Instinto

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La felicidad verdadera, la apoteósica, está para mí afincada en la antesala de lo que realmente consideramos como feliz. Está en ese momento que se siente arrollador, salvaje, animal, cruelmente efímero, como el instante exacto en el que sabes que el balón va a ser gol cuando aún no ha cruzado la línea. Luego el hecho se consuma y la plenitud se convierte en recuerdo, dejando esa sensación de que siempre imaginamos todo mejor de lo que luego es.

Hubo una vez que Álvaro Vázquez ilusionó a la afición del Getafe. Fue en 2012, cuando llegó procedente del Español con una Bota de Plata bajo el brazo conseguida en el Mundial sub 20 un año antes y siendo uno de los habituales en una de las mejores sub 21 que yo pueda recordar. Fue, en definitiva, cuando todavía no había jugado un sólo minuto con el Getafe. Lo que pasó entonces fue lo que pasa siempre, que las ganas de descubrir el truco acabaron matando la magia.

Si algo ha caracterizado el paso de Álvaro por el Coliseum ha sido su generosidad en el fallo. En su defensa diré que la suya fue una falta de gol esplendorosa, excesiva como esas cascadas de champagne que desbordan copa a copa hasta acabar en una gran copa. Así veo yo sus fallos, uno que cae en otro, y luego en otro, y en otro, y la caída es cada vez más violenta y más majestuosa. Álvaro Vázquez fallaba goles con una facilidad insultante, que pareciera querer fallar a propósito si no fuera por que esas ocasiones no podrían llegar a fallarse a conciencia.

No fue nunca, sin embargo, un mal jugador en su paso por Getafe. Al contrario. De notable desmarque, excelente despliegue físico y sobresaliente juego de espaldas, Álvaro ha sido siempre uno de esos pescadores que atrapan los peces para después terminar devolviéndolos al mar: tiene talento, pero difícilmente tendrá instinto. Como con un partido basta para saberlo, cuesta entender la crítica desmesurada que ha recibido el delantero de un tiempo a esta parte. También es verdad que confundir la exigencia con la crítica sistemática es mucho más fácil que marcar goles.

Ahora Álvaro deja el Getafe como ha jugado en él: al límite, rozando, siempre uy. Fuera del equipo desde el final en el Villamarín, sus propios compañeros se habrán extrañado entrenamiento tras entrenamiento. "¿Pero todavía sigues aquí?". "Eso mismo me pregunto yo", diría él. A las 23:57h del 31 de agosto el club anunciaba su marcha oficial. En su último sí pero no, Vázquez estuvo a tres minutos de cambiar lo cantado. Tampoco fue esta vez. Ahora mismo habrá alguien ilusionado en algún punto de Badalona, a punto de convertir la plenitud en recuerdo.