Descenso del Getafe a Segunda División

Fin

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RED Piso Atocha - Arganzuela

Para empezar, diré que es el final; no es un final feliz, tan sólo es un final. Acudo a la música porque es muy difícil ponerle letra al silencio. La impotencia se lo lleva todo y te deja con la nada más absoluta como compañera de viaje. Y qué mierda más grande es. Había leído y oído que un descenso es lo peor que puedes vivir en un campo de fútbol; hoy, después de ver perder dos finales in situ, conozco la situación y la corroboro. Es tan duro que no se lo deseo ni a Dani Ceballos. El Getafe es de Segundapor deméritos propios, pero ha sido muy bonito. Gracias, Geta.

Si el club azulón ha descendido no ha sido por los árbitros, aunque ante la duda siempre ayudan. Ni por Marcelino, que intentó dignificar la competición en la medida que le permitió toda la dignidad que atesora. Si ha bajado es porque el equipo ha hecho una segunda vuelta de campeonato digna de convertirte en el segundo peor equipo de la categoría. Tres victorias en diecinueve partidos, 13 puntos de los últimos 57 o estar los últimos cuatro meses de competición sin ganar en casa son la causa del primer descenso a Segunda del club en toda su historia. Vender pesos pesados del vestuario a mitad de temporada y después fichar sin sentido tampoco ha ayudado. Los factores externos escuecen, pero los responsables de que el Geta sea hoy de Segunda División están dentro del club, o lo han estado. Que cada cual reparta el porcentaje de culpa como prefiera.

Pero creo que no es momento para culpar, sino para levantar la cabeza y agradecer. Porque este club llegó sin que nadie lo esperara y ha estado doce temporadas, una detrás de otra, jugando en la élite del fútbol español y hasta europeo. Ha ganado en el Bernabéu, en el Calderón, en San Mamés, en Mestalla, en el Sánchez Pizjuán; ha goleado al Barça; ha disputado dos finales de Copa del Rey; ha jugado dos temporadas competiciones europeas. Ha sufrido y ha disfrutado más de lo que hubiera cabido imaginar en la cabeza del más optimista. Desde Pachón hasta Stefan todo es emoción. No sé si volveremos, pero sé que estaremos, Geta.

Y aquí en el infierno oigo tu voz. Quien esto escribe estuvo ayer media hora bloqueado, perdido y desconsolado en el Benito Villamarín, bebiéndose sus lágrimas mientras masticaba el vacío. No fue por mí, ni siquiera por el Getafe. Fue por todos los demás. Por los compañeros de siempre y por los nuevos compañeros. Por Edu, que ayer no pudo estar pero siempre ha estado, por Nacho, por Borja. Por Jorge, por Diego, por Bea, por Pedro. Por los que estuvieron allí y por los que lloraron en un Getafe en fiestas. Por Marcos y quienes le acompañaban a 500 km del duelo. Por José, Richard, Alberto y Raúl, por su compañía y su consuelo. Por Paco, que estaba lejos pero tampoco ha dejado de estar. Por los abrazos físicos y por los abrazos virtuales. Por Víctor y por Emilio, que desde su altavoz no han dejado de defendernos. Por una afición pisoteada que responde a un estadio que le canta “a Segunda” con una ovación de aplausos. Por quienes han estado en Segunda B y hoy lloran por estar mañana en Segunda. Por todos ellos –y los que me deje– duele más. Todo esto es tuyo, Getafe.

En Tenerife empezó y en Sevilla terminó. Colorín, colorado; final de un cuento nunca acabado. Pero parece ser que ya no hay vuelta atrás. Hasta aquí, Getafe. Pero, y sobre todo, a partir de aquí, Getafe. Ya es mañana.