La pelota no quiso entrar

El Naval paga caro su ineficacia

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Hay tardes en las que el balón parece que no quiere entrar, por más que lo intentas, que llegas una y otra vez, de cabeza, de remate de segunda jugada, o hasta de chilena incluso; da igual, porque parece que ese día no toca. Y eso precisamente fue lo que sucedió en el partido entre CDA Navalcarnero y Barakaldo, donde el equipo visitante necesitó muy poco para llevarse los tres puntos de uno de los campos más difíciles del grupo dos de la categoría de Bronce. 

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No recuerdo ningún partido en el que el equipo de Juanjo Granero recibiese un gol de una forma tan rápida, pero como se suele decir, siempre hay una primera vez para todo. Apenas habían transcurrido cuatro minutos desde el pitido inicial cuando se pone un balón perfecto al área del conjunto local, que acierta a rematar Amondarain. El balón fue tan perfecto, tan medido que costó visualizar si había remato el central visitante o había sido gol en propia puerta de Jesús. A partir de este momento, el CDA Navalcarnero supo reaccionar, quiso ir a por el partido para empatarlo cuanto antes, y quizás a veces las prisas pudieron demsiado cuando en realidad se necesitaba un poco más de pausa, y sobre todo, jugar más el balón por abajo.

Comenzó el Naval a llegar hasta la portería de Gaizka, y lo haría primero mediante dos saques de esquina que remataría Barbosa yéndose fuera por muy poco. Unos minutos más tarde en una gran y rapísima transición del Naval se volvía a llegar a portería contraria, siendo Gonzalo en un balón que sale rechazado el que realiza un remate de volea que iba a gol, de no ser porque es estrelló en la espalda de uno de los centrales del Barakaldo el cual tendría que tirarse al suelo para impedir que el balón fuese a portería. El Naval realizaba muy bien las transiciones defensa-ataque, enviando el balón hacia una y otra banda para que Cifo y Barbosa tratasen de poner centros al área para el posible remate de Adan, Chema, o contemplar la opción de enviar un pase atrás para la llegada en segunda línea de jugadores como Gonzalo o Joya. Destacable también las incorporaciones por banda izquierda de Jose Antonio, quien en más de una ocasión llegaría hasta campo rival para tratar de crear superioridad numérica.

Con estas ocasiones generadas por un Naval que trataba de echar abajo el muro defensivo bien formado y organizado por David Movilla nos marchábamos al descanso, y en la reanudación de la segunda parte el guión seguía siendo exactamente el mismo pero conforme transcurría el tiempo se veía un Naval más volcado al ataque, y esto propició que el conjunto visitante dispusiese de una ocasión muy clara para poner el segundo gol en el marcador, pero por suerte Lejárraga estuvo magistral para blocar el disparo de Alain, quien quizás tuvo demasiado tiempo para pensar y decidir la manera de superar al portero local. Granero comenzó a mover el banquillo, siendo el primer cambio el de Gonzalo por Joaquín (la grada enloqueció literalmente cuando estaba calentando en la banda). Las intenciones estaban claras, se arriesgaba a perder equilibrio y capacidad organizativa con Gonzalo para dar paso a un jugador más en ataque, eléctrico, imprevisible, y con una mayor movilidad en las zonas próximas a portería. 

Con ello el Naval empezó a llegar con mayor intensidad si cabe, pero habría de nuevo algún susto más en forma de contraataques por parte del Barakaldo, que bien por mérito de Lejárraga o por demérito de los atacantes del Barakaldo. Los dos cambios siguientes (Garci entrando por Barbosa, y Manu por Moha) lograron que el equipo ganase en amplitud y profundidad en ataque, ya que por un lado Garci supo moverse muy bien cayendo a banda para dar pases en profundidad, a la vez que moverse entre líneas para atraer a los defensores y dejar más espacio en los pasillos laterales que eran ocupados por Cifo, Adan, o Joaquín. Seria por último Moha, llegando al final del partido, quien tendría la oportunidad más clara con una chilena en el área que, de no ser por repelida por Gaizka (grandísima actuación también del portero visitante), hubiese supuesto sin duda el gol del empate. 

Fue una pena que no se consiguiesen los tres puntos, y quizás para ello sea necesario tratar de jugar más el balón, pero lo que es también indiscutible es que los hombres de Juanjo Granero dan la cara en cada partido, se dejan la piel en cada jugada, en cada instante del juego, con pasión, ilusión, ambición por conseguir estar cada vez más cerca de una salvación que es el objetivo primordial. Un objetivo al que pueden acercarse más si ganan al Sestao River la próxima semana, rival directo que pelea por salir de esos puestos de descenso y que viene de conseguir una importantísima victoria a domicilio contra el Sanse, por lo que fácil precisamente no será. Y en dos semanas recibirán al Arenas de Getxo, actualmente novenos pero con un equipo que dará que hablar. Lo bueno del Naval es que no habla, directamente pelea sabiendo que no hay encuentro fácil, pero que eso no impide soñar que se puede.