Copa de las Regiones de la UEFA

Mis "tercerolas", mi Selección

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Esto no tiene que ver con identidades, banderas, o cualquier otro sentimiento apegado a mi condición de madrileño, aunque reconozco que esos sentimientos de orgullo existen. Este artículo tiene que ver con mi fútbol, el de toda mi vida, el de la regional, el de la Tercera y el de los maravillosos "tercerolas" que en cada entrenamiento y partido demuestran que son futbolistas en mayúsculas.  Estas líneas no tienen que ver con vestir la zamarra que nos representa a los madrileños, tiene que ver con la camiseta que les representa a ellos, al resto de jugadores del Grupo VII de Tercera División,  el fútbol que representa a los entrenadores, directores deportivos y presidentes que trabajan muchas horas para hacer milagros en sus equipos o en repartir el dinero para que sus clubes con más potencial puedan soñar con el ascenso de categoría. Vestir la camiseta de las Siete Estrellas representa a periodistas que como yo ha cantado goles en campos de regional como si fueran los de la final de una Champions, los goles saben igual para todos.

La Selección de Madrid requiere de ese cariño porque es el exponente del fútbol del que hemos salido todos los que ahora mismo estamos leyendo estás líneas,  lo poco o mucho que hayamos hecho en nuestras vidas vestidos de corto o con el micrófono por delante se lo debemos a él, al fútbol de tierra, aunque ahora esté vestido de hierba artificial.  Representa a Marcos Jiménez, un entrenador que abrió muchas a puertas a técnicos preparados, pero muy jóvenes para que les dieran oportunidades, él demostró que el siglo XXI había llegado al fútbol más modesto. Marcos demostró que la vocación no estaba reñida con el buen trabajo.

Entiendo que cada entrenador mire el bien de su club y el de su futuro, en los ceses no se hace balance ni se tiene en cuenta la buena intención. Entiendo que la convocatoria de un jugador, siempre de los importantes, implique más minutos de trabajo para él, más riesgos de lesión. Entiendo que no haya seguros, ni recambios para contratiempos.  Lo entiendo todo tanto que este artículo no es un reproche a las muchas limitaciones con las que está entrenando el cuerpo técnico de la Real Federación de Fútbol de Madrid, a las muchas ausencias, a las muchas lesiones de última hora, a los “cutres” partes médicos que se presentan. De verdad, no lo es.

Este artículo es un canto a mi fútbol y al vuestro, es un sentimiento expresado en líneas para que esos jugadores sepan que me siento, nos sentimos, muy orgullosos de ellos, de sus dos entrenamientos en un día, de su esfuerzo en su club y en el de nuestra selección. Del taxi parado, de los novillos en la facultades, de las ganas por formar parte de un grupo que no es el suyo.

He hablado con muchos de aquellos que a finales de los noventa jugaron la primera edición de la Copa de las Regiones y lograron ser Subcampeones. Gran parte de ellos, después de décadas jugando sobre la tierra del fútbol madrileño recuerdan aquellos partidos, aquella Final, como lo más bonito que han vivido gracias al balón. Se sintieron casi héroes. Muchos trabajaban en talleres, bares, comercios… pocos habían salido de Escuelas porque no existían, todos eran como yo maravillosos “albañiles” del fútbol. Mi Selección. Todos tocaron algo que está ahí esperando, la gloria.