El circo de la pena

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El Getafe se hunde tras caer 0-2 ante el Girona y ya es penúltimo en la clasificación.
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10 de abril de 2008. En el minuto 5 de un partido en el que al Getafe le servía el empate a cero para lograr el objetivo, el equipo se queda con diez jugadores por una expulsión rigurosa. Ese equipo cojo termina empatando a tres en la prórroga tras haber ido ganando hasta el minuto 89. El rival era el Bayern de Múnich y la cita, los cuartos de final de la Copa de la UEFA. 25 de septiembre de 2016. En el minuto 22 de un partido que el Getafe necesitaba ganar para no entrar en barrena, el equipo se queda con diez jugadores por una expulsión rigurosa. Ese equipo cojo ya va perdiendo y termina cayendo derrotado por 0-2 tras no haber tenido ni un amago de peligro para el equipo rival. Ese rival era el Girona y la cita, la séptima jornada –tras cinco sin ganar– de la Segunda División española. Tan cerca, tan lejos.

Entre una historia y otra ha pasado, más que ocho años, un vendaval de realidad que ha dejado al club azulón tiritando del guantazo. Hace no mucho el Getafe tenía citas con la historia y a día de hoy ha terminado casado con el esperpento. Porque lo de este domingo ha sido esperpéntico, de no creer. Parece que de eso sabe un rato Esnáider, cuyo grotesco trabajo en estas siete jornadas ha llevado al descendido de Primera a puestos de descenso a Segunda B. Da la sensación de que un arbitraje delirante o jugar con un futbolista menos no influyen en el resultado, son únicamente el contexto que contempla a un cuadro ya pintado: el Geta tan sólo llega y lo firma.

A un partido vacío le corresponden palabras escasas: fallo del Cata, gol de Longo, fallo con expulsión de Feltscher, partido acabado y tiempo para el show arbitral. Al final el Girona sentenció y al cuadro local se le concedió la oportunidad de recortar distancias por medio de un penalti que, obviamente, falló. No es el Getafe un equipo, sino un puzle con sus piezas mal encajadas. No es que el recién descendido tenga que volver a ascender inmediatamente, de hecho pocos lo hacen. Pero de ahí a empezar su andadura en la nueva categoría con una victoria en siete partidos, en los que acumula un balance goleador de -6 y todo lo que ha estado por delante en el marcador son unos 20 minutos de un total de 630 disputados, hay un buen trecho. A lo mejor por estos datos el goleador del equipo, Jorge Molina, no disputó en esta ocasión ni un solo minuto. El responsable de esto es Esnáider, que está pero no se le espera. Y los responsables de que ni Esnáider ni sus jugadores sepan hacer están arriba, donde no sopla el viento. Pasen y vean el circo de la pena.

No es ni octubre y ya se ha hecho de noche. Un mes le ha sobrado al Getafe para acabar con todo atisbo de ilusión, que es como el respeto: lleva un lento y laborioso camino conseguirla para lo rápido que se pierde. Resulta desolador ver a un equipo recién descendido destrozar su propia ambición a base de no hacer nada más que el ridículo sobre el césped. Su condición de favorito para el ascenso ya está en el vertedero; ahora toca acostumbrarse al cartel de favorito al descenso. Y no será fácil.

Se podría decir que el Getafe ha tocado fondo si no fuera el Getafe el que parece que ha tocado fondo. Porque, eso no se lo podemos negar, este club siempre se supera. Es duro y bastante deprimente, aunque si me propusieran definir al equipo con tres palabras usaría una, ‘pena’, y guardaría las otras dos para croquetas. Ha llegado el triste otoño para recordarnos que se acaba la luz: el Getafe no puede, Esnáider no sabe. O no supo.