Un trocito del Camino

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(De mis cuadernos de viajes... experiencia en el Camino de Santiago)

Carrión de los Condes, 30 de enero de 2002

Once de la mañana de un día como los anteriores precioso, ideal para afrontar una nueva etapa que nos llevará más allá del Páramo, según nos han contado uno de los momentos más duros del Camino de Santiago.

                                         Salida de Ítero del Castillo bajo la niebla

El retraso se acumula más en estos papeles que en nuestras piernas y mente.
Vuelvo a las los pueblos que recorrimos ayer después de uno de los amaneceres más maravillosos que he visto en mi vida. Ítero del Castillo fue el punto de partida de una jornada en la que bajo la niebla cruzamos el Puente de Fitero, límite de las provincias de Burgos y  Palencia y que lanza nuestra ruta a pequeñas y sufridas poblaciones, silenciosas a cualquier hora del día. Sólo el ruido lejano de algún tractor que trabaja las tierras y el de las aves surcando los cielos rompe nuestra soledad y la tranquilidad del brumoso Pisuerga.

Ítero de la Vega primer pueblo palentino, Boadilla del Camino, el del rollo jurisdiccíonal más antiguo de Castilla y del reparador bocadillo de jamón, son el ejemplo del porqué esta aventura es tan especial.
En algún momento se llega a pensar que son los paisanos de estos lugares  los que están necesitados de ver a los peregrinos y no al contrario, especialmente en el crudo invierno castellano monótono y cerrado en el contacto con otros semejantes. No sabemos quiénes estamos más solos y aislados en el esfuerzo si los caminantes o los vecinos en sus hogares. Salen a tu paso, todos te aconsejan, todos te animan, todos te guían aunque la flecha amarilla esté delante de tus narices. El Camino en enero es bien diferente para los que en verano ven a cientos de peregrinos a diario.

 La mañana sirvió para atravesar estos pueblos y para seguir la senda paralela al Canal de Castilla, obra de la Ilustración española cuando el de Panamá era un sueño imposible.
Hasta Fromista todos los colores se reducían a tres, el azul del cielo, el marrón de las tierras y el verde de los primeros brotes de los cereales que se convertirá en amarillo castellano en verano. Nada más llegar y frente a la iglesia de San Martín nos hemos arreglado los pies y hecho planes en torno al trayecto vespertino plagado de problemas porque no sabemos dónde se puede dormir, algo habitual en estas fechas en el Camino palentino.
Las piernas comienzan a flaquear, incluso después de habernos metido para el cuerpo un par de huevos  con patatas y chorizos fritos en el Restaurante "Van dos" (...)

                                                       Amanecer en el Camino


(...) A trece kilómetros de Carrión de los Condes, a cinco de Villalcázar de Sirga está Revenga de Campos. No se nos ocurrió ni preguntar, sólo una tienda para comprar unas cervezas y brindar por la ruta ya realizada justo enfrente de su iglesia de San Lorenzo. La tarde cae y comienzan a aparecer las sombras de la noche, mi mente no funcionaba, cada paso era el peor momento de mi vida y sin ningún albergue cerca mi suerte sería tirarme en la cuneta y dormir. Todo era negro, en lo físico y en lo anímico, cuando el Camino nos ofreció un nuevo milagro traducido en la aparición de Luis, hostelero que en  Villarmentero de Campos nos ofreció dormir en el único lugar posible a diez kilómetros a la redonda. Sólo teníamos que recorrer dos kilómetros , sí apenas dos mil metros que para mí en ese momento se transformaron en veinte, doscientos, dos mil, el bloqueo mental podía con el físico.

Todavía no sé cómo pude llegar al hostal de Villalcázar de Sirga, cómo pude dar un paso tras otro con calambres en las piernas sin abandonarme, el suelo era tan apetecible, tan hermoso, los mojones tan escandalosamente cómodos... Llegué al Hostal Infanta Doña Leonor ( http://www.hostal-infantaleonor.com/ ) y me he levantado y he desayunado y aunque siento pinchazos en los gemelos el Camino nos espera...