Getafe 3-0 Huesca

A dos pasos de la gloria

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FERRETERIA ORTIZ 1200 200

Diez meses después de iniciar el camino, el Getafe ha llegado a la meta en buena posición: jugará el último partido de la final por el ascenso rodeado de su gente. En el Coliseum, ese que ha vuelto a recordar a aquel junio de 2004 cuando entre Gica y Uranga empezaron a hacer del sueño realidad. Trece años después, como si no hubieran pasado trece meses desde que se hundió, el Geta vuelve a sentirlo. Se puede intentar, pero no conseguir: es imposible describirlo con palabras. El que lleva cuarenta y cuatro partidos, uno detrás de otro, sufriendo por llegar al 24 de junio, se queda trabado antes del 18. Hay experiencias que no se cuentan, se viven.

Tras noventa minutos conviviendo con el sufrimiento no quedaba nada del Getafe ni del Huesca que se vieron en la ida. En esta ocasión fueron los azulones los que llevaron la iniciativa y los oscenses los que lo intentaban cuando podían. Con la lección aprendida de la ida, Bordalás no se dejó, en esta ocasión, comer la tostada en el medio. Dominó y llegó el Getafe, que se adelantó antes del descanso con un gol de estrategia. Fue Cala el que llevó la tranquilidad a las gradas, un jugador que volvió para hacer una temporada excepcional. El lebrijano juega al fútbol, defiende, marca y le da tiempo para repartir valores; su reacción ante el escupitajo de Iñigo López es el legado de un ejemplo de deportista. Otros, en cambio, no pueden decir lo mismo.

El panorama al descanso no era del todo malo: 1-0, sin sol y con calma. Podía ser mejor, y así que fue. Tras la reanudación sólo hubo un equipo, que decidió hacer de esos cuarenta y cinco minutos una demostración de lo que puede ser y en efecto es. El Huesca se despidió antes de tiempo, Pacheco hizo el segundo, Fuster el tercero y Bordalás se permitió el lujo de quitar a Jorge Molina, que participó en los tres goles como parte de su obra inacabada. Después apenas quedó tiempo para que el mal perder de algunos jugadores del Huesca le costara la expulsión a Pacheco, punto oscuro entre tanto brillo.

Al final, entre alguna que otra duda, el Getafe no había llegado tan mal al momento para el que tanto se ha luchado. Es aquí, es ahora; es Tenerife o Cádiz. Cualquiera será difícil, aunque quizá tiene que estar más preocupado aquel que se enfrente a un equipo que, tras pasar por el descenso, lleva 265 días sin perder en el Coliseum, donde todo se decidirá. Luchar hasta el último segundo del último partido, cuarenta y seis encuentros después de haber descendido, ya es haber triunfado. La gloria espera en seis días. Vivirlo es el premio.