Cesado del Rayo

A Baraja no le gustan las excusas

Los malos resultados y el mal ambiente en el vestuario, las claves

Cargando...

Siempre lo ha dicho. Es un hombre de fútbol. Aunque su recorrido en los banquillos apenas acaba de empezar, es consciente de cómo funciona el 'bussines'. 'No victories, no party'. 

xxxxxxxxxx

Su segunda derrota en casa cavó su tumba como entrenador franjirrojo. Sabía que podía pasar, No obstante, Baraja se presentaba tranquilo. “Yo solo trato de hacer mi trabajo. Me responsabilizo de la parte que me toca, que son los resultados y evidentemente no son buenos, pero creo que estamos en la línea para lograrlos”, afirmó tras el pinchazo del pasado domingo ante el Mirandés. Pero. Sí, había un pero. “Es evidente que hay que reflexionar. Igual no todo es un problema del entrenador”, sentenció sin despeinarse, dejando un reguero de dudas a su alrededor.

Con la nocturnidad y alevosía que caracteriza la gran mayoría de decisiones del máximo mandatario del Rayo, se anunció el cese de Baraja ayer, pasadas las 22 horas, tras un triste balance de 13 puntos sumados en 13 jornadas. En el mismo periodo, su predecesor, José Ramón Sandoval, sumó dos puntos más, esto es, una victoria más que el Pipo y un empate menos, ya que a derrotas también están igualados.

Resultados:

Sandoval: 6 derrotas, 4 victorias, 3 empates

Baraja: 6 derrotas, 3 victorias, 4 empates

Con Sandoval, Baraja también tiene en común un incendio. Ese incendio que aún humea en el vestuario, que explotó en Almería y se volvió a avivar, casualidades de la vida, de nuevo antes de recibir al Almería, ya en la segunda vuelta del campeonato. El grupo de “los cinco”, como si de protagonistas de un filme de Tarantino se tratara, compuesto por Trashorras, Miku, Rat, Zé Castro y Lass, también le ha dado más de un quebradero de cabeza al míster de Pucela. Baraja pidió aligerar conflictos en el mercado de invierno. Pidió ayuda a Ramón Planes para intermediar, pero en Vallecas siempre es el sheriff el que tiene la última palabra.

Con una mermada credibilidad, comenzó la cuenta atrás para Baraja. El equipo descabezado, con un capitán apartado y otro en el exilio, pide a gritos un líder. El capitán en el exilio, Toño, regresó la pasada semana a recuperarse de su maltrecha rodilla. Hasta ese momento poco se le había visto por la Ciudad Deportiva. El sábado -qué vería para detonar así, nos preguntamos- explotó en Twitter. Habló por él y por todos sus compañeros, que no pueden hablar hasta nueva orden. Aludió a la responsabilidad, al amor propio y al futuro en juego de miles de personas que, a la postre, conforman el rayismo. Y sí, muchos pensamos en lo mismo si hablamos ahora de rayismo.

Michel deberá asumir el papel de líder del vestuario que capitaneó durante años, pero ésta vez desde otra perspectiva

El Rayo se merece que el tercer entrenador, el que cierre esta temporada para olvidar, sea como mínimo rayista. Por ejemplo, Michel, el I de Vallecas. El que llevaba el 8 en la espalda. El que paró al equipo de Guti hace unos días en Valdebebas, en el duelo de juveniles. El que lleva dos días entrenando, pero como si lo llevara haciendo años. 

A principio de temporada, poco antes de su debut como entrenador, estuvimos con él tras un entrenamiento. “Estoy aquí en mi casa, en un banquillo del Rayo, donde siempre me ha hecho ilusión estar”, comenzaba la entrevista. Charlábamos por entonces de la presión, del reto de un juvenil liderado por un entrenador de firme metodología, y de cómo es la vida del Michel entrenador. “Como futbolista se vive mejor, como entrenador no te olvidas nunca del fútbol, son 24 horas al día”, confesaba.

Cinco meses después, se enfrenta a una obligación mayor. Asumir el papel de líder del vestuario que capitaneó durante años. Con la notable diferencia de que lo hará desde otra perspectiva, más compleja y decisiva. Asegurar la permanencia cuanto antes será su misión. Por delante, dieciséis jornadas son las que restan para poner fin a la temporada de regreso a Segunda, la del coqueteo con la Segunda B, la de los tres entrenadores, la de las excusas que para nada sirven.