Girona 5-1 Getafe

Fuera de servicio

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A quién no le ha pasado estar esperando inocentemente al ascensor sin querer darse cuenta de que está estropeado; no quieres creer que te va a tocar subir los cinco pisos a pie aunque no te quede otra. De un modo parecido a esa idea de fracaso se siente el Getafe ahora, tras tres meses esperando a que el botón del ascensor haga su trabajo; hoy, en Girona, se ha dado de bruces con la realidad: le toca subir por las escaleras. Equipo fuera de servicio, adiós ascenso directo.

El 25 de septiembre, el Geta tocó fondo con un 0-2 en el Coliseum ante los gerundenses que acabó con la destitución de Esnáider y la llegada de Bordalás. Más de cinco meses despues, un 4 de marzo, el Getafe ha doblado el ridículo realizado en la ida y Bordalás ha superado al peor Esnáider. Con ese inicio de campaña era difícil, pero los azulones han ido a hacer el peor partido de la temporada en el peor escenario posible. El día G, marcado en rojo en el calendario, ha terminado con un 5-1 que desnuda a un equipo y un entrenador que no merecen luchar por los dos primeros puestos de la clasificación. Asumirlo y empezar a pelear por quedar entre el tercero y el sexto es la obligación de los que hoy no dieron la cara.

Arrancar el encuentro más importante de la temporada sin alinear a los mejores jugadores de los que dispones es un hándicap importante, insalvable si enfrente está el equipo más en forma de la categoría. Tomar buenas decisiones y ser consecuente y justo con ellas es la medida del éxito; por eso Bordalás ha perdido el rumbo. No es justo que haya quien juegue por decreto, ni que no se corrijan fallos tan evidentes como el resultado de este encuentro; errar es de humanos, rectificar de sabios. Salir con trivote a un partido que debía ganar fue una declaración de intenciones: al míster azulón le valía el 0-0 en el minuto 60, al que llegó con un 4-0 en contra. Aprovechar una cita importante para mostrar tus miedos suele ser sinónimo de fracaso.

A pesar de todo, el Getafe empezó mejor el choque. Subió la presión y no permitió al Girona jugar cómodo hasta que Sergio Mora empezó a regalarle goles. El primero fue en el minuto 19, al dejar rematar sin oposición a escasos metros del gol a Kiko Olivas; un cuarto de hora después prefirió corregir su anterior fallo cometiendo un penalti que acabaría en el 3-0 en el minuto 35. Antes, un misil directo a la escuadra de Borja García había hecho el segundo. En esos quince minutos el Geta regaló al Girona los tres puntos y dejó de existir el encuentro. La reacción de Bordalás fue casi inmediata: dio entrada a Portillo y sacó a Gustavo, cabeza de turco al que le hizo rendir cuentas por errores ajenos. Poca valentía y demasiada injusticia.

Es triste observar la deriva del entrenador que se erigió en salvador. Frustra ver cómo, antes que admitir su error y sacar del campo a Mora, prefirió señalar al chaval del filial. No fue justo ni con él ni con Mora con ese feo gesto, como tampoco lo fue con Facundo, al que le dio una oportunidad totalmente inmerecida por lo mostrado en los minutos que llevaba disputados. Que Portillo lleve más de un mes apartado cuando estaba siendo uno de los mejores de la plantilla lo debe de entender un entrenador que está haciendo peor a un equipo que iba como un tiro. Tocar y meter con calzador cuando las cosas van bien es un error del que veremos si el Geta se puede recuperar.

Tras el espantajo de la primera parte, hablar de la segunda carece de interés. La pachanga se cerró con dos tantos más de los locales y el de la honra rubricado por Portillo. Eso ya daba igual porque todo se acabó antes del descanso. Cuando el árbitro señaló el final ya hacía mucho que se habían caído las caretas. Desde que arrancara el año ganando en Almería en los minutos finales, el Geta había acumulado siete malos partidos, con dos únicas e inmerecidas victorias sobre la bocina. En este, el octavo, se ha visto la verdad de la que estaba escapando el equipo a trompicones: entre el ascenso directo y los azulones hay un abismo insuperable. Se puede temer a la verdad, pero de nada sirve intentar huir de ella porque siempre acaba apareciendo.

Ha entrado el conjunto azulón en una depresión de la que no podrá salir mientras, entre otras cosas, su entrenador siga sin sacar a jugar a sus mejores futbolistas. No parece haber mejor momento que ahora para mostrar sabiduría y rectificar. Con el vaso vacío del todo, si esta debacle imita a la de la primera vuelta y sirve como punto de inflexión, volverá a llenarse gota a gota. Apenas una semana después de la ruina de Montilivi, el Getafe tiene ya, ante el Tenerife, la oportunidad de empezar a construir la fortaleza que ahora ha de defender: su puesto en el play-off

Esto no para, así que no queda otra que seguir. Despacito y por las escaleras.