El colista baja de la nube al Getafe

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El Getafe cae en Tarragona ante el colista y suma la primera derrota en la era Bordalás.
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Al mismo tiempo que el Nàstic de Tarragona, a la sazón colista, no había ganado ningún partido en casa, el Getafe de Bordalás estaba invicto. Ese tiempo ya fue: ahora todo eso es pretérito porque los primeros consiguieron doblegar a los segundos en un partido que, como la mayoría en Segunda, se resolvió por pequeños detalles. O en un pequeño detalle, con forma de libre directo, que Juan Muñiz aprovechó para clavar en la portería de Alberto y así guardar los primeros tres puntos que los tarraconenses suman en su estadio.

En Tarragona ha caído el Getafe en su error más grave, el mismo del que no había adolecido en el último mes y medio: permitir ganar al rival. No significa ello que haya hecho mal partido, sino que, habiendo jugado el Nàstic uno discreto, se llevó los tres puntos por un error de los azulones. El plan de Bordalás consiste en no conceder facilidades al rival; cuando se incumple dicho mandamiento, además de que el rival puede aprovecharlo, el Getafe deja de ser el equipo que quiere su entrenador. Por eso, y porque los azulones no consiguieron apenas asustar a su rival, perdió el Geta su primer partido de los últimos siete.

La primera parte habría seguido el plan de este nuevo Getafe si no hubiera sido por el pequeño detalle de conceder esa falta absurda en la frontal del área a Juan Muñiz; en el libro de estilo de Bordalás no se admiten ese tipo de fallos que, en esta ocasión, permitió a los locales irse al descanso por delante en el marcador. Antes de llegar al intermedio, se intentó y no se consiguió igualar el encuentro en dos ocasiones fabricadas, como casi todo lo fabricado hoy por el Geta, por Jorge Molina. El atacante azulón no se cansa de sacar insistentemente petróleo de situaciones en desventaja, lo que viene a confirmar las sospechas de que más que tener años, tiene experiencia.

Con el marcador adverso, tras la reanudación, Bordalás se vio obligado a cambiar su idea inicial del trivote, dando entrada a Stefan por Faurlín. Y fue en esos cuarenta y cinco minutos donde se vio la mayor carencia de este equipo, que no es otra que la de construir y crear peligro estando en desventaja en el marcador. De hecho, si hubo un equipo que mereció anotar en el segundo acto fue el Nàstic, que tuvo una doble ocasión tan clara que obligó a Alberto García a realizar una doble atajada a bocajarro antológica. Stefan, como casi siempre, no aportó más que un cabezazo, que se fue desviado. Después salió Kadir, que aún no se sabe lo que aporta; y Facundo, que es argentino. Entre tanto, el partido moría para los intereses del colista, que lo había matado en el mismo momento, exactamente el minuto 20, en el que el Geta se había suicidado.

Así que, casi dos meses después, el Getafe volvió a caer. Una derrota que debe servir para aprender. Porque, aunque pudiera parecer en las últimas semanas que no, a este equipo todavía le queda por aprender. Y no es poco. Aunque en el fondo, que pasen siete jornadas entre derrota y derrota es lo mejor que le puede pasar; la constancia prolongada es sinónimo de éxito.

En el otro extremo se encuentra la sensación de que perdiendo partidos como este, dejando escapar encuentros así, en los que el rival no te supera, no se puede aspirar a grandes metas en esta categoría de máxima igualdad, donde cualquiera puede ganar a cualquiera, perder con cualquier o, ante la duda, empatar con cualquiera. Lo bueno para los azulones es que cayeron por un único fallo; para equilibrar, en otros encuentros ganaron sin merecerlo mucho más. El fútbol, y más que éste la Segunda, es así: sin comprenderla hay que conquistarla.