UCAM Murcia 2-0 Getafe

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“A partir de cierto punto no hay retorno; ese es el punto que hay que alcanzar”: el Getafe ha elegido Murcia para encomendarse a Kafka. Si no consigue hacer buenas sus palabras, al menos no se le puede negar la cara de kafkiano que se le ha puesto en los últimos partidos, las últimas semanas, los últimos meses. El rotundo 2-0 en casa del UCAM no es un accidente, es lógicamente inercia. Bien haría el cuadro de Bordalás en dejar de soñar y empezar a jugar, que al final se le hace tarde.

Parecía fácil, y en realidad lo fue. El UCAM no necesitó más que aprovechar las facilidades de un equipo que se está convirtiendo en un experto en conceder. De poco sirve apuntar que el Geta salió bien al encuentro porque a los 13 minutos un error en cadena iniciado por Cala, saliendo con el balón hasta campo contrario, y terminado por Molinero, cometiendo una absurda falta en la frontal del área, hizo que los locales, por medio de Góngora y con ayuda de Alberto, se adelantaran en el marcador. Terreno allanado para unos murcianos que se limitaron entonces a parar con faltas los intentos de los getafenses. Antes del descanso, sin ningún acercamiento más, el UCAM puso el 2-0 en otra falta obra de Molinero y lamentablemente defendida. De dos tiros a puerta, dos goles encajados. En estos momentos no le hace falta más al Getafe para echarse a perder: quién le ha visto y quién le ve.  

En el inicio del segundo tiempo, a diferencia del primero, sí que se vio el cuadro azulón superado por el local. En juego, en intención, en lucha. Perder la actitud es el inicio de perderlo todo y el Getafe lleva camino de comprobarlo. Cada balón dividido era murciano; cada minuto que pasaba, la constatación del estado de un equipo que suma dos victorias en los últimos diez encuentros. Un remate de Damián al larguero pasada la hora de juego fue la mejor ocasión y la muestra de que, a falta de fútbol, la suerte tampoco acompaña. El resto sucedió compensando la intención con la impotencia. Enfrente, un rocoso UCAM Murcia se encomendó a la efectividad y a su capitán y lateral izquierdo. Para entender el partido de Góngora (gol y asistencia), basta con imaginar que el de enfrente no era el Getafe, sino Quevedo. Aunque, en realidad, últimamente es más Valle-Inclán.

Hoy mal, pero el próximo fin de semana ya toca. Toca, si esto sigue así, volver a desengañarse si hablamos de ilusionarse con las aspiraciones del Getafe. Una semana tras otra, desde hace tres meses, el equipo de Bordalás no es ni equipo ni Bordalás. Hubo un día, no muy lejano, en que este conjunto al que hoy le hacen gol de media ocasión era un bloque duro, consistente y sólido. Hace ya demasiado tiempo que el Geta dejó de ser un equipo invulnerable para convertirse en todo lo contrario. Se dejó la esencia en el último polvorón.

La derrota es dura, el futuro incierto. Hay datos que aportan más que un exhaustivo análisis: disputadas nueve jornadas de la segunda vuelta, el Getafe no ha ganado aún ningún golaveraje particular. Algo no va bien. Sí, aún conserva una sexta plaza que, sí, le va quedando grande; perderla, más pronto que tarde, no parece ser más que matemáticas básicas.

A falta de puntos que sumar, la visita a Murcia ha dejado unos cuantos síntomas para un evidente diagnóstico: la cosa está muy malita