Jª 29: Real Valladolid - Rayo Vallecano

El Rayo Vallecano no derriba el gafe de Zorrilla

El conjunto de Míchel resistió con diez el arreón final de un Real Valladolid que fue inferior en el primer tiempo

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El equipo de la franja jugó con diez los minutos finales después de la expulsión por doble amonestación de Velázquez

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El gafe del Rayo Vallecano en Zorrilla sigue envejeciendo. Nacido el uno de abril de 2001, continúa con vida después del empate cosechado este domingo contra un Real Valladolid que fue inferior en la primera mitad pero que terminó en superioridad y con mejores sensaciones que los rayistas. 

El conjunto de la franja fue netamente superior en la primera parte, aunque no fue capaz de plasmarlo. Raúl de Tomás, que volvía a la que fue su casa la temporada pasada y fue silbado en cada jugada en la que intervino, personificó ese mal fario con varias intentonas marradas. Tuvo tres ocasiones claras antes del descanso, pero no atinó: primero tiró una falta fuera por poco, luego vio cómo Masip lo paraba en dos tiempos y vio cómo la tercera se iba lamiendo el palo.

Esta fue la más clara de todas: Santi Comesaña fue profundo por el costado derecho y puso el balón al corazón del área, pero Trejo lo dejó pasar y el delantero rayista, en el intento de ajustar, desvió el remate. Tan mala suerte tuvo 'RdT' que cuando consiguió superar a Masip, después de que a este se le resbalara el cuero recogido en un centro manso, resultó que estaba en fuera de juego y el gol no valió.

¿Y el Pucela? Se encomendó al 'pichichi'. Lo porfió todo a los balones en largo en busca de Mata, quien tendría que haberse multiplicado por seis para poder llevar verdadero peligro, uno que Ontiveros quiso generar, aunque se decoró demasiado, por ejemplo, cuando intentó picar por encima de Alberto un balón que le cayó en la frontal.

Inofensivo, el Real Valladolid se vio a merced de un Rayo que parecía dominar más de lo que sus oportunidades hablaban. Parecía seguir la moneda del colegiado girando y girando en el aire y sus dos mitades tener dos caras de Míchel, toda vez que eran sus jugadores los que tenían para sí el esférico durante más tiempo y en mejor posición: en campo rival.

La buena presión ejercida por los tres atacantes de la franja sobre los defensores blanquivioletas impedía una salida limpia desde atrás, que se unía a una importante fragilidad mental, después de una semana convulsa pucelana, tras la remontada sufrida en Córdoba y las dudas sobre el futuro de Luis César.

Los nervios se palpaban y el Rayo Vallecano no lo aprovechaba más que para tener el balón. Eso sí, el juego de posesión y de posición era atractivo y suficiente como para pensar que si De Tomás tenía una pizca de suerte su efecto sería el de la gravedad: la moneda caería y el partido se decantaría de manera irremediable.

Un penalti cambia el guión

El tópico de que el descanso sentó mejor a uno que al otro podría ser real, aunque, cuando el Real Valladolid marcó, no había dado tiempo a ver cómo los equipos respiraban. Apenas habían pasado tres minutos de la reanudación y de un modo un tanto casual se ponían por delante los locales, no porque la pena máxima de Velázquez lo fuera o no (en directo dio la sensación de ques sí), sino porque el volumen de juego de uno y otro no daba para tanto.

Aquello envalentonó al Pucela, que se desasió de los nervios, pero no amedrentó al Rayo; si acaso el cambio vino de que la igualdad era mayor y el cuadro de Míchel tuvo que defenderse más que antes. Las posesiones blanquivioletas eran algo más largas y pasaban con mayor facilidad la primera línea de presión y aunque la lluvia finalmente respetó con su ausencia, la pólvora, mojada, no servía para batir a Masip, que una vez más se creció ante De Tomás. Lo hizo en el enésimo remate en jugada dinámica pero no en el penalti cometido por Borja, con el que el artillero igualaría de nuevo el marcador.

La acción generó controversía, más porque creían los vallisoletanos (también en la grada) que no había sido que porque lo fuera o no (que lo fue). No fue la única decisión polémica que tuvo que tomar Díaz de Mera Escuderos, ya que minutos más tarde expulsó a Velázquez por doble amarilla y no señaló el punto fatídico en una caída de Gianniotas, que se tropezó después de adentrarse en el área tras una gran carrera por la derecha. Pudo dejar no conforme a nadie, pero seguramente acertó con todo.

La inferioridad numérica propició que los de la franja empezasen a concebir como bueno el empate al tiempo que auspició un paso adelante del Pucela. Sin embargo, entre la defensa y Alberto, atento a cada envío largo al principio y luego a cada balón colgado, se encargaron de mantener un punto que es una buena cosecha por cómo se ha desarrollado la jornada, tras las derrotas de Granada y Cádiz y esos veinte minutos jugando con un futbolista menos, que quizá mermaron la mordiente y el ímpetu ofensivos e impidieron que casi dieciocho años después el gafe de Zorrilla se acabase.

Ficha del partido

Real Valladolid: Masip; Moyano, Kiko Olivas, Calero, Borja Herrera; Borja, Anuar (Míchel, min. 82); Pablo Hervías (Gianniotas, min. 63), Ontiveros (Toni, min. 76), Óscar Plano; y Mata.

Rayo Vallecano: Alberto; Baiano, Velázquez, Dorado, Álex Moreno; Fran Beltrán, Unai López (Gorka Elustondo, min. 79), Santi Comesaña (Armenteros, min. 52); Embarba, Trejo (Amaya, min. 72) y Raúl de Tomás.

Goles: 1-0, min. 48: Mata (penalti). 1-1 min. 55: Raúl de Tomás (penalti).

Árbitro: Díaz de Mera Escuderos, asistido en las bandas por Santaúrsula Agudo y Porras Ayuso. Expulsó al rayista Velázquez por doble tarjeta amarilla. Además, amonestó a los locales Anuar, Borja Herrera, Moyano, Mata y Calero y al visitante Baiano.

Incidencias: Encuentro disputado en el Nuevo José Zorrilla, correspondiente a la vigesimonovena jornada liguera de la Segunda División, ante 10.221 espectadores, en torno a 700 aficionados del Rayo Vallecano.