Manu Hervás, el ribereño más vikingo

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Entre otras cosas, pasó por la cantera del Atlético de Madrid, jugó en las categorías inferiores de la selección españoles y debutó con el Getafe en Copa del Rey. Sin embargo, el fútbol le llevó por Austria, Hungría o Noruega, donde se retiró como futbolista y comenzó su carrera como entrenador. Después de casi una década en tierras vikingas, se marcha a Grecia para trabajar como segundo entrenador en el Atromitos.

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Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptas que tengan dudas;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo.

Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera;
si puedes llenar el implacable minuto
con sesenta segundos de diligente labor
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella.

Este poema de Rudyard Kipling refleja fielmente el estoicismo y la firmeza que ha tenido que vivir nuestro protagonista a lo largo de toda su carrera. Siempre tuvo muy claro que quería centrar su vida alrededor del fútbol, primero como jugador y ahora como entrenador. Nunca lanzó campanas al vuelo ni tampoco se vino abajo cuando las cosas no le salieron como él esperaba. Siguió soñando sin dejar que los sueños lo dominasen.

Nacido y criado en Aranjuez, soñó con dedicarse al fútbol y este lo llevó hasta Austria, Hungría y Noruega. Es en este último donde ha estado viviendo casi una década hasta este verano y donde colgó las botas hace menos de cuatro años. No obstante, sigue muy vinculado al mundo del fútbol desde entonces, tanto que ahora se dedica a ser entrenador. Jugó en las categorías inferiores del Atlético de Madrid, debutó con el Getafe e incluso llegó a enfundarse la camiseta de la selección española. Él es Manu Hervás.

A sus 34 años disfruta del fútbol de otra manera, aunque con la misma pasión. Hasta este mismo verano fue entrenador del equipo sub-16 del Viking FK, uno de los equipos con más historia de Noruega. Antes de eso, tenía varias funciones dentro del cuerpo técnico del Raufoss, entre ellas ser segundo entrenador del primer equipo y primer entrenador de la plantilla juvenil. Sin embargo, este verano ha decidido cruzarse Europa de un lado a otro y embarcarse en una aventura en Grecia como segundo entrenador del Atromitos.

Un noruego más

Tras varias experiencias en diferentes lugares de Europa, la vida le llevó hasta Noruega. Los dos últimos años ha residido en Stavanger, una ciudad costera situada al sudeste del país escandinavo, ya que de allí es el Viking: “Estuve viviendo cerca del estadio -siempre he intentado vivir cerca del trabajo- e iba caminando y tardaba 10 minutos; hacía vida en el estadio y en los campos de entrenamiento”, comenta.

Manu Hervás trata de dar un pase en su etapa con el Admira Wacker

Pero no solo se enamoró de Stavanger, sino del país al completo, del que habla maravillas: “Noruega es precioso gracias a su naturaleza (montañas, ríos, fiordos…), vives en constante paz mental y eso se agradece”. Igualmente, explica que “hay una estructura y una gran organización que vela por el interés de todos los ciudadanos”. Echa de menos España, sobre todo por su gente, las costumbres y la comida. Aun así, tiene fuerzas y energía para seguir adelante con su sueño. Por eso mismo ha decidido acompañar al entrenador austríaco Damir Canadi en su vuelta al estadio Peristeri.

Nada más retirarse como futbolista, el Raufoss noruego decidió apostar por él para el cuerpo técnico del club. Y la cosa no le fue nada mal. En 2017 perdieron el playoff de ascenso a segunda división contra el Notodden, pero al año siguiente hacían una temporada espectacular y acababan ganando la liga y ascendiendo. Después de los éxitos cosechados con el Raufoss, el Viking FK se interesaba por él para entrenar al equipo sub-16, con el que obtuvo éxitos de forma inmediata, ya que en su primera temporada ganó la liga y logró el subcampeonato de copa.

A Stavanger llegó para continuar con su preparación como técnico. Valora muchísimo la apuesta que hizo por él el club, ya que existían numerosos candidatos para el puesto que ha ocupado hasta este mismo verano. De todas formas, él tiene muy claro que la carrera de entrenador es de fondo y que debe seguir trabajando duro para abrirse paso en un mundo tan exigente y competitivo como es el del fútbol: “Me puse una meta al retirarme que consiste en llegar a ser entrenador de Liga de Campeones en 10 años”.

Para ello, no deja de intentar aprender de los mejores, aunque admite que no solo se fija en “entrenadores que ganan muchos títulos y tienen un gran nombre”, sino también en aquellos que puedan asemejarse a su perfil, ya que para él es fundamental “saber quién es uno como entrenador”. Por eso mismo, no duda en citar a Unai Emery como uno de sus referentes a la hora de entrenar.

Siempre bien rodeado durante toda su carrera

A pesar de que se retiró hace unos cuatro años, Hervás se estuvo preparando mentalmente desde mucho antes porque sabía que no iba a ser fácil después de prácticamente toda una vida dedicada a jugar al fútbol: “Me retiré siendo muy consciente de qué era lo que quería y el paso correcto que tenía que dar, así que las últimas temporadas que jugué hice un ejercicio mental muy fuerte para prepararme cuando llegara el momento”. Lo que más echa de menos es el contacto diario con sus compañeros en el vestuario, pero no siente nostalgia por lo anterior, ya que se siente fuertemente identificado con el rol que ejerce actualmente como entrenador.

Su carrera como futbolista fue muy intensa en todos los sentidos y, por encima de todos los éxitos que logró, valora el hecho de haber materializado su sueño de llegar a ser futbolista profesional. No obstante, recuerda con orgullo momentos concretos como su debut con el primer equipo del Getafe, su fichaje por el Atlético de Madrid o las convocatorias con la selección española.

Así pues, Manu Hervás se codeó con bastantes futbolistas que ahora mismo se encuentran en la élite del fútbol español y europeo. En las categorías inferiores de la selección española coincidió con jugadores de la talla de Raúl García, Nacho Monreal, Jurado o Javi García. También recuerda con gran cariño a Roberto Jiménez o a Mario Suárez, con los que compartió vestuario en el club rojiblanco. Además, afirma que disfrutó muchísimo jugando al lado de Patrik Ježek en el Admira Wacker, futbolista checo que desarrolló la mayor parte de su carrera en Austria.

No solo tiene buenos recuerdos de compañeros, sino también de rivales. “En categorías inferiores recuerdo tener una gran relación con Antonio Barragán; siempre nos abrazábamos cuando nos cruzábamos y nos teníamos un gran aprecio y una admiración mutua”, revela el exfutbolista madrileño. Tuvo la suerte de enfrentarse a Messi en un torneo sub-18 en Nerja poco antes de que la superestrella argentina despegase en el FC Barcelona, por lo que tiene totalmente claro que la superestrella argentina es el mejor jugador al que nunca se ha enfrentado.

Hervás recibe con sus pupilos del Viking FK un caluroso pasillo

En cuanto a los entrenadores que ha tenido, Manu Hervás nombra claramente a dos: Michael Laudrup y Pepe Murcia. Ambos representan dos etapas muy importantes, como su paso por la cantera colchonera y su estancia en el club azulón: “Me impactó mucho Laudrup cuando estuve en el Getafe, obviamente por ser quién era y también por su manera de gestionar las situaciones; me parecía brillante en eso”. En cuanto al técnico cordobés, destaca de él su exigencia, ya que consigue exprimir al jugador y sacar su mejor versión.

De debutar con el Getafe a triunfar en Austria

Cuando estaba en el Getafe llegó a estar convocado para un Athletic Club-Getafe en San Mamés. Era la jornada 29 de la temporada 2007-08 y el equipo azulón estaba dirigido en esa época por Michael Laudrup. A pesar de no saltar al césped en ese partido, Hervás sí que lo hizo unos meses antes en un partido de Copa del Rey ante el Burgos. El canterano colchonero disputó los últimos ocho minutos del partido de ida ante el Burgos en el que el equipo madrileño venció por 0-1.

El exfutbolista recuerda con ilusión ambos momentos y señala que “existe un margen muy estrecho entre una carrera de 400 partidos en primera y otra de unos registros más bajos”. No obstante, ambos momentos fueron tremendamente importantes para él en aquel momento y se acuerda de ellos con absoluta nitidez. “El día del partido de Copa del Rey siempre tuve la seguridad de que llegaría el debut porque el míster lo había dejado caer durante la semana”, afirma. Asimismo, del partido ante el Athletic tampoco se olvida: “Lo de Bilbao lo recuerdo como una gran experiencia desde que se publicó la convocatoria, el viaje, la previa, el bus al estadio, el ambiente en San Mamés…”.

A pesar de estar a punto de cumplir su sueño con el Getafe, el club azulón no le ofrece jugar en el primer equipo, así que Hervás decidió irse fuera de España. “Tuve muy claro que quería marcharme y probar en el extranjero (otra cultura, otro idioma, otra manera de hacer las cosas…); quería crecer en todos los aspectos de mi vida y viajar a otro país creía que era lo idóneo”. A través de un agente español que residía en Linz, decide viajar hasta Austria para jugar en el Admira Wacker, pese a disponer de ofertas de otros equipos austríacos como el Altach o el Lustenau y de diferentes equipos extranjeros como el Maccabi Tel Aviv israelí o el Hammarby sueco.

El tiempo dio la razón al ya ex del Getafe, pues logró ganar la segunda división austríaca con el conjunto südstädter en el año 2011 y ascender a la máxima división del fútbol del país centroeuropeo. “En el Admira se respiraba fútbol y había una apuesta muy grande de los dueños por ascender, aunque lo viví con una mezcla de sensaciones, ya que no tuve mucho protagonismo en el ascenso y eso siempre te deja un sabor agridulce”, reconoce.

Después de año y medio en Austria, hace las maletas y se muda a otro país. Aunque no se marcha muy lejos, ya que recala en Hungría. Ficha por el ZTE, equipo de la ciudad de Zalaegerszeg. A pesar de que el club magiar venía de disputar algunas eliminatorias de las fases previas de Europa League y Champions League los años anteriores, esa temporada todo se tuerce y acaban descendiendo de la Nemzeti Bajnokság I, la primera división del fútbol húngaro. “Fue duro, tenía tres años de contrato pero llegué a un acuerdo para rescindir después del descenso, pues no me sentía bien allí y no quería seguir tan solo por lo económico”, declara.

Manu Hervás en un partido con el Gjøvik-Lyn

En ese momento no duda en cambiar de aires casi por completo para acabar en Noruega. Después de la mala experiencia en el ZTE, confiesa que llegar al país escandinavo fue un bálsamo para él, ya que necesitaba sentirse querido y valorado. Primero ficha por el Valdres FK, donde permanece cerca de un año y medio, para luego terminar jugando en el Gyovik-Lyn, club en el que estuvo cuatro temporadas antes de retirarse. Aun así, Hervás notó desde el principio la diferencia de categoría entre Austria y Hungría y Noruega futbolísticamente, por lo que trabajó mirando más hacia el futuro: “Fui muy consciente de que había dado un paso atrás en lo deportivo con respecto al nivel del que venía, lo que requería un ejercicio mental fuerte de aceptación, así que lo planteé de tal manera que me impulsara en lo que quería hacer tras retirarme y empecé a formarme como entrenador a la vez que jugaba”.

Un talento precoz para jugar y para entrenar

Su trayectoria le ha ayudado a crear muchos recuerdos de todas las experiencias que ha vivido a lo largo de su carrera. Su paso por Viena le marcó tanto que aún sigue en contacto con varios jugadores de la época en la que jugó en el Admira Wacker como Stefan Schwab, Mihret Topcagić o Simon Manzoni. Aunque de Hungría no se llevó una experiencia demasiada grata, recuerda la intensidad con que se vive el fútbol en ese país a través de los aficionados y de clubes tan históricos como el Ferencváros, el Honvéd o el Újpest. En Noruega, sin embargo, es donde ha caído de pie. El ribereño ha sentido un cariño inmediato desde que llegó a tierras vikingas, algo a lo que le da un gran valor y una de las razones por las que ha estado ocho años allí.

No obstante, Manu Hervás comenzó dando patadas al balón en el pueblo más meridional de la Comunidad de Madrid e incluso llegó a jugar con los tres clubes más importantes del municipio arancetano. Con 16 años debutó en Tercera División con el Real Aranjuez, club que esta temporada 2020-21 que se avecina volverá a disfrutar de dicha categoría. De ahí dio el salto a la cantera colchonera, aunque puedo haber acabado en su eterno rival: “Era muy joven cuando debuté y tuve sitio con el Aranjuez en Tercera División y eso llamó la atención de Real Madrid y Atlético de Madrid; estuve probando en ambos y al final sentimos que el Atlético apostó más por mí”.

Su llegada al club rojiblanco le abrió las puertas de las categorías inferiores de la selección española y llegó a disputar hasta cinco encuentros con el combinado sub-19. “Verme ahí con los mejores jugadores del país representando a un equipo como el Atlético fue una gran alegría, algo inolvidable”, rememora. Manu Hervás siguió trabajando duro para alcanzar la meta con la que siempre había soñado: ser jugador de fútbol profesional. Señala que en su etapa de jugador se fijaba mucho futbolistas como Ayala, Helguera o Xabi Alonso, jugadores con los que compartía posición en el terreno de juego, y de los que comenta que “eran jugadores de mucha inteligencia táctica y que sabían estar en el lugar correcto a la hora correcta”.

¡Quién le iba a decir al niño que veía con admiración a Hierro, a Laudrup o a Guardiola que acabaría haciendo carrera a lo largo de Europa! El niño fue creciendo y el sueño se iba acercando y alejando a partes iguales. A base de esfuerzo y tesón el arancetano se está haciendo un nombre en el mundo del fútbol europeo, tal y como él anhelaba desde pequeño. Su llegada al Atromitos es una prueba más de ello y seguramente tan solo sea un paso más en la dilatada carrera que le espera. Porque todo llega para quien sabe esperar y no se cansa de la espera.