Athletic 0-0 Getafe

Punto de retorno

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Salir sonriente de un bautizo en una catedral, cuando eres pobre y eres niño, constituye un éxito difícil de alcanzar; ya se puede contar a los nietos. Otra tarde de verano, evocando la única primera vez, el Getafe ha podido disfrutar de una segunda primera vez. Dos veces uno, contra lo establecido, no necesariamente tiene que ser dos. Más bello y merecido es alegrarse el domingo tarde, refrescarse el agosto, disfrutando de la segunda primera vez: es segunda porque lo es, es primera porque la primera, habitualmente, no se cuenta ni como vez. En esta ocasión, a diferencia de la derrota hace trece años en La Romareda, el Getafe ha arrancado sumando en San Mamés. Se sabe más y sabe mejor.

Ya no es novato, aunque lo sea. Al mando de Bordalás, que sí lo es aunque no lo parezca, el Geta plantó su carácter nada menos que en La Catedral, mítico escenario en el que, de conocido que ya es, ni Pichichi le sale a saludar. En el mismo Bilbao, allí donde cuenta victorias en plural, el conjunto azulón firmó un arranque prometedor: empate con sabor a victoria tras no haber estado tan lejos de ganar. Tan cerca estuvo que fue el único equipo que consiguió batir al portero rival; resulta que en el año 2017 no importa que un balón entre en la portería si el árbitro no lo ve así. En esta Liga tan nuestra, autodenominada por muchos como la mejor del mundo, no hay hueco para la tecnología: su lugar lo ocupa la estulticia.

Así, con Bergara batiendo a Kepa sin premio, estrenó el Getafe su nueva andadura en Primera. Bien plantado, tardó en sacudirse los nervios unos minutos en los que no sufrió porque el Athletic arrancó al ralentí. Como era de esperar, dejó el balón y el mando a los locales, que tampoco fueron capaces de hacerse con el control. Muniain creaba, Williams fallaba y el Geta se estiraba. Así fue hasta el descanso y después de él, en el que el buen inicio visitante a punto estuvo de tener premio en un remate a bocajarro de Cala que desvió providencial Kepa.

Todo lo que se estaba creando, como suele suceder en el fútbol, se deshizo en un instante. Álvaro Jiménez, con amarilla y cuyo partido llevaba pidiendo a gritos el cambio no menos de un cuarto de hora, fue expulsado en el 66 dejando a un superior Getafe en inferioridad. La equivocación del extremo cordobés, alimentada por la de Bordalás, dejó cojo a un equipo que ya sólo se concentró en no encajar. Esa labor también la hizo bien, ya que ni la superioridad de los leones ni la entrada de Aduriz lograron mover el marcador.

El partido, además de para empezar a quitarse el óxido del verano, sirvió para entrever sensaciones. Bien Guaita, con alguna que otra intervención salvadora. Impecable Djené, que en su estreno no se vio superado por la gacela Iñaki Williams. En la sala de máquinas carburó más Bergara que Fajr, y se echó en falta a Portillo al lado de un Gaku que parece que va a dar grandes tardes de fútbol. Molina, capitán por imposición divina, acusó la imprecisión de Amath y Álvaro en el último pase. La entrega, que viene impuesta, no se cuestiona.

Tan denostado, un 0-0 puede alegrar un domingo. Empatar fuera de casa nunca es malo. Hacerlo en San Mamés como debutante es muy positivo; si se le añade que se terminó con diez jugadores, la valoración roza el sobresaliente. Hay que seguir puliendo un equipo que casi está de pretemporada, pero sumar para empezar lo firmaba un manco.

Sí, el Getafe ha vuelto: sin perder, a pesar de ser inferior, ni ganar, a pesar de haber marcado un gol más que el contrario. A fin de cuentas, ganar no es tan fácil como parece.