Al Getafe se le olvida ganar

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El Getafe deja escapar dos puntos en casa empatando ante el Mirandés
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Olvidar, en ocasiones, es casi tan importante como pensar. En otros momentos, como ocurre con el pensamiento, es lo más inútil en lo que uno puede perder el tiempo: ni suele ser conveniente pensar en el pasado ni ponerse a recordar lo que se fue. El Getafe, como buen caballero errante, no debería caer en ese error; quizá por ello ha caído. Pensar que estaba tan bien para ganar siempre por defecto como hiciera en el pasado ha sido la condena que le ha hecho perder cuatro jugosos puntos en el Coliseum en apenas una semana. Sigue estando ahí, pero no sigue estando así.

Por eso a ese equipo que hasta hace poco dominaba los partidos ahora le domina la ansiedad. La vida son dinámicas, y los de Bordalás han entrado en una complicada: la de querer recoger antes de sembrar. No se gana, mucho menos en esta abrasiva Segunda, por el nombre forjado o los halagos recibidos; caer en la comodidad del oído regalado es un error que el Getafe no puede ni debe permitirse. Son únicamente dos jornadas, cuatro puntos cedidos en casa, pero mejor ponerle remedio al bache pronto que cuando el problema empiece a no tener solución. Nunca se debe dejar de mirar al suelo; así siempre podrás calcular la caída.

El partido empatado ante el Mirandés, a gran diferencia del de la jornada anterior frente al Mallorca, es una derrota en toda regla. Un punto gracias a un gol de rebote es demasiado premio para los visitantes, pero no puede suponer tal castigo para un equipo que aspira, como dicen que aspira, al ascenso directo a Primera División. Ha comprobado el Getafe que la ansiedad, que le ha dominado desde el gol de Álex Ortiz en el minuto 54, no es buena compañera. Ser mejor se demuestra desde la paciencia y el buen hacer; no suele haber ansiosos bañados en éxito. Las prisas no vienen bien, ni para ascender en enero ni para ganar en un minuto restando cuarenta.

Así el Geta, que arrancó el partido tan bien que le sobraba el tiempo, terminó echando en falta tanta calma como minutos. En 15 minutos había marcado un gol, obra de Pacheco, y generado alguno más; después siguió perdonando hasta que se adormiló antes del descanso de tan controlado que lo tenía. En el plan, que seguía su curso a la perfección, no entraba que el rival aprovechara un tiro suelto para empatar.  A raíz de ahí los azulones quisieron con tanto ímpetu y tan poco control que no consiguieron poder. No hay mayor fuerza que la de un imprevisto: desde la sorpresa arrasan con todo.

Sorpresa, si es que existen en esta categoría, es que el Getafe, con la dinámica que venía, no logre vencer en casa a dos rivales de la zona baja. Pero no todo elude a la razón: hay errores que pulir y Bordalás, el intocable, también yerra. No existe pócima mágica, pero a lo mejor el entrenador azulón obtendría mejores resultados si hiciera reinar la meritocracia: chirría que Cala, estando como están los dos titulares que le quitan el puesto, acompañe en el banquillo a Paul Anton, que en cinco minutos ya había demostrado que es Mora quien tiene que ser su suplente y no al revés, como viene sucediendo. Hoy tampoco fue buena idea sacar del campo a Portillo, que estaba siendo el mejor del equipo, a pesar de que los minutos de Fuster dijeran que es aprovechable para la causa.

Hablando de aprovechar viene muy bien nombrar a Facundo, que salió de revulsivo y revolucionó a la grada como sólo sabe hacer él: haciendo nada. Sin personalidad no se suma: a un jugador que se le cae el cielo encima cuando se encuentra con una buena ocasión para dar la victoria a su equipo en los minutos finales se le acaban las oportunidades. Su miedo es su condena; su inoperancia, la injusticia para el sentimiento de compañeros como Emi Buendía. Su mayor virtud sigue siendo, a falta de demostrar cualquier otra, la de ser argentino: ojalá el club, ya que seguro no pagó por él lo que vale, le venda por lo que dice que vale.

A pesar de la negatividad, hay motivos para el optimismo: ya son ocho partidos sin perder y restan veinte jornadas y unos cuantos días para que se cierre el mercado de invierno. Mientras tanto toca masticar la frustración y seguir, sobre todo seguir. Si persigues el ascenso, empatar en casa te obliga a ganar fuera; la mala noticia para el Geta es que viene de empatar dos seguidos en el Coliseum y se dispone a afrontar dos duras jornadas a domicilio: con las matemáticas en la mano no tiene margen de error. Aunque con lo largo que es esto, tiempo hay para enmendar este pequeño bache. Porque hay cosas que sí hay que olvidar.