El Huesca frena la escalada del Getafe

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El Getafe de Bordalás sigue sin perder tras empatar a uno ante el Huesca.
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Hace apenas un mes, un Getafe vacío de alma y lleno de despropósito perdía en el Coliseum ante el Girona; fue ese el día en el que el Geta tocó fondo, la víspera de la salida de Esnáider y la llegada de Bordalás. O, para simplificar, el momento en el que todo cambió. El mismo equipo que por entonces se resignaba por perder otro partido, hoy se lamenta por dejar escapar dos puntos tras cuatro jornadas invicto. El cambio es más que significativo; es definitorio. A finales de septiembre los azulones respondían al nombre de la desesperanza y antes de entrar en noviembre son lo más parecido a un ejército. Al mando, un entrenador que ha reconstruido las cenizas que se encontró para levantar una hoguera que empieza a quemar a todo el que se acerca. El Getafe, ahora sí, es un equipo.

Hoy el Huesca es un superviviente porque ha conseguido no perder, un triunfador porque ha sido el primero en marcar un gol a los chicos de Bordalás tras cuatro partidos. El Geta no conoce la derrota desde que hay alguien al mando; un tiempo en el que ha aprendido casi todo lo demás. Ya no es que sea difícil ganarle, es que se antoja muy complicado crearle peligro. De ahí el éxito de un Huesca que primero logró marcar en la única que tuvo y después supo aguantar el empuje compacto y abrasivo de un Getafe que podrá ganar o perder, pero del que ahora no se puede dudar que va a pelear hasta el final. Si en algún lugar puede residir el éxito, es en la cueva que está empezando a edificar Bordalás.

Los mismos azulones que hace pocas semanas se habrían llevado las manos a la cabeza al ver que los suyos salían con tres centrales, hoy confían en que el experimento de colocar a Cala de mediocentro pueda salir bien. Más que salir bien, el central reconvertido se salió del mapa acompañando a un Faurlín excelso. Bien es cierto que la seguridad de tener detrás al mejor central de la categoría es un plus; con el Cata Díaz no se juega porque siempre se pierde. Lo que corren para atrás jugadores de ataque como Álvaro o Portillo es la seña de identidad de esto nuevo que está brotando. Es el club de la lucha de Bordalás, que ha hecho de la autodestrucción del Getafe un combustible con el que destruir al rival.

No es casualidad que al descanso se llegara sin goles ni peligro porque es parte del plan. Tampoco que en el segundo acto el Geta empezara a masticar al Huesca hasta casi tragárselo; no lo consiguió por un accidente que se tradujo en un injusto 0-1. A partir de ahí, amén de un árbitro que demostró que los azulones no fueron los únicos que descendieron con todo merecimiento la temporada pasada, el cuadro local se sobrepuso, empató de rebote y, por el camino hacia la victoria, se dejó dos puntos muy importantes para seguir escalando. A pesar de ello, qué importante es empezar a olvidar el sabor de la derrota. Esto es otra cosa, sin duda mucho mejor.

El responsable es el entrenador que necesitaba el equipo; uno que llegó, observó y sentenció: enhorabuena, Getafe, estás a un paso de tocar fondo. Y a partir de ahí le abrazó y tiró de él hasta chuparle el alma y apropiarse de su voluntad. Le ha amaestrado de tal forma que ahora el equipo es su álter ego. No importa empatar, importa luchar, pelear. Hay que sufrir. Hay que no perder.

En esta ocasión el Getafe ha frenado, pero no tiene pinta de parar. Y la semana que viene, a casa del Levante. El ogro ante la oscura cueva.