Así ha sido el 2017 para la AD. Alcorcón

Esto no es una inocentada

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                                                         El Pisco

Querido lector, he elegido este día para dirigirme a usted y hacer una valoración personal del Alcorcón en este año que vamos a despedir en menos de cuatro días. Creo sinceramente que ha sido un año bonito, difícil y muy tenso para toda la parroquia alfarera. Esto es lo más complejo a lo que me tengo que enfrentar, el hecho de explicarle a una persona que no sea del Alcorcón como un año puede ser a la vez bonito y difícil, deportivamente hablando. 

Ha sido bonito porque ha sido un año histórico. La gente del Alcorcón ha visto con sus propios ojos como su equipo se metía por primera vez en los cuartos de final de la Copa del Rey. El Alcorcón consiguió la gesta, logró vencer a las dificultades del formato de la competición para estar entre los ocho mejores equipos de España, en disposición de ganar un título, ni más ni menos que la Copa del Rey. Aún recuerdo mi llegada a Santo Domingo ese 18 de enero. La gente estaba ilusionada, había esperanzas de poder vencer al Alavés y meterse en semifinales. El cuadro de Julio Velázquez firmó un buen papel, pero los últimos seis minutos destrozaron una página más de la historia del club. Ibai Gómez anotó en el 89’ y en el 93’, suficiente para dejar en la cuneta a los alfareros, donde les quedaba jugar la vuelta en Mendizorroza, y rascar un insuficiente pero meritorio empate a cero. 

Hasta aquí uno de los capítulos más bonitos de este 2017. Lo siguiente que pasó es el sufrimiento, los nervios y el pánico. Mientras en competición copera todo estaba funcionando, en liga pasaba lo contrario. El equipo se desinfló, no conseguía levantar cabeza. El Alcorcón llegó al Carlos Tartiere en la jornada 37 en una situación crítica, con cuatro partidos consecutivos sin conocer la victoria, y a 5 puntos de la salvación. Una auténtica locura. Algunos daban al equipo por muerto. Una derrota en Oviedo podría suponer una sentencia a Segunda B. El Real Oviedo era uno de los mejores equipos como local la pasada campaña, el escenario no era el idóneo, pero había vida y sobre todo mucha Fe. Esa Fe que inyectaba Julio Velázquez en cada comparecencia de prensa.

Contra todo pronóstico, y digo esto porque eran muy pocos los que creían en una victoria, Álvaro Giménez logró cambiar el rumbo del Alcorcón. Logró marcar, logró romper la mala racha de resultados que venía arrastrando. Los alfareros lograron ganar 0-1 en Oviedo. El Alcorcón regresó a casa con mucho trabajo por hacer hasta final de campeonato, pero salvando la primera bala letal. A partir de ahí el equipo despertó, ganando ante el Rayo Vallecano en casa y posteriormente puntuando en Montilivi frente a Girona, segundo clasificado por entonces de Segunda División. 

Os prometo que a partir de aquí todo van a ser buenas noticias. Era la penúltima jornada de Liga. Concretamente el 4 de junio. El Alcorcón visitaba Murcia para medirse a un UCAM que estaba virtualmente salvado, con cuatro puntos más que los alfareros, pero que necesitaban ganar para firmar automáticamente la salvación. Hasta cuatro autobuses salieron de Santo Domingo dirección la Vieja Condomina. Todos los autobuses estaban hasta arriba de ilusión, de esperanza, de felicidad. Todos los aficionados se contagiaban el buen ambiente, y la Fe más absoluta en traerse la victoria. Pero estoy seguro, que cada aficionado que fue, se guardaba para sí mismo una parte de miedo, de vértigo, de horror… y me atrevo a decir que hasta de pánico. Una derrota que sería una herida muy difícil de cerrar, un descenso a Segunda B. La afición alfarera abarrotó la entrada a la Vieja Condomina. El color amarillo y azul  ganó en la calle y en el estadio. También sobre el césped. Los alcorconeros a pleno pulmón, daban los últimos mensajes de apoyo. Banderas al viento, bufandas al aire… ¡¡Te quiero Alcooor!! Eso escucharon jugadores, utilleros y cuerpo técnico en la entrada a la Vieja Condomina. El Alcorcón empezó a ganar su partido desde la calle. 

El encuentro fue duro, intenso y hasta preocupante durante los primeros minutos. El UCAM Murcia enseñaba los dientes, ante un Dmitrovic que paró hasta lo imparable. Se llegó al minuto 40, Iván Alejo comenzó a galopar por la banda derecha, pegado al banquillo de Francisco, metió un pase a la frontal del área y Pablo Pérez marcó un gol a la épica. Un gol a la historia. Un gol al miedo. Un gol a los fantasmas. Un gol de éxtasis.  Ese gol bastó para conseguir la victoria, para convertir los más de 400 kilómetros que separar la Vieja Condomina de Santo Domingo en un mero paseo de felicidad, de satisfacción y de alegría.

El Alcorcón tenía la permanencia en su mano. Llegaba a la última jornada dependiendo de sí mismo. Una victoria frente al Lugo dejaría a los alfareros de nuevo en la categoría de plata. El equipo llegó a la última cita concentrado en el autobús, ante una afición ansiosa de oír el pitido final de uno de los partidos más importantes de la historia del club, y saltar al césped para celebrar algo más que una permanencia. Para celebrar el triunfo al miedo, a la desesperanza…. Porque estoy seguro que Santo Domingo aquella tarde marcó el mejor gol del partido, el tanto de la gloria. El Alcorcón ganó cómodamente, gracias a los goles de Álvaro Giménez ‘el salvador’, de David Rodríguez con su tanto de despedida, y con otro de Dani Toribio para cerrar el definitivo 3-0. Un año más el Alcorcón era de Segunda División. 

Esta temporada, la primera con Julio Velázquez al frente, ha sido frenética. El Alcorcón adelantó su mercado estival, y al inicio de pretemporada ya tenía casi definida su plantilla. En pretemporada solo perdió ante el Rayo Vallecano. Los alfareros prometían y arrancaron la Liga como una moto, ganando en la jornada 4 al Zaragoza en La Romareda. También el cuadro de Julio Velázquez sufrió un bache. Los malos resultados volvieron con dolorosas derrotas frente a Tenerife y Córdoba. Pero el Alcorcón ha vuelto para competir, y para sufrir ganando, como la victoria en El Sadar en el tiempo de prolongación y con un hombre menos. 

El Alcorcón termina 2017 en buena forma, con buena salud, con una idea, con un proyecto. El descenso está a cinco puntos. El Alcorcón empieza 2018 con 25 puntos, la mitad del objetivo en el bolsillo. Queda una segunda vuelta, y un 2018 para ganar disfrutando, y conseguir la permanencia antes del último minuto del último partido. Estoy seguro de que equipo y afición conducen en la buena dirección.