Telegrama desde marte

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Nos llega un telegrama desde marte. Sorprende en esta era en la que vamos a terminar friendo un huevo con el teléfono móvil, así que vamos a ver qué pone. Ojo, que un marciano viene a verme. 

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Se ha dejado barba. No sé si es cosa mía, pero le salen más pelos y con algo más de vigor que antes de ser campéon de Europa con su selección. Es aún un niñato y juega como un hombre hecho y derecho. Juega y se comporta. Mirada de líder. Vaciles de genio. Mochila de responsabilidad. Liderazgo desde los ojos. Madurez que asusta. Todo eso con 18 años y tres cuartos. Hay una cosa que no le gusta. Le incomoda y no lo esconde. Los micrófonos. "La verdad es que...". Solo ahí exhibe un halo de timidez. Hasta se sonroja. Recurre a esos tópicos que desaparecen en una simple e intrascendente rueda de calentamiento.

Está más fuerte. Está cuadrao. Mazas, músculo, trabajo de gimnasio. Da miedo pensar en cómo se le va a poner el cuerpo cuando aterrice en la NBA. 27 puntos. Así para empezar. 4 capturitas. 4 regalos de canasta, el que le hizo al mejicano de un nivel extraordinario. 6 faltitas recibidas. Galones. Liderazgo. Sí, esta palabra la he repetido, pero es la que se me viene a la mollera una y otra vez. Genio repeinao, no te fíes de los niños con apariencia de buenos. Uno entre un millón. Único. Sin límite. Asusta pensar hasta dónde puede llegar este muchacho. El partido en su bolsillo en el estreno en la Copa de Europa. Aquí se juega a lo que a mí me dé la gana. Qué barbaridad.

Penetra. Pausa. Sí, pausa, ese don que solo atesoran los elegidos. Cambia el balón de mano a cámara lenta, alargando el movimiento, pero acortando hasta lo imposible la capacidad de reacción del defensor. Perdón por la comparación, pero se me vino a la mente el Last Shot de Jordan con la cadera de Russell hecha trizas sobre el parqué. El triple limpio, aseado, chof tras el paso atrás. El chaval este se ha doctorado en step back sin ni siquiera haber terminado el instituto. La madre que lo parió. Cuando juega, hay que verle. Si juega al baloncesto, hay que aparcar cualquier compromiso vital. Cuando actúe en la madrugada española, poned el despertador o serviros un gintonic para estirar la noche. Pero vedlo. Porque es un elegido.

Flota. Juega del 1 al 5 y porque no hay 6. Muñeca ejecutora, bandejas, lanzamientos a 3 metros que hasta el de la mopa sabe que van a entrar. Catálogo de fintas. Divide y suelta a la esquina como el que pone el intermitente. Regresa al pabellón donde hizo historia y manda. Vuelve al lugar donde se dobló el tobillo y gana. Liderazgo. Ups, otra vez. Se juega la última, como Llull. Se juega la útima, como Petrovic. Candidato al MVP de la Copa de Europa cuando tenga 19 añitos recién cumplidos. ¿Qué demonios hacíais vosotros con 19 castañas? Él, con esa edad, ya se acerca a los cielos. ¿El mejor actor de esta peli continental? Sí, ya sí. Y líder. Un bicho. Un superdotado. Talento innato, hambre, mucho trabajo. Y un manejo de los tiempos perfecto de su club. Es un marciano. Contadlo por ahí.