Desde el Lateral de Butarque

La clausura de un ciclo histórico

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La victoria del Leganés 3-2 sobre el Betis puso el punto final a la temporada, y a un ciclo de oro que duró 5 años. Desde el Lateral de Butarque os cuento lo que más que un partido de fútbol, pareció una ceremonia de clausura de unos JJOO por las despedidas de, ya, dos leyendas pepineras como son Asier Garitano y Martín Mantovani.

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Han pasado 636 días desde se clausurasen los JJOO de Río’16. El broche final con tintes de despedida para un evento deportivo que engloba durante 15 intensos días todo tipo de deportes en distintas modalidades. Pero en Leganés no tuvieron que esperar para vivir una ceremonia de clausura hasta 2020, porque hace sólo 48 horas que fuimos testigos de una clausura en el estadio no olímpico de Butarque para una magnífica temporada que nos ha dejado momentos para recordar, con una temporada que pudimos cumplir el objetivo sin sobresaltos, y gracias a eso pudimos subir al pódium de la Copa del Rey. Pero también el partido del sábado hizo que viviésemos esta ceremonia de clausura con tristeza y nostalgia por el hecho de haber sido la última vez que pudimos ver a Asier Garitano y a Martín Mantovani defendiendo el escudo del laurel.

Personalmente una cosa que llevo francamente mal son las despedidas. Decir adiós o hasta pronto a alguien a quien tienes cariño es una de las peores sensaciones que puede vivir el ser humano. Y el sábado, pese a ello, estuve en el Lateral de Butarque, junto a casi toda mi familia blanquiazul a la que veo cada 15 días, dispuestos a dejarnos las manos y a emocionarnos por, ya, dos mitos del CD Leganés.

A diferencia de cualquier partido, lo meramente deportivo pasó a un segundo plano. Fue un partido donde todos los presentes veíamos en el marcador una irreversible cuenta atrás para que finalizase el mejor ciclo en 90 años de vida. Una cuenta atrás que hacía que se nos aflorasen todos los recuerdos llenos de nostalgia que habíamos acumulado en estos últimos 5 años.

Sirva como dato que este no era un partido cualquiera cuando, a los 28 minutos, Siovas empataba el partido, y vimos que se dirigía hacia el banquillo para celebrarlo, como posteriormente lo hicieron Naranjo y Amrabat, haciendo que a más de uno se nos encogiera el estómago, sabedores del significado que tenían esas celebraciones en grupo.

Afortunadamente no todo fue un drama en esta ceremonia, también tuvimos tiempo para dejarnos las manos ovacionando a un Serantes que reaparecía bajo los palos 539 días después. El poder ver de nuevo disfrutar sobre el césped a uno de nuestros hijos pródigos, hizo que a muchos se nos olvidase por un instante ese sentimiento de clausura que invadía Butarque por los cuatro costados. Y cuando realizó esa parada acrobática con los pies como si se tratase del mismísimo Ed Warner, los béticos posiblemente pensaron que más que celebrar que nos había salvado de un gol cantado, parecía que estábamos celebrando de nuevo uno de los dos ascensos o el pase a semifinales. Pero esa ovación que le brindamos no era para menos, porque el sábado pudimos celebrar, cual si fuese una medalla olímpica, que Don Jon Ander de Barakaldo había regresado.

Asier Garitano y Martín Mantovani, aguardan en el túnel de vestuarios antes de ser homenajeados por su público (Foto: Twitter Isabel Forner)

La ceremonia de clausura que se había convertido este último partido de liga nos trajo su minuto de oro cuando, por fin, íbamos a disfrutar de esos 5 minutos que tanto pedimos cada mañana al despertarnos. 5 minutos para ver a Mantovani por última vez dirigir el centro de la zaga. Un momento mágico que se solapaba con las palmas y muestras de cariño para el hombre que hizo del estadio blanquiazul, una fábrica de sueños que se convertían en realidad. Don Asier Garitano Aguirrezabal.

Pero el temido momento tuvo que llegar, Gil Manzano hizo de presidente del COI y clausuraba este brillante ciclo del Lega apagando con su silbato el pebetero que llevaba encendido desde que Velasco lo encendiese con aquel gol contra el Bilbao Athletic, y comenzaba el acto final donde se iban a combinar la nostalgia, con la emoción, y la tristeza a través del videomarcador. No hubo vuelta atrás, y ese momento triste de la despedida había llegado y de repente, empezó a caer sobre un soleado Butarque una fuerte lluvia de agua salada, ocasionada por todos los seguidores pepineros que no pudimos frenar las lágrimas al ver los dos videos homenaje que, previamente, se proyectaron en sus respectivas ruedas de prensa. Para acabar siendo impulsados hacia el olimpo de los dioses con un manteo a Asier Garitano primero, y a Mantovani después para formar parte de la leyenda pepinera como, en su día, ya entraron Luís Angel Duque o Alfredo.

Esta mañana ya con este brillante ciclo oficialmente clausurado, guardaba mi abono en el álbum de recuerdos mientras recordaba, y deseaba, que las palabras que nos dijo el capitán sobre el centro del campo fuesen ciertas, y que lo mejor está aún por llegar.

Sólo espero que el próximo pebetero en Butarque sea encendido mucho antes que el del estadio olímpico de Tokio allá por julio de 2020.