Los 7700

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Alcanzada la fecha tope para renovar el abono del Rayo Vallecano somos 7.700 abonados. Cifra aceptable, pero mejorable
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Leído así, en frío, podría parecer alguna mención a algún ejército de resistencia que luchase frente a cualquier eventualidad. Como una suerte de legión antigua o mítica. Similar a los 300 espartanos que resistieron el asedio persa en el desfiladero de las Termópilas. Pero no. Nada más lejos de la realidad, aunque en este caso la cifra también tiene algo –o mucho– que ver con la resistencia.

Acabó la campaña de renovación de abonos (para disfrutar la misma localidad que en el curso anterior) y el Rayo cuenta con esos fieles. 7700 abonados. Ni uno más ni uno menos. Bueno, en realidad sospecho que no será tan redondo, pero el número nos sirve como una estimación. Una estimación, por otra parte, esperanzadora, digan lo que digan los autoflageladores de la franja, que los hay y en su legítimo derecho están de quejarse, faltaría más. Sin embargo, más allá del número –una cifra que incluso hace bonito si la miras detenidamente–, el dato ofrece algunas lecturas más allá de la simple constatación de cuántos somos a día de hoy.

La primera de las conclusiones, muy rápida, que se puede sacar es que no importa nada cuanto la cuestión se trata de seguir al Rayo. Ni la división, ni el abandono institucional, ni las bajas o los fichajes; lo único realmente importante vuelve a ser la franja roja. Por encima de todo y de todos. Lo segundo que se saca en claro de este dato es algo muy sencillo y que muchos sabemos desde hace lustros: el principal activo de este club es su afición, y hace años, temporadas, que la masa social y el barrio están muy por encima de todo lo que rodea a su equipo. La tercera, más que una conclusión podría ser una suposición. Quien esto firma no está en disposición de asegurarlo –y no tiene acceso a los datos al respecto–, pero cuesta pensar en una campaña en Segunda, previo descenso para más inri, en la que tras finalizar el primer plazo de renovaciones se hubiese alcanzado esta cifra.

"La fidelidad no se mide según lo alto que camine uno, sino según la fuerza colectiva para sostenerlo en el tambaleo"

Mal que bien, lo cierto es que el Rayo ha ganado algo de masa social. Y eso es una gran noticia, aunque siempre se pueda y se deba aspirar a más. Para terminar este párrafo de conclusiones y demás cuestiones, dejemos un hueco a la imaginación. Piensen. ¿Qué hubiese pasado si la Agrupación hubiese tenido una campaña “real” de abonados? ¿Cómo hubiese cambiado el asunto si hubiesen existido unos precios acordes al barrio (no por baratos o caros, ya que los abonos son asequibles en términos generales, sino por la ausencia de ofertas para desempleados, familias, niños, etc.)? Cabe pensar, aunque esto es hacer un poco de periodismo-ficción, que esos 7700 abonados probablemente hubiesen sido más al término del plazo. Que de los más de 3000 que aún no han renovado, muchos ya se habrían preocupado de hacerlo. Ahí tenemos la prueba anual del fondo, con gente dispuesta a dormir al raso para disponer de una de las nuevas localidades.  Ahí tenemos también la incansable y admirable campaña que los Bukaneros han llevado a cabo tanto en redes sociales como en la calle bajo el #NoImportaLaDivisión desde el día del descenso. Con el único fin de poder renovar su abono y su compromiso cuanto antes. Para demostrar que la fidelidad no se mide según lo alto que camine uno, sino según la fuerza colectiva para sostenerlo en el tambaleo. Porque realmente no importa si se juega en Segunda, Primera o Segunda B, sino que quien juega es el Rayo. A este rayista todavía le emociona pensar en la respuesta de la afición tras consumarse el descenso de categoría frente al Levante. Y por eso pone la mano en el fuego por la idea de que si se hubiese aprovechado ese tirón final en mayo y junio ahora estaríamos hablando de algo mucho más grande que esos 7700. Aunque, una cosa no quita la otra, el número sigue pareciendo elogiable.

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No sé si la campaña de abonados terminará con muchos más socios para la temporada que viene. No sé si en la primera jornada en casa, allá por el 28 de agosto, el Valladolid encontrará un estadio de Vallekas que se acerque al aspecto que tuvo en cursos anteriores en Primera o uno más acorde a los encuentros disputados entre rayistas y pucelanos en Segunda División. Quiero pensar que los 7700 se convertirán pronto en 8000 (solo con los nuevos abonados de fondo y unos pocos más se llegará a ese escalón), y a partir de ahí se podría soñar con un año que nos demuestre algo que muchos (al menos yo sí) veíamos muy difícil: que la masa social del Rayo Vallecano ha aumentado. No tenemos nada mucho más claro, es difícil sacar conclusiones totales cuando la información es tan escasa y llega tan a cuentagotas. No obstante, si hay algo meridianamente claro es que esta cifra está muy lejos de ser mérito del club y pertenece por completo a la hinchada, que puede sentirse orgullosa de sostener al equipo frente a toda adversidad y de ayudarlo a caminar siempre sobre el alambre.

Bendita afición, bendito barrio, bendita Agrupación.

Jesús Villaverde Sánchez