Un "Grupo Salvaje", con un guion demasiado salvaje

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“Si se mueven, mátalos”. Con esta frase tan sencilla y tan fiel a la temática de la película, comienza The Wild Bunch, más conocida como Grupo Salvaje. Cuando terminéis de verla, estoy seguro de que más de uno estará de acuerdo conmigo en que es la cita más idónea para definirla.

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Grupo Salvaje es eso. Muerte, muerte y más muerte. Claro que, rara vez, se ve una película de Sam Peckinpah sin este ingrediente de por medio. Sería como entrar en un restaurante italiano y ver que en las mesas de los comensales no hay ninguna pizza. O visitar Londres y no ver el Big Ben. En fin, situaciones tremendamente inusuales por no decir imposibles. Y es que si hay algo que asocia la gente cuando oye el nombre de este director, es la violencia. Claro que de un tipo del cual dijo Peter Bart, productor de la Paramount, que iniciaba el planteamiento de sus películas contando los cadáveres que iba a haber en estas, ¿cómo "pistolas" no lo vas a hacer?

Con este párrafo, pese a tener un toque irónico, no pretendo desprestigiar la carrera de Peckinpah. El director californiano, podrá gustar más o menos, pero nadie duda de su importancia e influencia en el cine. Sobre todo a la hora de tratar la violencia, la cual convirtió en sinónimo de innovación, como bien se puede observar en esta cinta. Fue, además, una figura clave en la transición que se dio en Hollywood en la década de los 60. Esa en la que mitos como Ford, Hawks y Wilder, por citar a algunos, comenzaron a hacer menos películas, dejando paso a una nueva generación que culminará en los 70 con la aparición de los Scorsese, Spielberg, Coppola, etc.

Imagen de https://www.choisirunfilm.fr

Sin embargo, en lo que respecta a Grupo Salvaje, termino de verla con una sensación extraña. Noto como que me ha faltado algo. Ese “algo” que muchas veces utilizamos para hablar de una experiencia que calificamos como incompleta y que en mi caso hace que le vaya a llevar la contraria a todos los que lo han calificado como el “mejor western de todos los tiempos”. Yo si algo he visto en mi vida, son películas del oeste, y siento decir que no sólo no es el mejor, sino que dentro de un supuesto top 10, estaría más cerca del final que del principio. Y aun así tendría que sudar lo suyo para estar ahí.

Se trata de una gran película con grandes cualidades, pero echo en falta algunas cosas que sí tienen otros títulos de este género y que marcan la diferencia. Una de ellas es la banda sonora, la cual no digo que sea mala, pero no es ni mucho menos perfecta. A pesar de que a lo largo del film podemos disfrutar de alguna que otra bella canción mexicana como “La golondrina”, para mí, no está a la altura. Creo que si hubiera contado con alguna partitura de Elmer Bernstein o Ennio Morricone, la cosa hubiera cambiado notablemente. Otro elemento clave en cualquier gran western y en cualquier gran película, sea del género que sea, es el desarrollo del guion. Y en este caso creo que flojea bastante. De hecho, diría que es lo que ha causado que la película no me haya terminado de convencer. Es decir, todos entendemos de qué va la trama. Un viejo oeste que ya no es el que era, unos tiempos que cambian, unos forajidos que pertenecen a un mundo ya casi extinto, etc. No hay problema con eso, es un argumento que se ha visto muchas veces y que ha dado pie a fantásticos films. La cuestión es que no empatizo con los protagonistas. No siento su lucha interior, ni sufro con ellos. Podría añadir también que se hace muy poco hincapié en el pasado de la banda, ya que apenas sabemos de dónde vienen y de lo que planean hacer (aparte de robar, claramente) pero no lo haré porque me encuentro con un hecho que considero más grave. Y es el siguiente:  si no llega a ser porque los bandidos están interpretados por actores que llevo viendo desde los 5 años, el gran tiroteo final me hubiera dado lo mismo. Lo que en mi opinión es sinónimo de que algo no se ha hecho del todo bien. Por ejemplo, todo lo contrario, me sucede con otra película suya, a menudo olvidada a la hora de citar westerns, pero que considero una joya del género: Duelo en la Alta Sierra. También es de corte crepuscular, la diferencia reside en que en esta sí que logro conectar al cien por cien con Joel McCrea y Randolph Scott. Entiendo su historia, su pasado, por qué hacen lo que hacen, quienes fueron y quienes son ahora y, por supuesto, me duele ver el resultado de ese duelo final que tan infravalorado ha estado siempre. Estos requisitos que acabo de nombrar son vitales para mí y personalmente no he dado con ellos a la hora de ver The Wild Bunch.

Por su parte, Grupo Salvaje tiene a su favor que el elenco, liderado por el siempre monumental William Holden (da igual de lo que haga este hombre) está muy bien elegido. Sin obviar la presencia de grandes secundarios como Ernest Borgnine y Ben Johnson, cuyos nombres siempre están ligados a grandes películas. Algo más flojo está Robert Ryan, al que yo creo que no se le dedica el tiempo suficiente. Por otro lado, evidentemente es imposible no elogiar la labor de Peckinpah, a quien hay que alabar la valentía de introducir en el plano técnico esa cámara lenta y esos enfoques tan rápidos de los rostros de los protagonistas. Recursos que prácticamente no se habían utilizado antes de 1969 y que son los culpables de que esas escenas de acción sean muy difíciles de olvidar para el espectador. Sin duda, estamos ante un excelente film de visionado obligatorio, con grandes actores y espectaculares escenas de acción, pero con varios aspectos sin pulir en relación al desarrollo de los personajes.

En definitiva, considero que se trata de un guion demasiado “salvaje” para ganarse el apodo de “mejor western de todos los tiempos”. Ese honor está reservado para escasas películas y siento decir que, bajo mi punto de vista, ninguna está dirigida por Sam Peckinpah. Para entrar en esa categoría, os recomiendo que primero echéis el ojo a alguna del "hombre del parche", conocido también por autodenominarse como el hombre que simplemente hacía películas del oeste, el gran John Ford. 

 

Foto de portada: ©Warner Bros