Nuestro compañero Víctor Gallo recuerda para PoblaFM un 15 de mayo

Getafe CF: Volver a empezar

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Obrador Goya

Volver a empezar
El 15 de mayo es una fecha que habla de sueños. El sueño que se acababa para el Getafe, hace cuatro años, en aquella calurosa tarde de Sevilla. Estaba escrito que aquel camino de gloria, que duraba ya 12 largos y maravillosos años, no volvería. 

Aquellas imágenes se nos clavaron en el alma, y no se nos olvidarán, porque ayudan a mirar a través del prisma que nos da la perspectiva. La boca que se le secaba a Esnáider, animado por el doctor sin consuelo, y que intentaba, con ayuda de la saliva, articular alguna palabra a los suyos. Solo abrazaba a los jugadores y mascullaba aquel cruel destino. Scepovic, arrodillado en el suelo, al borde del llanto, las lágrimas de Álvaro Vázquez, con ese gesto que nos acerca sin remisión a la cara de un niño inconsolable, la mirada perdida de Pedro León o la rabia de Cala. 

De fondo, como banda sonora del dolor y la emoción, se entremezclaban los gritos de ánimo de los 2.000 azulones que vivieron en directo el fin de un sueño, y el "a segunda" del estadio del Betis, que hace que todo aquello se recuerde de forma más nítida, si cabe. Curiosamente, en ese mismo césped y paralelamente, el capitán del Betis, Jorge Molina, recibía una placa en reconocimiento a su enorme trayectoria con la camiseta verdiblanca y era manteado. 

Parece un cuadro, un storyboard repleto de giros del destino y secretos de guión de una tragedia. Luego hubo silencio en aquella esquina teñida de azul, solo interrumpido por algún grito de rabia. Hay silencios que dicen más cosas que las palabras. La gente tenía claro que el sueño, no solo se acababa de terminar, sino que además, no volvería. 

Aquel viaje de vuelta es también inolvidable, porque la gente que estuvo hasta el final, es el germen de lo que se vive hoy en el Coliseum. Casi como homenaje a ellos, porque haber estado allí es el tributo que nos regalaron a todos. El primero, al presidente. A Sevilla viajó un Ángel Torres y a Getafe volvió otro. De allí se trajo la admiración y el cariño por su gente y, de paso, a Jorge Molina. 

Es verdad, que hasta que llegó José Bordalás, aquella herida permaneció abierta varios meses pero, con su llegada, el círculo se terminó de cerrar. El resto de la historia ya la conocen. Aquella tarde en Sevilla no se acabó un sueño, porque solo se acaban cuando se deja de soñar. Aquello fue simplemente, volver a empezar.