TORRES, LEGANÉS Y EL CALDERÓN. LA HISTORIA SE REPITE

Dieciséis añitos

Garitano estrenó a tres de sus cinco refuerzos invernales

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Competido este último derbi madrileño del Vicente Calderón. La ambición de FernandoTorres que marcó un doblete fue lo mejor de su equipo. Enfrente un Leganés orgulloso que nunca perdió la cara al partido.

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Tarde realmente desapacible para que el Vicente Calderón disfrutase de su último derbi madrileño. Atlético de Madrid y Club Deportivo Leganés no jugaban en la orilla del Manzanares desde hacía dieciséis años, concretamente desde mayo de 2001. Por aquel entonces, el equipo colchonero, en el que un jovencísimo Fernando Torres comenzaba a tener sus primeros minutos con la primera plantilla, buscaba volver a la Primera División tras haber descendido dos años antes. Y es que el delantero de Fuenlabrada debutó precisamente contra el CD Leganés, y en el día de ayer, dieciséis años más tarde, cierra su particular círculo, reencontrándose con el gol ante el equipo que debutó. 

El Leganés no estaba en el día de ayer para pensar en acontecimientos del pasado. Asier Garitano quería que sus jugadores hiciesen un partido serio, el cual les sirviese para recuperar la confianza perdida después de ocho encuentros sin ganar además de para llegar en un buen momento a la recta final del campeonato, en la que tienen duelos directos con los equipos de abajo. El preparador vasco cambió el esquema para enfrentarse al Atlético de Madrid y utilizó a cinco defensas: Víctor, Bustinza, Insúa, Siovas y Rico, situando por delante a Erik Morán y a Unai López, mientras que el peso ofesnivo se lo dejaba a Álex Szymanowski, Bueno y Guerrero. Eran titulares tres de los cinco últimos refuerzos invernales del Leganés (Siovas, Erik y Bueno) mientras que los otros dos fichajes (Tito y El Zhar) verían el partido desde la grada. También se lo perdía un Rubén Pérez que con cuatro cartulinas amarillas era un riesgo que disputase el partido de ayer. 

Simeone era consciente del nefasto primer tiempo que había hecho su equipo entre semana ante el Barcelona, por lo que les pidió que desde el principio saliesen enchufados para, así, encarrilar cuanto antes el partido. Dicho y hecho, al cuarto de hora su equipo ya iba por delante en el marcador. El gol era obra del protagonista, un Fernando Torres que se aprovechaba del rebote de Herrerín tras pararle un penalti a Griezmann. El gol del Niño fue fruto de una consecución de ocasiones malogradas por parte de los jugadores colchoneros que acosaban al Leganés pero que no enconraban la manera de llegar al gol, hasta que Siovas en una acción llena de torpeza, se comió el recorte de Torres y le derribó dentro del área. Felicidad colchonera. 

Como bien reconoció en sala de prensa el Cholo después el partido, su equipo tras el gol de Torres se relajó y permitió al Lega ganar metros y acercarse con centros laterales y remates desde fuerava la portería de Moyá. El partido se abría y entre que el Atlético no tenía el balón pero no tampoco sufría y el Leganés no lo tenía pero no sabía cómo hacer sufrir a su rival, el timepo fue corriendo a medida que no paraba de jarrear agua sobre el verde de un Manzanares que apura sus últmos minutos en Primera División. En este impasse de tranquilidad que dejaba el encuentro, entre el no quiero de unos y el no puedo de otros, emergió la figura de Alberto Bueno. El ex del Rayo, mejor jugador del Leganés ayer, era el único que de verdad creía que se podía dar un susto al relajado Atlético de Madrid. El canterano madridista situado como segundo delantero tras el chino Guerrero, no paraba de pedir la pelota, al pie, en carrera, recibía de espaldas, presionaba la salida del Atleti, agunataba la pelota para dar tiempo a que sus compañeros salieran pero por desgracia, no encontró a nadie que llevase la blanquiazul y tuviese tantas ganas de hacer daño, en el sentido, como él.

Lo más destacado tras el descanso fue que dejó de llover. El cielo encapotado con el que empezamos el partido dejó paso a uno de color más negro, haciendo ver que la noche de Madrid ya caía sobre el Manzanares. Entre tanto, el aficionado atlético se cuestionaba acerca de Saúl Ñíguez. Desaparecido en combate desde aquella mágica eliminatoria ante el Bayern de Munich, el todocampista de Elche ha dejado de ser aquel jugador protagonista para empezar a pasar por los partidos sin pena ni gloria. Simeone también se lo preguntaba y al término de los 45 primeros minutos le dijo que se quedase en la caseta. Por el 8 entró Correa que le bastaron cinco minutos para hacer más que Saúl en la primera mitad. Corría el minuto 51 cuando el argentino filtraba un pase a Torres entre central y lateral del Lleganés para que el Niño encarase a Herrerín y le picase la pelota. 

A partir de ahí poca historia como se suele decir. El Atlético de Madrid atacaba cuando quería y el Leganés atacaba cuando el Atlético quería. Lo que pasa es que el Atlético no queria nada más que ver correr el timepo. Mientras que Garitano daba descanso a alguno de sus hombres pensando en el trascendental partido de la semana que viene en Butarque ante el Sporting de Gijón, la grada de preferencia seguía los cánticos del fondo sur alentando a su equipo de cara al partido de vuelta de Copa del Rey en Barcelona.