Los fogones del lasismo

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El proyecto Laso navega por el océano de su novena temporada, algo asombroso en un club como el Real Madrid. El ciclo exitoso no se agota y tampoco asoman indicios de que el final esté cerca. En este texto vamos a intentar colarnos en las tripas en las que protegen las razones de esta década brillante de la sección. Nos asomamos a los escondidos fogones del lasismo. 

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Pablo Laso Biurrún es un fantástico entrenador y un magnífico gestor de seres humanos. Ambas virtudes son imprescindibles para que un grupo que se dedica a competir consiga los objetivos. En estas líneas nos vamos a detener en lo segundo, que explica por qué ahí dentro todo el mundo quiere al vitoriano como líder de este Real Madrid. Sirva como anécdota inicial que Pablo posee un despacho en la planta alta de las instalaciones destinadas al baloncesto que están en la Ciudad Real Madrid. Un despacho del que suponemos que conserva la llave, ya que apenas lo utiliza. Sus despachos están en otros lugares, allí donde huele a sudor o donde se rumia el problema personal de cualquier empleado de la sección. A Laso le gusta despachar en sus baldosas fetiche, que son tres: la máquina de café, la mesa de anotadores y el vestuario. Todos los trabajadores que rodean al equipo saben que su puerta siempre está abierta y su tiempo siempre está disponible. Yo también soy de los que piensan que incluso a los jefes los despachos clásicos les quedan bastante mal.

El lasismo ha conseguido:

Ganar.

Ganar continuadamente en el tiempo.

Crear una de las mejores ofertas de ocio de Madrid.

Transmitir unos valores con los que el aficionado se siente muy identificado.

Ser reconocido en la derrota.

Por el Real Madrid de Laso han pasado muchos jugadores, aunque en el análisis global resultarán menos de los habituales, ya que es un proyecto marcado por la continuidad. El lasismo ha logrado que Anthony Randolph tenga firmado hasta su séptima temporada en el Madrid. Porque él, a pesar de aquella final de 2018 y de su mentalidad particular, sabe que no va a estar mejor en ningún otro sitio. Con Laso se vive bien. Ojo, no porque no se trabaje, sino porque si se responde en la dura labor lo demás viene rodado. El coach vasco abronca a sus muchachos en un tiempo muerto con los focos de televisión como testigos porque se ha ganado, sin luces y en el día a día, la confianza de su grupo de trabajo. Pablo sabe activar la mano dura y abrazarse a la mano blanda en su justa medida, algo que suena cojonudo, pero es harto complicado de ejecutar para que el equilibrio merodee siempre el 50 en la diana. El lasismo ha hecho posible que Jeff Taylor sea un actor imprescindible en este ciclo ganador. Un tipo comprometido, con muchos puntos en las manos, pero capaz de erigirse en perro de presa de la estrella rival casa vez que el Madrid huele la sangre. El lasismo ha conseguido crear un grupo de ayudantes que conforman una máquina perfecta. Chus Mateo, Paco Redondo y Lolo Calín, con talento y experiencia para ocupar otro rol, viven felices al lado de un entrenador que ya ocupa un lugar privilegiado en la leyenda de la sección.

Entiendo que hay cosas que desde fuera son difíciles de comprender, pero esas también forman parte del éxito del lasismo. A pesar de todo, Thompkins está cerca de otra renovación, tan cerca como ha estado Carroll de su familia en medio de la vorágine competitiva de las Navidades. El lasismo radiografía a la persona que se esconde tras el jugador porque sabe que, por muy bueno que sea ese jugador, siempre es la persona la que guarda como un tesoro la llave del cofre del éxito. Sin esta forma de gestionar seres humanos sería impensable que los americanos cumplieran seis, siete y hasta ocho temporadas en el mismo club. El mejor base de Europa ha crecido a lomos del lasismo. Causeur solo tiene el signo + en su calculadora, aunque a veces no aparezca hasta el tercer asalto de los partidos. A pesar de eso amplió su vínculo con el Madrid tras rechazar contratos más jugosos. Y Rudy nunca falla cuando el tomate está servido en el plato. Aunar todo eso junto es casi imposible. Solo lo ha conseguido el lasismo.

El Real Madrid de baloncesto está formado por un grupo amplio y heterogéneo de empleados, como puede suceder en cualquier trabajo. Por poner un ejemplo, no tiene nada que ver el carácter de Randolph con el de Óscar, mítico utillero de la sección. Pues tanto "Toñejo" (así lo llaman cariñosamente muchos aficionados) como Óscar, al igual que el resto de jugadores, el delegado, el médico, los fisioterapeutas, los compañeros de comunicación, el preparador físico o el encargado del mantenimiento saben que Laso siempre va a estar ahí. Para descojonarse tras un rato de charla o para arreglar el mundo. Eso es el lasismo. Que no es solo Laso, claro.

El lasismo también es la inteligencia de Juan Carlos Sánchez para dar un paso al lado, dejar hacer en el día a día y fortalecer la fuerza del baloncesto en su relación con Florentino Pérez. Y el apoyo que Alberto Herreros le ha brindado al entrenador incluso en los peores momentos. El lasismo es quedarse con lo bueno y combatir lo malo. Dejamos para el final la frase que más calienta en los fogones del lasismo, pronunciada por uno de esos actores importantes que ocupan el vestuario del Real Madrid: "Todos sabemos que manda Pablo sin necesidad de que se ponga el traje de jefe". 

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