La loca Copa

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Venga, empecemos por lo mas comentado, eso a lo que cada año se abrazan también aquellos que no suelen ver partidos de baloncesto, y mucho menos si no juegan Real Madrid o Barcelona. Árbitros. Minutos después de terminar la gran final, lancé un tuit alabando las bondades de este maravilloso deporte. Había disfrutado muchísimo con la narración del partido en la radio, acabé con la sensación de haber contado una final espectacular. 

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Llegaron las respuestas. Leí eso de “robo”, “atraco” o “los periodistas siempre tapando a la mafia”. Honestamente no sabía a qué se refería la gente, ya que en el pabellón es muy complicado ver con lupa las acciones del juego. Enseguida revisé la personal de Claver sobre Taylor y entendí el motivo de las quejas. Hubo otras decisiones erradas en él último cuarto, como un toque de Claver al rebotear un tiro libre o una posible personal de Hanga en la penetración con Campazzo, acción que fue juzgada con 2+1 a favor del húngaro. Honestamente aún no he podido ver la final completa por televisión, así que a la hora de escribir estas líneas, según acaba de decir el comandante llegando a Huelva en la ruta isla-península, no puedo opinar con más profundidad sobre este particular.

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     Sí me gustaría invitaros a una reflexión. Sé que tú, querido lector/a, posiblemente seas de un equipo, por lo que vives el baloncesto con una pasión diferente. Y yo lo entiendo perfectamente. Pero en la vida es bueno ponerse en el lugar del otro. Yo ayer tenía en mi timeline de Twitter mucha gente cabreada con los arbitrajes. Todos hablaban de robo. Y ojo, los había del Madrid (por la final), del Unicaja (por los cuartos), del Barcelona (por otros partidos), del famoso campo atrás, del Atleti (porque pasaban por allí) y también de los antitodo y pronada, que desgraciadamente abundan en esta vida. Pues eso. Los periodistas estamos para juzgar aciertos y errores, pero ya está. En lo personal no estoy para contentar a mil y cabrear a otros mil, sino simplemente para transmitir lo que veo. Hasta aquí este capítulo de la Copa.

     El torneo nos dejó muchísimos detalles. Un Barça resucitado y con fe en la religión de la vieja escuela. Un Real Madrid discreto durante la Copa, pero con un coraje y corazón conmovedores. Hace falta una pistola, una recortada, un fusil, un cañón y veinte cerrojos en la tumba para matar a ese equipo. Un recital de clase de Thompkins, hundido tras la derrota después de ponerse el frac en los últimos segundos del duelo. Un clínic de energía de Oriola, un jugador “siempre en mi equipo” de manual. Una versión apagada de Doncic, al que aún le falta (no ha cumplido ni 19 años, demonios) una actuación demoledora en una gran cita.

     Un ambiente más caliente y pasional el domingo en el Gran Canaria Arena. Una mejor lectura del Madrid para aprovechar los agudos problemas de personales del rival azulgrana. Una actuación más completa del MVP Heurtel en el combate final. Un Llull, al que su equipo lo echó muchísimo de menos. Un Pesic imperial, que levanta otra Copa, como hace 15 años, resucitando a un cadáver congelado. Un Causeur precipitado que tenía tiempo para clavarse en la baldosa y lanzar un triple cómodo para la gloria. Una gran organización. Y un enorme privilegio haber contado otra Copa más en Onda Madrid. Honores al campeón y respeto al subcampeón, que demostró hambre después de un empacho. Eso merece un aplauso. Finalizó otra loca Copa.