El puzle que no encajó

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     Un gran puzle. Tres equipos. Un mercado de fichajes en ebullición. Opciones, estrategias, teléfonos echando humo. Tanteos, NBA, búsqueda de plantillas profundas y equilibradas para afrontar la Euroliga. Este verano se ha jugado una gran partida de póquer... con jugadores pícaros y experimentados.

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Un puzle difícil, muy difícil de encajar. Al final falló una pieza. Pero no una pieza cualquiera, sino la pieza clave para poder armar ese puzle que a la postre resultó imposible. A Josean Querejeta le molestó mucho que el Barcelona presentara ofertas al mismo tiempo por Hanga y Larkin. Y se propuso igualarlas para defender a su club y también para salvaguardar su fama de duro negociador. Él sabía que en ningún caso podría sujetar contratos y salarios tan potentes como los que el Barça les ofreció al húngaro y al americano, pero un tanteo da para mucho. Que uno de los dos se quedara en el Baskonia ya sería (y ahora es) un gran triunfo para Josean.

     Los negocios son negocios, también en el baloncesto. Con esto quiero decir que entre los dirigentes del basket español existen un montón de rencillas y reproches, pero todo eso desaparece cuando los intereses son comunes. Negocio puro y duro. Hoy toca este con aquel y de paso minimizar el potencial de ese. Mañana tocará ese con este y de propina fastidiar a aquel. Querejeta decidió igualar las ofertas del Barcelona. Y durante esos días que la ley permite hasta oficializar esas decisiones, la gran partida de póquer invitó a un tercer club: el Real Madrid.

    Al Baskonia le gustaba Lima y le fascinaba la idea de juntar a Campazzo con Granger, una pareja de bases de primer nivel que además permitiría gastar balas interiores para americanos. Al Madrid le gusta Shengelia. Más al Madrid que al propio Pablo Laso, que está encantado con la posibilidad de contar con Campazzo en una temporada que se irá otra vez a más de 80 partidos. Con su reciente renovación, Toko ha subido su escala salarial hasta cifras bastante altas. Su traspaso al club blanco hubiera aliviado las cuentas de Querejeta, que de esa manera formalizaría sin apuros el contrato de Adam Hanga. Se le iría el georgiano, que es jefe en el vestuario y además cupo. Pero Lima también lo es. Y su Baskonia contaría con Campazzo y Hanga, una estupenda base para seguir escarbando el mercado. Contento Josean y contento Juan Carlos Sánchez, muy atento y con la oreja pegada al teléfono… y damnificado el Barcelona, “enemigo” de Querejeta y máximo rival deportivo del Real Madrid. Hanga se queda en Vitoria y Larkin se va un tercero, que al final es lo que ha sucedido.

Foto de Solobasket

Foto: Solobasket

     ¿Qué falló entonces para culminar esta gran operación? La pieza clave. El movimiento que hubiera provocado en cadena todos los demás. Que Sergio Rodríguez hubiera fichado por el Real Madrid. El Chacho formalizó su vinculación con el CSKA el sábado 15 de julio y en ese momento el puzle se convirtió en una quimera. El Real Madrid siempre ha estado atento a la opción de contratar al canario si no le salía nada en la NBA. Quiero ser honesto: reconozco que no sé si Juan Carlos Sánchez le llegó a presentar una oferta formal, pero sí que la sección merengue no podía competir económicamente con el megacontrato que el Chacho ha firmado en Rusia.

     Ésta es la gran partida de cartas que se jugó durante unos días. Movimientos que se desarrollaron con un celo escrupuloso y con la discreción propia de los negocios importantes. Al final perdieron todos, aunque es evidente que unos más que otros. Ojo, el Madrid sigue atento por si puede reabrir la opción Tornike Shengelia, pero ahora mismo ese horizonte se ve mucho más lejano.