Levante 1-1 Getafe

Suman y siguen

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No hace un año desde que Levante y Getafe firmaran un empate a uno tras el que se empezó a dibujar lo que meses después todo el mundo pudo ver. Entonces cabeza de ratón y hoy cola de león, poco ha cambiado la naturaleza de ambos, más allá de haber subido un peldaño en calidad, cualidad indispensable para sobrevivir en esta selva en la que ninguno agacha la cabeza. De dos conjuntos tan duros y competitivos ha salido otro empate a uno que, otra vez, vuelve a empezar a trazar lo que pueden llegar a hacer.

No fue vistoso el arranque, con una serie de entregas fallidas y balones perdidos por ambos equipos que atragantaron el aperitivo. En ausencia de fluidez, como es habitual, reinaron las faltas y las tarjetas; más repartidas las primeras que las segundas, en las que se adelantaba sin remedio el Geta. Fue a partir del último tercio del primer tiempo cuando se desniveló también el juego para los visitantes, que se hicieron con el control apoyados en la movilidad de su línea ofensiva. Se acercaron tanto al gol que, tras dos ocasiones de Amath y Jorge Molina, lo consiguieron en una preciosa combinación colectiva que mandó a la red el propio Ndiaye. No pilló de sorpresa que, aún así, el marcador llegara al descanso empatado a cero; fue en Bilbao donde aprendieron los azulones que el hecho de meter un gol legal no implica que éste suba al marcador. El árbitro anuló el gol por fuera de juego no habiendo fuera de juego y el Getafe se fue al descanso empatando cuando debía ir ganando. Nada es lo que parece.

Con la reanudación despertó un Levante que andaba medio noqueado. La entrada de Bardhi, su jugador con mayor calidad, cambió el paisaje. El dominio pasó de bando; el peligro, no. Antunes, que es una joya pulida con forma de lateral izquierdo, cogió el balón en su zona y se presentó a la altura del área rival para servir un balón en boca de gol a Molina. Se adelantó el defensa levantinista y llegó un córner del que salió un remate al palo de Cala y, un despeje después, un zapatazo de Fajr para reventar la red de Raúl. El gol del marroquí, bordeando la hora de partido, fue el que marcó Gaku ante el Barça con dos metros menos de altura. Cuando aún estaban los azulones recreándose con la repetición del golazo, apareció Bardhi para construir la réplica: pase a la espalda de Damián para que Luna pusiera en bandeja el empate a Morales. A partir de ahí, continuó la intensidad y se esfumó la efectividad. El Getafe se asustó y se acomodó; el Levante llegó mejor al final, pero no lo consiguió. 

Y se repitió la historia. Hay, a pesar del ambiente de continuidad, algunos ligeros cambios, como que Portillo tenga que demostrar ahora lo que ya demostró la pasada campaña. Diez segundos de partido, los que tardó en hacer de un toque de primeras un pase en profundidad, le bastaron para refrescar la memoria y para replantear la idea de que tenga que ser él uno de los elegidos para calentar asiento junto a Bordalás. Filtra pases, rompe líneas, se ofrece, la aguanta, la guarda y la entrega; por encima de todo ello, es suplente habitual. Es de justicia destacar su partido; ya se sabía que con Portillo es más fácil jugar al fútbol. Con Djené, por el contrario, es más difícil que lo haga a gusto el rival. Se está empezando a perder la cuenta de las exhibiciones que lleva; el togolés parece un robot al que hayan programado para llegar al balón una décima antes que el contrincante. Son sus condiciones las que le hacen destacar; es su entrega la que le hará grande. Larga vida al cíborg de Dapaong.

Fueron estos sólo dos peones destacados de otra gran partida de ajedrez que ha vuelto a acabar en tablas. Empate entre meritorios, dos equipos más duros de lo que a priori podría indicar su condición de recién ascendidos. Darán que hablar y harán sufrir. Suman, pero sobre todo siguen.