El Cádiz le parte la cara al Getafe

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El Getafe cae por 3-0 en Cádiz para confirmar su mal arranque de temporada y se hunde en la clasificación.
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No conviene desear mucho ciertas cosas porque resulta que al final se cumplen y luego toca empezar con que si la abuela fuma o que si no había leído la letra pequeña. Tener ambiciones, en el fondo, es mucho lío. Que se lo digan al Getafe, que andaba deseando con fuerza dejar de empatar y ya lo ha conseguido: ha empezado a perder. En el patio de la frustración no cabía un empate más; era o empezar a ganar o a perder de tres en tres y el Geta, ante la duda, siempre suele cortar el cable rojo. O se hacen las cosas bien o no se hacen, que quedarse a medias repetidamente es sentirse vacío de manera prolongada. Pueden respirar tranquilos: ya ha dejado el Getafe de empatar.

El partido deparó a un equipo azulón distinto en cada parte, mostrando dos de sus principales carencias en cada una de ellas. En la primera se le ha visto la apatía y falta de intensidad que no puede permitirse en Segunda ningún equipo que desee sobrevivir. De hecho, esa es la base sobre la que edificar el proyecto: hay que empezar por ganar los balones divididos y los choques hasta que te llegue el buen fútbol porque, si no se logra lo primero, lo segundo se convierte en nada. Superó el Cádiz antes del intermedio al Geta en eso, le ahogó en la presión y se adelantó en el marcador aprovechándose de la inseguridad en la zaga azulona, otro de sus talones de Aquiles. La comodidad local se difuminó en el segundo tiempo, donde los de Esnáider se adueñaron del balón e inquietaron la portería cadista para toparse con la segunda de sus carencias: la falta de gol.

Así, sin intensidad, sin fluidez, sin gol y con un árbitro que reaccionó a un pisotón sobre el tobillo de Fuster, que andaba dentro del área, sacándole amarilla al getafense, los azulones se alejaron tanto del empate que en la recta final terminaron por poner la cara para que los gaditanos se la abofetearan a mano abierta. Fueron dos goles más propiciados por otro par de fallos más: el primero del Cata -en esta fiesta ya no falta nadie- y el segundo del árbitro, que redondeó su actuación concediendo una cesión donde había un corte de balón de Feltscher que acabó en las manos de Guaita. Un 3-0 para empezar de cero.

No deja de tener su guasa que haya sido un recién ascendido el que le haya dado a un recién descendido la bienvenida oficial a la Segunda División. No es que el Cádiz haya hecho méritos para golear al Getafe, pero tanto da. Sólo con hambre, los amarillos han sido capaces de zarandear, superar y dejar marca en uno de esos llamados “favoritos al ascenso” en septiembre, título honorífico que ya se puede tirar a la basura. El duelo ha sido más bien una disputa en la que el Cádiz ha amenazado con partirle la cara a su rival, a lo que el Getafe ha respondido como el mítico Mariano de ‘Aquí no hay quien viva’: ¿te crees que con la que tengo me importa?

Resulta curioso y hasta incongruente, pero viene bien que de vez en cuando te pongan en tu sitio para que seas capaz de ver con claridad la distancia real que queda hasta alcanzar tu objetivo. El fútbol no se puede explicar por cosas así: al Getafe le venía mejor caer 3-0 y darse un baño de realidad que volver a cosechar un insulso empate con el que continuar engañándose hasta la siguiente frustración. Un rapapolvo como este también puede servir; ahora, con la cara partida, todos los esfuerzos tienen que ir hacia el objetivo de reconstruirla y volver a empezar. Cuatro jornadas después, pero restando treinta y ocho.

 

Foto de portada: Beatriz Cobos.