane en un parque de atracciones , demasiado pastel, demasiada tienda, demasiada firma internacional… Nada que certifique que en estas tierras viven los “montañeses”. Dícese de ellos que son las gentes que mejor guardan las tradiciones, religiosas, sociales y gastronómicas de Polonia.

Afortunadamente, Chocholow (sí se llama así, qué le vamos a hacer) calmó nuestras ganas de mezclarnos con los verdaderos lugareños. Este pueblo del valle a menos de veinte kilómetros de Zakopane pudimos comprobar que la hora de la misa de tarde sigue siendo sagrada, hijas que llevan en coche a sus ancianas madres hasta la iglesia. Abuelas con pañuelos de colores en la que cabeza que miran con curiosidad al grupo de “morenos” que han caído en su pueblo. Tractores y algún carro tirado por bueyes cargados de heno que servirán de alimento para el ganado en los durísimos inviernos. Vacas por la calle de vuelta al establo y casas de madera típicas de la zona que más que bellas la catalogo de originales.

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Pueblo tranquilo e ideal para hacerse una mejor idea de la zona y de los “montañeses”. Si además eres capaz de meter los pies en el río Dunajec que surca el valle y que nace en los míticos Cárpatos, el viaje hasta esta tierra sí habrá merecido la pena.

Torun, la ciudad de Copérnico

En el otro lado de la moneda, Torun, ciudad en la que paramos a comer y descansar en nuestra etapa Varsovia-Gdansk. No estaba señalada en nuestro mapa, rebuscando algún punto de interés en el mapa para aprovechar el tiempo apareció esta maravilla del Gótico y cuna, nada más y nada menos que de Nicolás Copérnico.

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Nuestro compañero de viaje, el Vístula, la convierte en una de las ciudades de su cauce, en una de las más hermosas. Después de una comida en una especie de Lechería ( http://poblafm.com//cuadernos-de-viaje/kamchatka-en-polonia-amable-varsovia/ ), más sofisticada, frente a la parte trasera de la casa del científico, dimos un amplio paseo por la Stare Miasto, desde su catedral de los San Juanes hasta la iglesia franciscana de Santa María. El rojo del ladrillo gótico es su color, calles medievales en una ciudad medieval, patrimonio de la Humanidad. Su plaza mayor con el edificio del ayuntamiento, entre otros, es para saborearlo durante horas. Igual que su paseo por las murallas, paralelas al río más famoso de Polonia, el Wisla (Vístula) hasta su Torre Torcida.

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Un descubrimiento inesperado, maravilloso hasta en sus estatuas de animales rodeando la plaza, por tener tiene hasta dulces, uno de los más típicos de Polonia, el piernik, panes de especias y miel.

Espero que las fotos hagan justicia a Torun.

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