La teoría de las cosas imposibles

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El tiempo pasa rápido. Tan rápido que olvidamos con mucha facilidad lo que dábamos por hecho hace no tanto. ¿Os acordáis cuando no había dudas en que Sergio Llull se iría a jugar a la NBA? ¿Y cuando era obvio que el año de Anthony Randolph en el Madrid suponía un competitivo trampolín para volver a EEUU con los mejores? El afán de pontificar del ser humano le hace apretar con rapidez la tecla que convierte lo improbable en imposible. Y no, lo improbable es solamente improbable.

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Las razones por las que Llull sigue en el Madrid y Randolph tiene decidido activar un proyecto a medio plazo en su actual equipo y en su actual ciudad son numerosas. Pero en ambos casos no existe ninguna duda de que la gestión del Madrid ha sido sobresaliente. Con dinero, por supuesto, porque sin dinero no es viable pelear en el primer escalón de la élite. Ojo, el propio Real Madrid ha manejado en otros tiempos buena chequera y no ha logrado hacer un equipo campeón. Más allá de la tarjeta de crédito sin límite de gasto, es imprescindible ese modus operandi que provoca que el jugador se sienta cómodo y quiera seguir formando parte del Madrid. En esto son importantes varios factores y varias personas, como por ejemplo aquellas que se encargan de hacer lo más cómoda posible la vida del deportista y de su familia. Y en eso la actual sección de baloncesto del Real Madrid saca Matrícula de Honor desde hace muchos años. Lo natural es que Llull estuviera en la NBA. Pero el Madrid, que sabía que esa era una posibilidad muy real, activó todos sus mecanismos para que el ahora posiblemente jugador más determinante de Europa se quedara en España. Y llegado el momento ejecutó su plan. Perfecto.

En el caso de Randolph, las tuberías de la sección han funcionado a la perfección. Alberto Herreros le echó el ojo mucho antes de su labor en Krasnodar, años atrás ya estaba locamente enamorado del jugador nacido en Alemania. Durante el pasado verano se adelantó al Barcelona, que también pretendía a Randolph. Sólo lo pudo firmar una temporada porque el americano sabía que a partir de julio de 2017 podría ser carne de NBA. En aquel momento fue una operación brillante porque todos estábamos convencidos de que regresaría a América más pronto que tarde. Es más, a Randolph le costó muchísimo adaptarse, durante los últimos meses del año pasado no estaba nada cómodo. Tampoco en la pista, donde le costó conectar con la pizarra y las ideas de Laso. Es lo que os digo de la cuestión crematística. En ese momento creo que Anthony no hubiera querido seguir ni con un importante aumento de salario. Meses después, el Madrid ha conseguido voltear esa situación y ya ha cerrado la renovación de un jugador que no es bueno, ni siquiera buenísimo... sino diferencial. De las poquísimas piezas de este calado que hay en el basket europeo. Con cláusula NBA, cómo no, pero a día de hoy la firme voluntad de Randolph es jugar varios años para el Madrid. Con él no funciona el termómetro de la sonrisa porque no las regala. Pero es feliz, muy feliz. Y su mujer, de origen mexicano, y su nené pequeño también lo son. Cada vez es más decisivo sobre el parqué, lo cual tampoco es casualidad. En la sección están firmemente convencidos de que el consurso de Randolph será capital para conquistar la Copa de Europa. Ese éxito es producto de un mecanismo perfectamente engrasado. Lo que se llama un buen proyecto deportivo.  

Y a día de hoy no es imposible que Luka Doncic se quede en el Real Madrid más allá del verano de 2018. Si acaso, será improbable, pero no imposible. Existe la posibilidad de que en septiembre de 2018 volvamos a escribir que lo improbable no es imposible, por más que lo racional invite a activar esa mutación semántica. Luka acaba de cumplir 18 añitos. Es probable que logre una carrera brillante. Es probable que haga historia en el baloncesto y en el deporte. Es probable que juegue muchos años en la NBA. Es probable que rellene su cuenta bancaria de muchos ceros. Se presentará al draft de 2018, en el que las previsiones actuales que anuncian los expertos apuntan incluso al número 1. Una previsión tan acertada como arriesgada, como lo es todo lo que se planifica en el deporte a 15 meses vista. Atención, el Madrid ya ha activado todos los mecanismos que tiene a su alcance para tratar de demorar, con la futura convicción del propio jugador, su inexorable aterrizaje en la mejor Liga del planeta. Unos mecanismos que pasan por lo económico, lo deportivo y hasta lo sentimental. ¿Significa esto que Doncic se quedará más tiempo en el Madrid? No. Significa que llegado el momento, si se dan las circunstancias para que el esloveno retrase su marcha, el Madrid lo tendrá todo listo para que el joven genio sea plenamente feliz vestido de blanco, por ejemplo, un par de años más.

Baloncesto ficción: ¿Desearía Doncic, con 19 años, jugar para la peor franquicia de la NBA cuando podría aspirar a levantar títulos en Europa? Es uno entre un millón, lo cual hace que pueda amarrar el top 3 del draft, pero también conseguir un contrato bestial en América con 21 o 22 años. Cada deportista es un mundo. Yo estoy seguro de que Llull probará en la NBA, pero también sé que él no sería más feliz en Filadelfia (ejemplo ficticio, insisto) palmando uno de cada tres partidos y recogiendo los bártulos en abril, que siendo ídolo en Madrid y protagonista en cada título importante de un escudo que siente más allá de lo profesional. El nuevo convenio firmado el pasado verano favorece claramente la apuesta por la NBA. Un pick alto en el draft tiene garantizado un salario muy potente en el formato 2+2+1: Dos años garantizados, dos más opción de la franquicia y otro más como agente libre restringido, para los no duchos en la materia una especie del derecho de tanteo que hay en ACB. Es indudable que hablamos de algo muy serio, tanto en lo económico como en la estabilidad, para un muchacho de 19 años. La decisión final será suya.     

Mi opinión es que el Real Madrid y Luka Doncic rubricarán un nuevo contrato, un contrato profesional de alto rango. Intuyo que más pronto que tarde. Algo necesario porque ni siquiera los elegidos son inmunes a una lesión grave o a la flamante aparición de cuatro o cinco bestias en el draft de 2018. El esloveno lo tiene todo para dar el salto a la NBA, el Madrid lo tiene todo para activar el protocolo que hace que lo improbable no sea imposible. Si Doncic emigra, la sección trabajará para que esa decisión no haga tambalear los cimientos de un excelente proyecto. Pero cuidado con abrazarse con pasión a la teoría de las cosas imposibles. La experiencia nos dice que en ocasiones el salto de lo improbable a lo imposible es más complicado de lo previsto.

Fotos: ACB Photo