Alcorcón 3-0 Lugo

Goles que valen una permanencia

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El Alcorcón sacó su orgullo, su casta y su coraje en uno de los partidos más importantes del club. La afición recibió a los jugadores volcada, pero sobre todo creyente del objetivo. Álvaro Giménez, David Rodríguez y Toribio abrieron las puertas de una permanencia conseguida en el último partido. Alcorcón 3-0 Lugo

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El partido no era apto para cardiacos. Era uno de los encuentros más importantes de la historia del club. El Alcorcón consiguió algo más que una permanencia, cuando antes de viajar a Oviedo se estaba firmando el parte de defunción. Una vez más, el conjunto alfarero se creció ante las adversidades, remontó el vuelo en el tramo final de temporada, y permanenciendo fiel a su lema, no consiguió la permanencia hasta el último minuto del último partido.

La plantilla viajó al estadio en autobús, donde recibió el calor de una afición entregada a sus jugadores. Uno por uno fueron bajando los que iban a ser los protagonistas del partido, los héroes de una permanencia. La masa social alfarera solo pedía que se dejaran todo lo que tenían dentro. Que se dejasen el alma sobre el césped de Santo Domingo. La permanencia no se podía escapar. Las caras de concentración de los jugadores contrastaban con los rostos eufóricos de una afición que no perdió ni el caracter ni el gen ganador que los identifica con el Alcorcón.

Los nervios estaban a flor de piel cuando el colegiado hizo sonar su silbato. El último pitido que se iba a escuchar en Santo Domingo. El último comienzo de partido de una temporada que se ha hecho muy larga. Los jugadores demostraron estar a la altura de la camiseta que llevaban sobre sus hombros. El aliento de la grada corría de fondo a fondo y de extremo a extremo. Pablo Pérez fue el primero en intentarlo, no entró. El público seguía animando. Aún quedaba tiempo. David Rodríguez, que volvió a la titularidad también demostró tener hambre de gol. Iván Alejo ponía la velocidad sobre la banda derecha, pegado a un Julio Velázquez que se olvidó en casa la corbata. 

El Lugo apenas estaba oponiendo resistencia. Eran los alfareros los que estaban volcados sobre la meta de Roberto. El Alcorcón estaba poniendo el juego, las ocasiones y hasta el gol. Fue Álvaro Giménez quien rompió el hielo que era necesario tirar. El once alcorconero fue a celebrar el tanto al fondo, junto con la gente que lleva grabado a fuego las siglas de la Agrupación Deportiva Alcorcón en sus venas. Lo más importante se había conseguido. Ahora solo quedaba aguantar el resultado. Un solo tanto y ninguno en contra servía para permanecer en Segunda División al menos un año más.

En la segunda mitad el Lugo quería al menos, asomar la cabeza sobre el área de Dmitrovic. El meta serbio acabó la temporada tal y como la empezó, de manera espectacular. Poco duro la intensidad del cuadro que dirige Luis César, más por méritos del Alcorcón que por demérito de los gallegos. La intensidad que pedía Julio Velázquéz se estaba reflejando sobre el césped. La máquina amarilla no quería bajar la velocidad, y David Rodríguez se reencontró con el gol en el momento justo. El Alcorcón venció a la defensa gallega, y el delantero de Talavera de la Reina se encargó de llevar el balón al fondo de la grada. Julio Velázquez decidió mover el banquillo. Se retiró un David Rodríguez visiblemente emocionado para dara entrada a Víctor Pérez.

El partido parecía estar sentenciado, pero las ganas de unos jugadores que querían más fiesta permitió anotar el tercer tanto. Toribio dejó por los suelos a Roberto. La euforia y la fiesta se hizo realidad en cada uno de las butacas teñidas de azul y amarillo. Velázquez decidió cambiar a Iván Alejo, la adrenalina de la banda, para dar entrada a Óscar Plano. El tercer y último cambio fue el de Toribio. De nuevo público en pie. Salió en su lugar Kadir.

Santo Domingo estaba rozando la gloria. Las banderas alfareras acariciaban el cielo de Alcorcón. La afición siguió creyendo y lo acabaron consiguiendo una permanencia que parecía alejarse las últimas semanas. Nadie perdió la fe. El fútbol de Segunda no quiere irse de Santo Domingo.