El 2 de abril se cumplen 25 años de su muerte

Un paseo con Juan Gómez "Juanito"

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Escribir tacos no queda bien. Reconozco que en muchas ocasiones los tecleo y luego los borro. Hay situaciones que solo se pueden explicar con ellos, hay situaciones en las que, con uno solo, puedes hacer llegar a los lectores tu inmensa alegría, o tu frustración más profunda. Este artículo debería tener un título con taco, pero el protagonista, gran fabricante de los mismos sobre el césped, no se lo merecería. Os pido perdón y con todo el respeto del mundo solo ilustraré este capítulo de mi historia con una palabra de muy mal gusto que durante horas, lo reconozco, fue el titular de estas líneas. Una frase que muchos compañeros de profesión entenderán: Puta grabadora.

Crecí adorándole y temiéndole. Marcó mi forma de entender el fútbol, deporte que extiende sus tentáculos, en lo bueno y en lo malo, a la vida. Crecí defendiéndole y esperando que cambiara, que no entrara en provocaciones, que no diera la cara por sus compañeros a costa de dejar la suya en entredicho. Que el fútbol le reconociera su forma de entenderlo y no le destrozaran historias que nada tenían que ver con sus regates, su velocidad, sus pases, sus lanzamientos de faltas, su conexión con otro mítico, Carlos Alonso "Santillana". Fervor y miedo unidos en cada jugada, en cada partido. Aquel Mundial, aquel botellazo, aquella amarilla, aquella Final de Copa de Europa, aquel árbitro, aquel pisotón. Nada pudo hacer que mi incondicional amor a su fútbol, a su personalidad, se agrietara. Nada, aunque debo reconocer que mis defensas hacia aquel jugador que me hechizó dejaron de ser deportivas y se convirtieron en irracionales.

Adoración y miedo a que "Juanito" no fuera Juan Gómez en aquel paseo que nos regaló en una soleada mañana de concentración en el Hotel Monterreal. Estudiantes de periodismo, Javier Rodríguez, el "Quillo", y un servidor, grabadora en mano, de las baratas porque nuestros padres eran como los del protagonista, humildes. No había para más. Respeto máximo hacia dos chavales que articulaban a duras penas sus preguntas, porque el personaje podía con los novatos. Paseo de fútbol y de vida, sincero, expresándose como lo hubiera hecho ante José María García. Haciéndonos gestos con la mano cuando el paseo se convirtió en vuelta para no afectar a la grabación. Natural en sus respuestas, franco, cariñoso con dos críos a los que adoptó durante esa hora, regateando a la profesora que nos encargó el trabajo para Redacción Periodística. Nos asistía para que rematáramos a gol en la nota, mientras nos formaba en todos los errores humanos evitables en nuestras vidas poniendo como ejemplo los suyos.

Y sí, rematamos la nota, transcribiendo todo lo que nos contó, negro sobre blanco en la memoria. Todo quedó grabado para nosotros en la mente y en el corazón, sus palabras, sus silencios, sus gestos. Todo lo que la p... maldita grabadora barata se comió con la cinta casette. Han pasado muchos años pero aquella frustración me perseguirá toda la vida. No poder volver a escuchar el sueño de un niño hecho realidad. Una hora con Juan Gómez "Juanito" era imposible que no fuera auténtica, fue como lo era él. Han sido muchos los momentos de mi vida en los que hubiera necesitado rebobinar aquella cinta perdida, releer aquellos folios escritos a máquina que aquella profesora nunca nos devolvió. No había teléfonos móviles para selfies, ni cámaras digitales de bolsillo, ni dinero para una medio decente de las de carrete. De aquel paseo no tengo nada físico para recordar.

Los estudiantes se hicieron profesionales. Tuve la suerte de narrar y contar sus partidos, de entrevistarle sobre la actualidad meramente deportiva, lo hice como siempre con los nervios del que pregunta a un ídolo, protagonista importante de tu vida. Posiblemente que sea periodista responde a las ganas que tuve de poder tener cara a cara a Juanito. Nunca dudé de lo que siempre supe, era un gran tipo. Siempre he sido de personas con corazones grandes aunque en muchas ocasiones se pierdan por tenerlos. El suyo te lo daba en una hora de paseo y era para siempre, sin ambigüedad, sin medias tintas. Era para ti.

Llegué como siempre a la redacción de Onda Madrid a las once de la noche, después de ver el partido que enfrentó al Real Madrid contra el Torino. Llevaba tan solo un par de meses en mi nuevo trabajo en “Buenos Días Madrid”.  Medio termo de café agotado, mi sustento hasta que abrían el “Verde” y el equipo se unía más desayunando y comentando la madrugada de radio. A esas horas el teletipo todavía no escupía nada. De madrugada no se oía nunca su inconfundible teclear. Aquella noche sí. Las compañeras y compañeros llegaron antes de tiempo, todo lo demás pasaba a un tercer plano, la información general, la local, el tiempo, el tráfico. No había otra noticia que dar, no había nada en el mundo más importante que la muerte de Juan Gómez “Juanito”. Uno a uno pasaron sus amigos por los micrófonos de Onda Madrid. Camacho, Gordillo, Del Bosque, Santillana, compañeros de selección, rivales del Atlético, del Barça. Llantos de madrugada, muchos conocieron la noticia por nosotros. Llantos de desesperación.

Horas de trabajo duro, carreras, teléfonos en antena, titulares que cambiaban, cortes de voz para los siguientes bloques… la radio sin compasión, radio a corazón abierto, periodismo sin mirar algo más allá que no fuera LA NOTICIA. Sin asumirla, sin asimilarla, solo había que contarla. Aquel día no hubo café, ni pulguitas en el “Verde”, ni risas.  Mientras volvía a casa solo podía recordar aquella p… maldita grabadora. Me metí en la cama y lloré como un niño. 

Foto de portada: Raúl Cancio