Asomado al precipicio

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Estudiantes tiene un director deportivo estupendo. Estudiantes tiene un departamento de comunicación fantástico, de esos que mezclan a la perfección ingenio, ironía, autocrítica e identificación con lo que representa la entidad del Ramiro. Estudiantes tiene también al jugador total. Darío Brizuela aúna talento, carisma y liderazgo.

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Estudiantes cuenta con un jefe de equipo/delegado magnífico. Estudiantes se lía la manta a la cabeza y con mucho curro detrás te mete 13.472 personas en el Palacio para disfrutar de su equipo femenino. Estudiantes convierte a los protagonistas de "Campeones" en la principal atracción de una mañana de basket en la calle Goya. Estudiantes presume de un patrocinador potente y muy fiel, incluso cuando los alicientes deportivos se van agotando. A pesar de la actual situación, que se abraza ya a la agonía, Movistar ha renovado (otra vez) su apuesta "demente". Estudiantes reúne a un colectivo de empleados buenísimos, dedicados en cuerpo y alma a un proyecto que va mucho más allá de los equipos senior.

Pero el Estu no funciona. El Estu no carbura. El Estu se ha vuelto a meter en un lío tremendo. El Estu ha recargado las pilas de esa marmota que desde hace demasiado tiempo se pasea por el parqué del Antonio Magariños. En 2008 miles de aficionados colegiales viajaron a León para salvar a su equipo de la hoguera. Cuatro años después bajó y se salvó. Pasaron otros cuatro años para repetir drama y otra vez se quedó en la ACB por mor de los requisitos leoninos que la organización imponía a los clubes ascensores. Ahora, cuando comienza a anochecer el curso 18/19, se vuelve a repetir el escenario. Ojo, este año el que baje, baja. Y la fotografía del Estudiantes no ofrece en estos momentos ni una sola mueca que se parezca a una sonrisa.

El conjunto de Josep María Berrocal ha ganado solo 10 partidos y posiblemente necesite dos triunfos más para abrazarse a la tranquilidad. Le espera un calendario terrible, con Unicaja y Obradoiro (rival directo) en su guarida y Real Madrid, Valencia y Joventut fuera. Alessandro Gentile lleva ko más de un mes y la rodilla de Darío Brizuela se ha quebrado para unas cuantas semanas en el peor momento posible. Willy Villar lleva días sudando tinta china para encontrar en el mercado alguna pieza que pueda sumar en una plantilla que se está quedando sin referentes. Hay poco tiempo, pocos jugadores y pocas soluciones. La situación es agónica, calificarla con otro adjetivo más liviano sería poner paños calientes a los próximos 28 días de competición.

Existe un riesgo real de que Estudiantes descienda a Leb Oro. Siete equipos pelean por la salvación, solo dos de ellos respirarán tranquilos el día 26 de mayo. Los de la calle Serrano han cedido el averaje con tres de sus rivales y aún lo tienen pendientes con el Obradoiro (-10 en Santiago). La afición está aterrada. Los fieles del Estu sienten miedo, un miedo que se traduce en quejas hacia la directiva y el entrenador. Saben que su equipo es el que exhibe peor dinámica y peores sensaciones de todos los que juegan con el pavor de sufrir un doloroso descenso. Una vez más no hay nada más allá del cortoplacismo. Cinco partidos y apenas un mes. Pero pase lo que pase los corbatas del club están obligados a hacer una pausada y sesuda reflexión. Ahora no hay tiempo porque espera algo inifinitamente más importante: evitar la caída por el precipicio. 

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