Getafe 2-0 Lugo

Resaca desactivada

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Un domingo en el que muchos relojes aún marcan las once de la mañana a pesar de ser ya mediodía es complicado salir bien a un partido de fútbol. Más si cabe si eres el Getafe, enemigo íntimo de un horario en el que no se suele encontrar con la victoria. Lo habitual a esas horas es tener las sabanas pegadas y la boca seca, consecuencias, casi siempre inmerecidas, del sábado noche. Puede ocurrir, como en efecto ha ocurrido, que el pitido del silbato del árbitro no te despereza y, antes de las doce y cuarto, Alberto ataja el terrible dolor de cabeza dominical al sacar, con una gran mano abajo, el primer gol del rival. Mientras que para el Geta el inicio del partido fue como el despertar de una dura resaca, tras varias semanas asegurándose sin convencimiento que era la última y para casa, el del Lugo parecía más un día cualquiera de vacaciones en el que estás más fresco que una lechuga. 

La diferencia en el juego no se vio plasmada en el marcador, menos si cabe a partir del minuto 26. Un minuto antes Bordalás se intentó quitar de encima la torrija del mismo modo que todos hemos acudido al Ibuprofeno algún domingo que otro: como las cosas no funcionaban así, mandó a Álvaro y Chuli intercambiarse las bandas. Nunca un remedio tuvo tan rápido efecto, pues en la siguiente jugada el primero puso un centro que, tras desviar el portero, terminó mandando a la red el segundo. El premio del gol de Chuli no fue buscado, pero sí bien recibido. Era el placebo que necesitaba el Getafe para sacarse de encima los síntomas de las seis rondas de más que llevaba encima. Fuera la resaca, los azulones empezaron a despejarse y a volver en sí.

Salió el sol, resurgió el todopoderoso Cata Díaz, empezó a carburar el nuevo doble pivote sin Lacen, Álvaro siguió corriendo como si no existiera el lunes y volvieron Portillo y Molina a bailar. Por un ratito todo pareció como cuando el Getafe era y hacía feliz. Ayudó a ello el Lugo, que acusó el gol como un golpe a la mandíbula del que ya no se recuperó. Siguió aturdido hasta el descanso y, tras la reanudación, se encontró con un Geta que no le dejó más que ver venir la inevitable derrota. Todo se amplificó en los locales a la vez que se minimizaba en los visitantes. Pudo Mora ampliar distancias antes de que el árbitro redujera al Lugo, con una expulsión por una agresión inexistente de Caballero a un Molinero sobresaliente en teatro.

A raíz de ahí el partido fue una fiesta para los azulones, que ampliaron la ventaja tras aprovechar Chuli un regalo de Manu y regalar, a su vez, el tanto a Jorge Molina. Excelso una semana más, Jorge es un delantero que no necesita marcar goles para ser el mejor. Después se toparía con el palo, y entretanto hacía jugar a sus compañeros y jugaba con los rivales a su antojo. La única diferencia con otros partidos es que hoy el equipo sí estuvo a su altura. Fue esta fiesta la que eligió Sergio Mora, todo hay que decirlo, para firmar su primer gran partido con el Getafe, tras varios descalabros. Una cosa no quita la otra, a pesar de que Bordalás haya escogido su mejor partido para defenderle públicamente, hasta el punto de sentenciar que hay que ser justos con todos. Tanta razón lleva como que a él se le da mejor predicar que dar trigo. 

Justicia, sin filias ni fobias que la emborronen, es la que dominó en una mañana en la que, mientras unos llegaban una hora tarde y otros no se acordaban de lo que hicieran anoche, el Getafe dejó de ahogar sus penas y se quitó de encima una resaca que ya le estaba durando demasiado. Despertar a tiempo supone una gran noticia, más si cabe si al levantar la vista aparecen el Huesca, su más directo perseguidor, y el Levante, próximo equipo de Primera División. Mejor prolongar la sobriedad porque nunca es tarde para volver a beber.